Cultura

Otra habitación propia

Drama, Francia, 2009, 87 min. Dirección: François Ozon. Guión: Matthieu Hippeau, F. Ozon. Intérpretes: Isabelle Carré, Louis-Ronan Choisy, Melvil Poupaud. Cines: Albéniz.

Con la excepción de Angel, melodrama de época y vestuario ambientado en el siglo XIX, el francés François Ozon ha estrenado todas sus películas entre nosotros. Lo que empezó por ser un cine de cámara con querencia por la revisión genérica y cierto aire provocador, un Fassbinder suavizado para los nuevos tiempos, fue derivando poco a poco en una fórmula autorial de alcance medio en la que el director de Sitcom, Amantes criminales, Bajo la arena, Gotas de agua sobre piedras calientes, 8 mujeres, 5x2 o Swimming Pool parecía haber encontrado un ritmo de trabajo y una continuidad al alcance de pocos cineastas contemporáneos.

Si su anterior Ricky proponía una fábula sobre la familia con tintes de humor negro, Mi refugio parece regresar a un terreno realista que guarda cierto parentesco tonal con otra cinta anterior, El tiempo que queda, crónica de una despedida anunciada interpretada por Melvil Poupaud. Es precisamente el mismo actor el protagonista del duro prólogo (lo mejor) de un filme que pareciera querer rememorar en su arranque uno de esos argumentos de adicciones y autodestrucción propios del cine de Philippe Garrel, para decantarse pronto por una deriva melodramática bastante más convencional.

Se trata aquí de cómo acarrear el duelo cuando además se está embarazada. Isabelle Carré, embarazada también durante el rodaje, se erige así en la depositaria del legado de un hombre muerto, en protagonista silenciosa de un relato de formas suaves sobre la condición femenina y la compleja asimilación de la maternidad al que Ozon no duda en poner por el camino una serie de personajes y situaciones aparentemente realistas que tienen, empero, un gran arraigo en la tradición del melodrama y, como casi siempre en su cine, un perfil políticamente correcto.

Así, sola en el campo, aislada del mundo en busca de sentido, nuestra protagonista recibirá la visita del hermano homosexual del padre de su futuro hijo, con quien establecerá una ambigua relación destinada a liberarla de sus propias dudas y temores, una relación confeccionada desde la creencia en una cierta idea de la herencia y la esperanza con la que Ozon subraya su convencimiento, a veces demasiado ingenuo, en nuevas formas de relación social alejadas de los viejos conceptos de pareja y familia.

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