"Ya no hay fraguas, lo importante es que cada uno se exprese como quiera"

  • El gran genio jerezano presentará el próximo sábado en la Paloverde Terraza de Alhaurín de la Torre su último disco, 'Hippytano', una nueva celebración con alma del 'soniquete'

Admirado por propios y ajenos del mundo del flamenco, respetado por los puristas, maestro inagotable, encarnación preclara del ritmo y ser humano de una generosidad impropia de este siglo, a Diego Carrasco (Jerez de la Frontera, 1954) le sienta como un guante el oficio que se autoasignó François Rabelais: "Quilificador de quintaesencias". Él, bendecido hasta las entrañas por Camarón y puesto en su nombre al mando del cante y el compás, las destila a raudales en el escenario y en discos imprescindibles como A tiempo (1994), Inquilino del mundo (2000) y Mi ADN flamenco (2004). El próximo sábado presentará a las 21:00 en el idílico enclave de Paloverde Terraza, en Alhaurín de la Torre, su último disco, Hippytano.Con mucha alma.

-¿Qué es Hippytano?

-Pues eso, una mezcla de hippy y de gitano. Por ahí va la cosa. Ante todo, estamos muy orgullosos de este trabajo. Para mí es una suerte haber contado con músicos como Raimudo Amador, Diego del Morao, Alfredo Lago, Curro de Navajita Plateá, Toni Romero, que es de Málaga y es teclista de Chambao, y mi familia, claro, la Carrasco Family Band, que se hace cargo de la percusión y las bases. Hemos querido ofrecer temas muy nuevos, muy de hoy, frescos, pero con el mismo soniquete.

-El disco incluye un homenaje a Moraíto. ¿Cómo le recuerda hoy, poco más de un año después de su muerte?

-Le recuerdo mucho. Todos los días. Por eso no he tenido más remedio que hacer ese tema. Tenía que hacerlo, sí o sí. Mi corazón está todavía de luto y me pedía hacerle un homenaje. Y no sé hacerlo de otra manera distinta a la música. Por eso es su hijo el que toca la guitarra en ese corte del disco, porque quería que su música, la de Moraíto, estuviera. Lo escribí como un poema en el que recuerdo nuestras vivencias compartidas, que son muchas, y en el que cuento lo triste y solito que me he quedado. Los dos nacimos en la misma calle, así que imagínate. Cuando presentamos hace poco el disco en Sevilla estuvo allí el patriarca de todos nosotros, Manuel Molina, y cuando tocamos este tema lloró de emoción.

-En el álbum hay otros homenajes, ¿se siente agradecido?

-Sí, mucho. Hay uno a Romero San Juan y otro al Tío Chozas. A todos les debo mucho. También hay un tema que se llama Septiembre, que es cuando nace el vino en Jerez. Está dedicado a la alegría que nos da el dios Baco.

-¿Es usted en el fondo más hippy o más gitano?

-Pues las dos cosas. Gitano se nace, y hippy creo que también. Lo que pasa es que en algunas épocas lo uno lleva implícito lo otro. ¿Quién no ha escuchado a los Beatles?

-Si no hubiese nacido en Jerez y no fuese gitano, ¿se dedicaría a otro tipo de música?

-Seguro que sí. Lo que pasa es que haber nacido en Jerez, donde se respira arte por todos lados, es una gran suerte. Yo me crié en una familia muy cantaora, así que siempre he escuchado flamenco como algo muy natural. De niño le toqué la guitarra a Tío Borrico y Anica La Piriñaca, y eso también es una suerte enorme. Llevo todo eso conmigo con mucho orgullo.

-Hace poco dijo José Mercé en una entrevista que hacía cincuenta años que no escuchaba un quejío que le atravesara. ¿Algo se ha perdido para siempre?

-Depende de cómo lo mires. Hoy ya no quedan fraguas. La vida es muy diferente, no quedan patios de vecinos, ni familias en el campo. Todo es menos comunitario. Pero lo importante es que un chaval que va hoy al instituto se exprese y se manifieste como quiera. Como cualquier otro. Y esto no tiene que significar una pérdida de la raíz. Para nada. Además, ahí queda gente como Agujetas, los Moneo, y el mismo Mercé, que tiene un timbre de plata fabuloso.

-¿El flamenco es compás?

-El flamenco tiene mucho de compás, sí. Pero creo que el origen del flamenco es haber nacido en una familia flamenca. Eso es un regalo de Dios, porque todo se te da de manera natural. Es cierto que hay otro formato, el del estudio, por el que mucha gente dedica muchos años a formarse y a conocer todo lo relativo al cante. Eso es algo admirable. Pero el pellizco es algo que viene de nacimiento, y si viene nadie te lo puede quitar.

-¿Necesitaba el flamenco un certificado para ser Patrimonio de la Humanidad?

-El flamenco no depende de ningún mérito, pero cualquier reconocimiento es bueno. Si se tiene un patrimonio, no está de más que se proteja. Pero lo más importante es abrir puertas y ventanas para que el flamenco sea reconocido como una música autóctona y a la vez grande, en la que caben muchas cosas. Eso es más interesante que te pongan un sello.

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