"Esta historia me ha permitido conectar con mi lado más infantil"

  • La poeta gaditana lanzará el próximo mes de noviembre su primera novela, 'Principito debe morir', una "reelaboración" de la obra de Saint-Exupéry pasada por el tamiz de la ciencia ficción

Principito vive con su madre en el planeta Núcleo. Principito se ve obligado a huir a la Tierra. Principito buscará ayuda. Principito la encontrará. Principito intentará proteger a la Rosa. Principito se enfrentará a enemigos temibles. Principito hará nuevos amigos. Principito será traicionado. Principito no es quien cree ser. Principito sabe muy bien quién es. Principito... ¿morirá? Éstas son las incógnitas que nos propone la escritora Carmen Moreno en Principito debe morir, la primera novela de la gaditana que aunque sigue "amando la poesía" se lanza a sorprender a los lectores con un cóctel narrativo donde tienen cabida "la ciencia ficción, la distopía, la novela de espías y la novela de amor", adelanta sobre su nuevo libro que saldrá a la venta en el próximo mes de noviembre de la mano de la editorial Sportula.

Con un claro homenaje a la obra de Saint-Exupéry, Moreno hace su debut en el género "con mucha ilusión" y "¡con mucho miedo!", exclama la autora que es consciente de "las exigencias de los lectores de ciencia ficción", entre los que se encuentra ella misma. "Pero era lo que quería escribir ahora", decide, "necesita explorar los límites de la imaginación" y " lo mejor", cuenta, es que "me lo he pasado muy bien escribiéndola", se congratula la autora del poemario Relámpagos.

Por qué viene a la tierra El Principito, para qué , cuándo y cómo son los interrogantes que Moreno despeja en esta "reelaboración" de la obra de Saint-Exupéry "a ratos divertida" y "a ratos violenta". Y es que la candidez y la esperanza que jalonan a este personaje en la obra original son preservadas por Moreno "al igual que las bases y la distribución de los capítulos, que son los mismos que en mi novela". Sin embargo, el pequeño niño se tendrá que enfrentar a enemigos más crueles, como los monos Timothy, y a un mundo, quizás, algo más árido que en la obra que lleva su nombre.

En este punto, autora y personaje se encuentran de algún modo. Al igual que el extraordinario jovencito, Carmen Moreno se interna con esta obra en un mundo nuevo, extraño. La novela. Tras dedicar la mayor parte de su carrera a la poesía, la escritora se atreve a explorar otro universo tras entrar en contacto con otros autores "en la Semana Negra de Gijón". "Allí descubrí una verdadera revelación, que los escritores de novela negra y de ciencia ficción son muy buenas personas". "En serio -ríe Moreno- te ayudan, te animan, se preocupan y eso no ocurre en otros géneros, para nada".

Así, como el germen de Principito debe morir ya estaba en su cabeza, Moreno comenta esta idea con varios autores y "aparece Sportula para darme el último empujón", reconoce. Una editorial "pequeña de Gijón" pero "que trata con mucho mimo y con mucho interés a sus autores" además de editar tanto en papel como en formato digital, algo que a Moreno le motivaba "mucho". Con el amigo Rafa Marín -que firma el epílogo de la obra-, Elia Barceló -que se encarga del prólogo- y Juan Miguel Aguilera -autor de las ilustraciones- sólo hicieron falta "cuatro intensos meses de escritura", ¡diez horas de trabajo cada día!, para poner en pie esta historia donde también desfilan personajes "tan entrañables" como Louis, el borrachín y bailarín bedel del Museo -personaje favorito de la creadora- y el mismísimo Léon Werth, aquel hombre, gran amigo de Antoine de Saint-Exupéry, a quien el autor brinda El Principito con una de esas deliciosas e inolvidables dedicatorias. (A Léon Werth: Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo; incluso los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria: A Léon Werth, cuando era niño).

Carmen Moreno es de esas personas grandes que sí recuerdan que fueron niños. "Cuando era pequeña imaginaba que el R-5 de mi padre era una nave espacial y desde ahí me montaba unos viajes supersónicos", rememora la escritora que ha vuelto a reencontrarse con ese niña en el proceso de escritura de esta novela. "¿Sabes que pasa? Que mi formación como filóloga, mi dedicación a la poesía... Todo eso ha provocado que me tome muy en serio a mí misma y a las cosas, pero con esta novela, esta historia, en realidad, me ha permitido conectar con mi lado más infantil, dejarme llevar, divertirme, fascinarme, no poner límites... Y eso me ha gustado mucho", se alegra.

Pero la efervescente novelista no se lleva mal con la centrada poeta. De hecho, ésta última ya tiene en ciernes otro libro, Banda sonora original, y la novelista... "La novelista ya tiene en la cabeza otras increíbles historias", intriga.

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