arte

Lo que la imaginación traza

  • Siete artistas establecen nuevos y singulares puentes entre la poesía y la pintura en la exposición comisariada por Iván de la Torre, con Wallace Stevens como mentor

El comisario de esta exposición, Iván de la Torre, ha tomado como elemento generador de discurso y como aglutinante para la selección de los siete artistas que la componen, el poema Trece maneras de mirar un mirlo, del poeta y ensayista norteamericano Wallace Stevens (1879-1955). No es casual esta elección poética, puesto que Stevens ha sido uno de los autores -ciertamente no muchos- que durante el siglo XX ha reflexionado sobre la cercanía y las relaciones entre poesía y pintura; viejo y fecundo asunto, dejado al margen desde hace décadas, que surgió en la Antigüedad y que, las más de las veces, queda condensado -si no injustamente reducido- en el lema horaciano de la ut pictura poesis (así la pintura como la poesía).

De la Torre ha vinculado la poesía de Stevens con una pintura sensitiva, imaginativa y plagada, por lo general, de alusiones a la Naturaleza, lo cual conecta con el núcleo duro de la estética del autor americano. Esta vinculación entre Stevens y los siete creadores aquí recogidos muestra una convergencia de sensibilidades, de, parafraseando el título del poema, maneras de mirar, a pesar de las variaciones estilísticas entre los pintores. Y es que no se trata sólo de conectar a éstos con aquel poeta -algo que podríamos considerar extemporáneo- sino de vislumbrar esa cercanía y mirada común entre los artistas que arroja un sentir pictórico coincidente.

En el pensamiento estético de Stevens lo fundamental es el valor trascendental que se le otorga a la imaginación. En su ensayo El valor de la imaginación, recogido en español junto a La relación entre poesía y pintura en la antología El ángel necesario, señala que "la verdad parece ser aquello que vivimos en conceptos de imaginación antes de que la razón los haya fijado". Por lo tanto, la imaginación se encuentra al margen de la razón y no está mediatizada por ninguna lógica. Aquí encontramos un nuevo nexo de unión entre Stevens y los jóvenes artistas expuestos -y por supuesto entre ellos-, quienes no desean una representación o traducción del entorno, o de la realidad, de un modo fiel, comprensible, meditado y claro, sino más bien todo lo contrario, enigmático, extraño y sugerente. En la manera de mirar se halla la manera de representar. En este sentido, la pintura, como la poesía, toman la realidad sólo para esquivarla ofreciéndonosla transformada, ensanchada, irreducible y muchas veces inasible.

Así pues, Iván de la Torre ha optado por una pintura, por lo general, de carácter expresionista, violenta gestual o cromáticamente (o ambas a la vez), nunca abstracta pero sí informe, grotesca e infantiloide en su figuración, aunque autores como Santiago Talavera y Marco Castro contravienen este último aspecto gracias a lo depurado y estilizado de sus imágenes. Una pintura opresiva, excesiva, densa y fabuladora que elude la mesura y la contención.

Pablo Valle realiza una pintura grotescamente naïf, o naïfmente grotesca, en la que desatiende las escalas y perspectivas y busca una factura torpe e infantil. En las obras seleccionadas hay un canto a la Naturaleza, de un lado mediante los algo más de ochenta pájaros en pequeño formato y, de otro, mediante la confrontación de un exuberante jardín, en el que los niños muestran su verdadera naturaleza, y las moles de cemento de la ciudad; opone, por tanto, lo primigenio de nuestra condición con el entorno urbano como ámbito, como segunda naturaleza, creada por el ser humano. Cristina Lama aporta extrañamiento a sus composiciones expresionistas, provocado, en muchos casos, por las filacterias y bocadillos que introduce con mensajes enigmáticos, por lo peculiar de su universo y por la colisión de puntos de vista con los que toma cada uno de los elementos representados. James Aldridge, en un canto al horror vacui y lo decorativo, plantea, gracias a la vegetación y la presencia de animales y esqueletos, un simbólico y siniestro panegírico de lo natural (lugar de la vida, la muerte y residencia de lo arcano) al tiempo que un memento mori. Cercana a ese decorativismo encontramos la vegetación cuasi-psicodélica y el cromatismo desenfrenado de Manuel León.

Pesce Khete vulnera la figuración a través de la inmediatez del acto de pintar, la violencia gestual y lo matérico del óleo que forma volúmenes y acumulaciones. Hay en él un posicionamiento hacia lo precario y lo pobre, como sus acabados con cinta de carrocero. Santiago Talavera, a pesar de su universo cristalino y reconocible, o tal vez por ello, propone una extravagante y sofisticada confrontación entre lo natural e indómito y lo humano y construido, en la que encontramos fetiches de esa Naturaleza domesticada o incluso cosificada.

Marcos Castro, con una suerte de metáfora de un mundo dividido entre ciervos y lobos, resulta exquisito gracias a su figuración gráfica y estilizada, que rememora la estampa japonesa, y a la sugerente y portentosa mancha que como una nube o una ola asiste a la inquietante escena.

En la sexta estrofa de Trece maneras de mirar un mirlo leemos: "El hielo cubría el ventanal/ de cristales bárbaros./ La sombra del mirlo/ lo cruzaba de un lado a otro./ La fantasía/ trazaba en la sombra/ una causa indescifrable". Justo lo que han trazado algunos de estos creadores gracias a la imaginación y fantasía pictóricas.

Colectiva Galería Isabel Hurley Paseo de Reding 39-bajo, Málaga Hasta el 16 de junio

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