"La gente por la calle espera que estés siempre de cachondeo"

  • Los Morancos llevan todos sus personajes y su buen humor al Teatro Alameda, esta noche y mañana

"Soy una persona de calle, y no me escondo. Necesito ir de compras como todo el mundo", comenta Jorge Cadaval, el cincuenta por ciento de Los Morancos. Si lo ve en una cafetería resista la tentación de pedirle un chiste, porque es sobre el escenario cuando él lo da todo.

-¿Qué va a ver de Los Morancos quien se pase por el Teatro Alameda?

-Van a ver nuestro espectáculo de siempre, nuestro show, el que llevamos a todas partes. Hacemos de todo, por hacer podemos hacer un gazpacho entre parodia y parodia [risas].

-Sólo tres pases en Málaga, ¿cansados de los escenarios?

-Para nada, a nosotros nos encanta el escenario. Si hay algo que nos gusta es el contacto con el público. Yo creo que se nos ve en el programita que hacemos ahora en televisión, cuanto más público mejor. Nos lo pasamos bien.

-¿Hay más ensayo que improvisación?

-Hay mucho de trabajo arreglado y medido, y dentro de eso cabe la improvisación. Cuando estás a gusto haciendo algo eso te da pie a poder improvisar. A veces se nos va un poquito la olla.

-En Málaga se relaciona a Los Morancos con el Tivoli World, y ahora por fin van al Alameda.

-[Risas] Ya conocíamos el centro de Málaga. Lo que ya nos apetecía era actuar en un teatro en Málaga. Yo creo que cualquier artista quiere estar en un teatro.

-¿Echarán de menos la montaña rusa?

-Para nada. Lo que vamos a hacer es poder disfrutar de la ciudad.

-¿Por qué no han hecho cine?

-Nos han hecho muchas propuestas, pero siempre para hacer de Los Morancos. A mí me gustaría hacer otros caracteres, no el mismo que ya hago. Creo que en España deberíamos ver a los humoristas en otro plano, cambiarle el rol.

-Y pensar que usted iba para veterinario.

-[Risas] Yo terminé el instituto y tenía que haber hecho COU, pero ya estaba faranduleando y no había manera. Así que hicimos una apuesta mi hermano César, un amigo y yo para presentarnos a la Selectividad. Lo preparamos en un día, con una poca vergüenza tremenda, y no nos dieron de palos de milagro, porque lo hicimos fatal [risas].

-¿Toda su vida está tocada por el humor?

-Yo se lo decía a un amigo el otro día, y es que lo veo todo en el plano de la parodia. Todo es parodiable. Lo más importante es saber reírse de uno mismo.

-¿Le piden chistes por la calle?

-Claro, la gente no te ve de otra manera nunca [risas]. Siempre están esperando el chiste, o que saques las cosas de contexto. A veces te ven por la calle y te dicen que pareces distinto; pero cómo quieres que vaya, cómo te digo buenas tardes.

-"Vaya, pues que seco es en persona" lo habrá escuchado.

-Ahí está, aunque no suele ser. La gente espera que estés siempre de cachondeo. Y tienes que hacerles la parodia.

-¿Sus personajes favoritos?

-De mi hermano varios: Omaíta me parece fantástico, le tengo mucho cariño. Y Paco también lo hace fantástico, lo borda. Son muy tiernos. Y de los míos me gusta mucho el Gabriel. De pequeño me encantaba fijarme en un vecino, aquí en Triana, que era legionario y contaba sus historias del cuartel. Era ese vacilón gracioso que le gusta a todo el mundo.

-¿Cómo los crean?

-Es ir viendo algo que tienes al lado y no lo ves. Hay muchos personajes cerca de nosotros a los que no les echamos cuentas.

-¿Por qué cree que les adora todo el mundo, incluso a quienes parodian?

-No creo que humillemos a nadie. En las parodias no vamos a machacar a nadie, le buscamos la vis cómica. Por ejemplo, a Rocío Jurado: teníamos siempre la coña marinera con ella y nos adorábamos mutuamente. Nunca hemos tenido algo chungo.

-¿Algún espectáculo les ha salido perfecto?

-No he buscado nunca la perfección, es imposible. Me siento orgulloso de todo. Mi padre decía una frase: "Hasta la mierda huele a ti". Si volviera a nacer volvería a hacer lo mismo, no me lo pensaría dos veces.

-¿Ha sentido el miedo a no resultar divertido?

-Claro, alguna vez he soltado tres o cuatro cosas y no se ha reído nadie [risas]. Pero esa es la grandeza del trabajo, sacarlo adelante. Una vez, hace muchos años, en un espectáculo nadie se reía, y nosotros soltando cada vez más sal gorda, y nada. Pensamos que nos iban a tirar al río. Pero al terminar se levantó todo le público y tuvimos una ovación de cinco minutos. Nos miramos y nos parecía increíble. La gente estaba encantada. Y volvimos al mismo sitio dos años después.

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