Mucho humor y buena música

Cómo mola poder soltar frases chulas, de esas que se recuerdan y te hacen quedar bien, como cuando le preguntan a Clint Eastwood, en La fuga de Alcatraz, cómo fue su infancia y él sólo responde "corta". En la noche del pasado domingo, un socarrón Al Kooper tuvo unas cuantas: "Sólo es otra canción de Bob Dylan", dijo; y él puede soltarlo, y tanto.

Al Kooper (Nueva York, 1944) se mostró como un tipo generoso y divertido. Lo primero porque no dejó casi ningún clásico en el cajón: por el Cervantes se pasearon retazos de Dylan, Hendrix, Donovan, Procol Harum, Zombies... Lo segundo, e inesperado, estuvo en sus gestos -cómo lanzó el botellín de agua- y sus muchos comentarios: "Quiero dar las gracias a las doce personas presentes que entienden el inglés".

Lo suyo es y ha sido siempre el blues-rock, y de eso estuvo impregnada su presencia en Málaga. No se rebajó a los arreglos suaves y adultos, sino que Kooper se soltó con sus teclados, arropado siempre por una banda profesional y con clase: todos eran buenos, desde el bajo -con momentos funk- al batería, pasando por un veterano y brillante guitarrista, al saxo -se lució con la flauta en una de las recuperaciones de los Blues Project- y trompeta. Se notó la condición de Kooper de músico de sesión porque sabe escoger y por su afán de perfección con el sonido.

Aparte del cachondeo, Kooper es un pro, y aunque le tira lo de ser humorista -mejor cómico que cantante sí que es, la verdad-, el concierto nunca se le fue de las manos. Ya fuesen clásicos -no importa si suyos o ajenos-, o si eran temas recientes -de un disco, Black coffee, que intuimos más que digno-, todas las canciones fueron interpretadas en un justo equilibrio de pasión y perfección virtuosa.

Hubo momentos para la emoción, como cuando recuperó la "primera canción que escuché que me pareció un número uno", o las dos ocasiones en las que se atrevió con la guitarra -él comenzó de guitarrista antes de cambiar el rock desde un órgano-. Kooper da mucho en una hora y media.

Y como colofón, como debe ser, el bis. Una sola canción, pero con un gran espectáculo: Kooper se bajó a saludad al público, se dio una vuelta, se sentó, y después, en medio de la canción, se marchó por la puerta principal, un poco como un torero. Qué tipo, sí.

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