"El futuro es Córdoba, no el Golfo"

  • El realizador tunecino, autor del filme 'El collar perdido de la paloma' prepara un nuevo acercamiento a la historia de Córdoba, una película sobre la fascinante figura de Wallada

En la ciudad, de puertas para adentro, ocurren a veces cosas sorprendentes. La Casa Andalusí de Córdoba fue este viernes escenario de una sesión privada de cine protagonizada por el realizador tunecino Nacer Khemir, que compartió su último filme con un público reducido. Horas antes, Khemir, autor de Los balizadores del desierto (ganadora de la Palmera de Oro en la Mostra del Mediterránio de Valencia), El collar perdido de la paloma (sobre la obra de Ibn Hazm, Premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno) y Bab'Aziz, el sabio sufí, tomó té con dátiles en uno de los salones de la casa, bañado por un sugerente juego de luces y con la chimenea encendida. En una mezcla de idiomas y en un ambiente de suma hospitalidad, mientras en el exterior los turistas recorrían la Judería, la conversación discurrió sobre el cine, la poesía y la vida.

-¿Qué representa para usted Córdoba?

-En mi primera película, Los balizadores del desierto, hay un niño que sueña con llegar a Córdoba, ya que su pueblo es originario de allí. La segunda, El collar perdido de la paloma, es un homenaje a Ibn Hazm: un amigo le envió una carta preguntándole qué es el amor y su respuesta fue El collar de la paloma. Está ambientada en la Córdoba del siglo XI y muestra cómo el amor ocupaba un lugar esencial en la vida de los cordobeses, mucho antes de las teorías de Freud... Hoy en día todos los países árabo-musulmanes han rechazado este concepto. En esta cinta yo recreo una Córdoba imaginaria, no real, no es la Córdoba de hoy, es parecida a la Jerusalén celeste, casi un paraíso en la tierra. Fue una época en la que hubo guerras pero también cosas positivas, sobre todo en términos de convivencia, que es un concepto raro en la Historia en general. Los andalusíes hablaron mucho de sí mismos, cómo pensaban, cómo vivían..., y dejaron una vasta literatura, más viva que la de Bagdad y otros lugares.

-¿Qué le interesa de Wallada?

-Fue una mujer libre. Es conocida sobre todo por su amor con Ibn Zaydún, pero la importancia de su persona va mucho más allá. No podemos olvidar que es la hija de un califa, que es poeta, que pertenece a un linaje muy refinado y que es la primera mujer europea, musulmana, que abre un salón literario, siete siglos antes de que los franceses tomen la idea. Sabemos que tuvo una larga vida y que cuando recibía, sus puertas estaban abiertas a todo tipo de personas. Paralelamente se desarrolla en Córdoba la gran escuela de música de Ziryab. Esto genera un ambiente especial que puede ayudarnos a entender lo que fue el alma específica de Al Ándalus. No es lo que queda, desde luego. Pero se puede sacar de las obras artísticas y los libros. Cuando oímos que las sociedades árabo-musulmanas están cerrándose, hablar de ella es una manera de abrir el horizonte.

-¿El guión es original suyo?

-Sí, la idea es poner en esta película todo lo que tenemos que saber sobre Al Ándalus, no de una manera histórica y realista sino poética, hablando de música, de arte, de poesía, de caligrafía, de los manuscritos de la época, la importancia de la biblioteca de Al-Hakam II... Quiero sacar a la luz todo este legado, teniendo en cuenta que el eje de película es una mujer princesa y poetisa y que probablemente también tocaba algo de música. El guión es complicado porque quiero que el espectador descubra viendo la película cómo era una civilización. El materialismo actual, el dinero del petróleo... todo eso supone una perversión de la cultura árabo-musulmana. Desde un punto de vista estético, el futuro es Córdoba, no el Golfo.

-¿Qué papel juega la poesía en su cine?

-La poesía es la trama. Cuando el juez le dice a Wallada que tiene que tapar su cara, ella contesta con un poema y lo además caligrafía en su ropa para confirmar su respuesta.

-¿Diría usted que el cine es el arte más completo?

-El cine es un arte sin barreras y además hoy el mundo viaja a través de la imagen. Lo que no tiene imagen no existe. Los textos escritos durante el apogeo de Córdoba te aportan un conocimiento muy cercano de sus protagonistas, parece que estás hablando con ellos, de la misma manera que mucha gente que ha visto mis películas me conoce sin conocerme físicamente, me conoce a través de las imágenes que he construido. El cine es un punto central para el encuentro de pueblos y civilizaciones. Mi deseo es que la película que quiero hacer resulte interesante tanto aquí como en los países árabes. Compartimos un pasado común.

-Uno de los problemas que se encuentran realizadores como usted es la difusión de sus películas en un panorama internacional gobernado por el cine de Estados Unidos...

-Es normal que el cine americano sea el que mande. Después de la Segunda Guerra Mundial, la expansión del cine de Estados Unidos por Europa estuvo vinculada al Plan Marshall. Pero el problema hoy en día es educativo, los niños no tienen acceso a otros modelos culturales. Tiene que haber un cambio radical en la educación. Si no, el mundo se convierte en un gran mercado manipulado por la imagen. ¿Cómo vacunar a tus hijos contra esto? Es una pena, por ejemplo, que la mayoría de los cordobeses y los españoles no sepan qué es El collar de la paloma ni les interese saberlo. Los que vivieron aquí en esos ocho siglos eran en su mayoría españoles. El primer emir fue árabe; el segundo, mitad y mitad; el tercero, un veinticinco por ciento... Al final, cuando hacemos el cálculo, lo que queda de árabe es poca cosa: eran españoles que nacieron y vivieron aquí. Eran españoles los musulmanes que fueron expulsados. Esta ha sido una tierra de acontecimientos trágicos. Y también de auge cultural.

-¿Cómo ve la relación entre Europa y el mundo islámico

-No podemos seguir diciendo que Occidente es Occidente y Oriente es Oriente. Todo está conectado, hay Occidente en Oriente y Oriente en Occidente. Lo que más importa es evitar el miedo. La cultura andalusí fue condenada aquí pero ha sobrevivido. Es curioso ver cómo los poemas de aquella época hablan del fin del mundo, estaban viviendo una belleza de tal grado y con una presencia tan grande del amor que la única manera de poner fin a esto era la muerte. Son textos tan vivos que es imposible no implicarse en ellos. Lamentablemente, los occidentales no tienen un acceso idóneo a estos textos por cuestiones lingüísticas. Hay pasajes de hace diez siglos que parecen escritos ayer: el tiempo es mágico en este caso.

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