Un 'gentleman' en horas bajas

Contra toda evidencia cronológica, los ingleses no siempre recuerdan que no fueron ellos quienes iniciaron un género, el de la novela moderna, al que se incorporaron tarde pero con entusiasmo, siguiendo la estela de los autores españoles o en menor medida franceses cuyas obras habían leído y admirado en exitosas traducciones que circularon por toda Europa. Más de un siglo después de publicadas las andanzas del inmortal hidalgo, la no en vano llamada Cervantean fiction fue cultivada en las Islas por una generación de excelentes novelistas a la que pertenecen Defoe, Fielding, Richardson o el gran Sterne. Menos celebrado que los anteriores, el escocés Tobias George Smollett (1721-1771) había sido cirujano en la marina de guerra y participado en la frustrada toma de Cartagena de Indias, antes de volver a Londres donde publicó, en 1748, Las aventuras de Roderick Random, su primera novela y la que lo hizo célebre. Existía una versión española de Carles Llorach (Montesinos, 2007), pero esta de Miguel Ángel Pérez, anotada y precedida de un enjundioso prólogo, pone los cimientos para el rescate entre nosotros de quien ha sido, en palabras de Harold Bloom, "el más olvidado de los grandes novelistas británicos del siglo XVIII".

Muy cercana en espíritu a clásicos de nuestro Siglo de Oro como el Buscón o el Guzmán de Alfarache, deudora de Cervantes y del Gil Blas de Santillana de monsieur Lesage, Roderick Random es una novela próxima a la picaresca cuyo protagonista -en muchos aspectos un trasunto del autor- no se comporta exactamente como un pícaro. Médico como Smollett, Random es un caballero sin fortuna que se ve obligado a buscarse la vida mientras encuentra el modo de recuperar la condición que cree merecer por formación y nacimiento, pero es también un aventurero sin escrúpulos que trafica, roba o engaña, se alista en el ejército o en la marina, vagabundea por las calles o mendiga ayuda de sus protectores, sin olvidar nunca sus aspiraciones de gentleman. Su crítica, virulenta y descarnada al modo quevedesco, se extiende a todos los estamentos sociales, pero está basada en el resentimiento y no tiene otro objeto que la reivindicación personal. Es un personaje más bien antipático.

Menos sofisticado que otros novelistas contemporáneos pero de intención igualmente realista, Smollett plantea una serie de peripecias encadenadas a ritmo vertiginoso, sin espacio para la descripción de caracteres ni para grandes consideraciones morales, lo que obviamente no fue del agrado de los preceptistas neoclásicos. Esto último, la ambigüedad en la que se mueve el narrador, es o puede ser uno de los alicientes para el lector actual, que no necesita que la sátira tenga un componente didáctico. "El vicio, ya que es necesario mostrarlo, siempre debería disgustar", dejó escrito el siempre ponderado doctor Johnson. Lo notable en el caso de Smollett es que no parece que le disgustara en exceso.

Tobias Smollett. Ed. Miguel Ángel Pérez. Cátedra. Madrid, 2010. 664 páginas. 22 euros.

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