El galán se reivindica como cineasta

  • La nueva entrega de George Clooney como director es 'The monuments men', la odisea de unos soldados responsables de custodiar el patrimonio artístico alemán tras la muerte de Hitler

Creer hoy en día que las personas que opinan que George Clooney ha sobreexplotado su inherente elegancia de playboy son una minoría es algo que llama a la incoherencia. Es tal vez demasiado obvio que su faceta de galán mujeriego con el bolsillo bien amueblado le ha podido encasillar. De todas formas, no se le puede acusar de ser un actor plenamente expresivo. Es cierto que posee la porte necesaria para aportarle a Hollywood ese clasicismo que está perdiendo tanto en presencia como en esencia, pero si algo se le da bien a ese imperio del entretenimiento es a distinguir el talento del talante.

Por otro lado, la cara más interesante de la carrera de Clooney, es la que corresponde a su etapa de director, que comienza con un filme sobrio, espléndido, Confesiones de una mente peligrosa, que ironiza la vida del productor de televisión Chuck Barris, creador de, entre otros programas, aquél en el que una mujer elegía pareja entre tres pretendientes a los que no podía ver en ningún momento. En ella, un enérgico Sam Rockwell, actor que, a diferencia de Clooney, cuando se desata obra el milagro ofreciendo todo un espectáculo de carisma artística, se somete a las concesiones de un género en decadencia como es el cine de espías. Pese a su irregular ritmo, una estética retro en combinación con una atmósfera prácticamente seca y alejada de los convencionalismos norteamericanos permiten recrear una Norteamérica todavía asediada por los designios del Macarthismo y la caza de brujas. Diálogos y escenas que parodian el odio al comunismo y el entrenamiento de agentes secretos se encargan de frecuentar los terrenos de la comedia, mientras que el show de Rockwell se tambalea entre un feroz drama y un histrionismo a la altura de Jim Carrey. El poderío de Clooney emerge a la hora de trabajar con las distintas estéticas de sus trabajos. Parece conocer la opresión del entorno y su amplitud a la hora de incidir sobre sus personajes. El Barris de Rockwell es un agresivo antisocial cuya desmotivación provoca emociones en él que, aunque anormales (como mínimo), son asimiladas rápidamente y ejecutadas al instante. En cierto momento de su vida, este personaje comienza a actuar según el ambiente que pretende reprimir su comportamiento, y más, cuando se le intenta enderezar. ''Tienes 33 años. Jesús a esa edad ya había muerto y resucitado; más te vale ponerte las pilas'' le espeta un eficaz Clooney bajo sus propias órdenes.

Y es que el cineasta repite su dialecto estético hasta en su última película, la muy convincente Los Idus de Marzo, donde la gloria de los griteríos y los aplausos encumbran el politiqueo, y las lluvias de porquería y escándalos sexuales lo arrastran por el fango. Su primera mitad se desarrolla de forma bastante más sonora que su final, entre amasijos de estudiantes, votantes inseguros y gentíos que aplauden en bellísimos días, hasta que el espectador es conducido por un tramo de sombras donde reina una frialdad exasperante. En ambas cintas se presenta la inocencia del protagonista como una emoción a la que le falta vivir en una atmósfera más severa para terminar de madurar. Y conviene citar la apacible Buenas noches y buena suerte como claro ejemplo de que el dominio estético de Clooney tampoco está de más.

Ahora se reúne con un elenco de compañeros (Matt Damon, Cate Blanchett...) y veteranos (Bill Murray, John Goodman...) del oficio en The monuments men, cinta que protagoniza y (lo que es más importante) dirige, sobre una pequeña escuadra de soldados a la fuerza (algunos de ellos eran convervadores de museos) que tienen como misión proteger las obras que forman parte del patrimonio histórico alemán y evitar que sean destruidas tras la muerte de Adolf Hitler. En esta cinta, que se estrenará en España el próximo 17 de enero, Clooney se inmiscuye en el abandono de la inocencia frente a un mundo despiadado, que empuja a la madurez a cualquiera que vaya a contracorriente, si no lo ha ejecutado ya durante el proceso. En este caso, no cabe duda de que este pequeño escuadrón acabará curtido en todas las batallas, y le ofrecerá a Clooney la posibilidad de repetir su dinámico control de estéticas. Un actor que ahora vuelve encauzado como director. Gran noticia, sin duda.

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