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"La inspiración se mueve a la vez hacia el pasado y hacia el futuro"

  • El bajista e intérprete del 'Stick', miembro de King Crimson y aliado de Peter Gabriel, llegará a La Cochera Cabaret el 31 de marzo con sus Stick Men, junto a Pat Mastelotto y Markus Reuter

Tony Levin (Boston, 1946), en un concierto, al bajo, con sus 'Funk Fingers'. Tony Levin (Boston, 1946), en un concierto, al bajo, con sus 'Funk Fingers'.

Tony Levin (Boston, 1946), en un concierto, al bajo, con sus 'Funk Fingers'. / m. h.

Si hubiera que tomar en peso la aportación de Tony Levin (Boston, 1946) a la historia del rock habría que hacer acopio de camiones. De formación clásica e iniciado en el jazz, tras su traslado definitivo a Nueva York en 1970 se convirtió en uno de los bajistas más asombrosos y reclamados pero, también, en una pieza clave de la evolución del rock progresivo como intérprete y compositor. Desde entonces ha participado en la grabación de más de quinientos discos, al servicio de creadores del calibre de John Lennon (Double Fantasy), Pink Floyd (A momentary lapse of reason), Lou Reed (Berlin), Paul Simon (Still crazy after all these years y One-Trick pony), David Bowie (The Next Day), Dire Straits, Tom Waits, Alice Cooper, Brian Ferry, Laurie Anderson y Peter Frampton, entre muchos otros. Además del bajo, Levin normalizó la introducción en el rock del Chapman Stick, un instrumento de tapping de doce cuerdas que hace las veces de bajo y de guitarra y que nuestro hombre popularizó en los ochenta con gran éxito. Eso sí, en lo que a alianzas se refiere, Tony Levin es más conocido por ser miembro habitual de King Crimson desde el Discipline de 1981 (con algunos paréntesis en los que ha sido sustituido por Trey Gunn, si bien Levin constituye todo un as irrenunciable para Robert Fripp) y por ser un aliado clave de Peter Gabriel, a quien ha acompañado en prácticamente todos sus discos en solitario desde 1977 (suyos son el bajo de Don't give up y Sledgehammer, referencias ineludibles de las posibilidades armónicas del instrumento, así como el Stick de I don't remember) y en casi todas sus giras. Levin es además miembro de Liquid Tension Experiment, el combo que formó junto a Mike Portnoy de Dream Theatre; y ha desarrollado otros proyectos más personales como Brufford Levin Upper Extremities, junto al batería Bill Brufford (con quien coincidió durante dos décadas en King Crimson). Su última iniciativa a título particular es el trío Stick Men, formado hace una década y que actualmente completan el batería Pat Mastelotto (también miembro de King Crimson, banda con la que actuó en 2003 en el Teatro Cervantes de Málaga en un histórico concierto en el que no estuvo Levin a mayor gloria de Trey Gunn) y Markus Reuter, también maestro del Stick. Pues bien, Tony Levin y sus Stick Men actuarán el próximo 31 de marzo en La Cochera Cabaret de Málaga, en uno de los tres conciertos que la formación ofrecerá en España dentro de su próxima gira (Madrid y Barcelona se reparten el resto) para presentar su último disco, Prog Noir (2016), y para desplegar un amplio repertorio que hará las delicias de los más incondicionales del rock progresivo. Antes, Tony Levin, cuya influencia ha sido admitida y celebrada por bajistas de la talla de Les Claypool y Nick Beggs, atendió a Málaga Hoy para esta entrevista.

-La impresión que deja Prog Noir en una primera escucha es de limpieza, de decir menos cosas pero mejor dichas, al menos en comparación con el anterior disco de Stick Men, Soup. ¿Comparte esta apreciación?

Poder tocar donde la música y los músicos sean lo suficientemente buenos es lo que me hace más feliz"

-La verdad es que no lo había visto de esta manera, pero sí es cierto que últimamente ha habido una mayor intención por nuestra parte en desnudar los elementos. Digamos que hemos prestado más atención a un determinado estado de ánimo (ya en el título del disco, para empezar) como eje central que en anteriores proyectos.

-En esa desnudez, especialmente tonal, ¿siente algún tipo de conexión con los grandes compositores minimalistas de la escena neoyorquina, gente como Steve Reich o Philip Glass?

-No suelo pensar en mi música, ni en la música de Stick Men, en relación con otros compositores. Prefiero dejar ese trabajo al público y a los periodistas, que disponen de la perspectiva idónea al escuchar nuestra música desde fuera. Para nosotros, el hecho de componer y grabar significa asumir el compromiso de hacerlo con la mayor calidad posible y de mantener la voz de la banda como un sello distintivo. No queremos hacer lo que ya hacen otros grupos. Y ya de paso nos gusta divertirnos con lo que hacemos, refrescarnos. Que el hecho de tocar suponga un reto.

-De entrada, la música de Stick Men parece mucho más difícil de alumbrar en la cabeza que de interpretar después. ¿Cómo es su proceso de composición?

-Un aspecto muy interesante para nosotros es la preparación de las piezas en directo. A menudo esto nos cuesta mucho más que grabarlas luego en el estudio, siempre que no haya overdubs, claro. Pero sí, siempre hemos seguido este proceso con cada álbum que hemos hecho: primero lo ajustamos todo en directo y luego lo llevamos así al estudio. De esta manera, además, los temas ya salen después con el mejor desarrollo posible para los conciertos, salvo los pequeños cambios que introducimos a veces para adoptar las composiciones a lo que realmente podemos tocar en el escenario.

-Imagino, igualmente, que facilitará las cosas el hecho de que se conozcan tan bien después de tantos años. Seguro que saben de antemano qué va a tocar el otro.

-Así es. A la hora de tocar nos conocemos muy bien mutuamente, nos intuimos a la perfección. Pat y yo llevamos 23 años tocando juntos, así que imagínate. Pero nuestra buena coordinación no depende tanto de los años que llevemos tocando juntos como de la cantidad de conciertos que acumulamos. Nos encanta salir de gira y tocar nuestra música para la gente, así que hemos tenido ya incontables actuaciones, en recintos grandes y pequeños. Así es como una banda se consolida y como cada uno de nosotros puede tocar de manera tan cómoda.

-Precisamente, ¿cómo definiría usted las sensaciones habituales en los conciertos de Stick Men?

-Lo que más nos gusta es tocar en directo, así que para nosotros siempre es muy gratificante. Más allá de esto, ninguno de nosotros puede explicar la magia que se crea en un concierto. Ni el público ni los músicos podemos definirla con palabras, pero todos sabemos exactamente cuándo aparece, en qué momentos se manifiesta. Y justo esto es lo que perseguimos cada noche, que la magia suceda. Afortunadamente, suele hacerlo.

-Dejando a un lado a sus Stick Men, ¿cómo lleva lo de ser más conocido como el bajista de? ¿Echa de menos un mayor reconocimiento a su propio trabajo, por mucha popularidad que le haya aportado su trabajo con Peter Gabriel o King Crimson?

-Si hay algo que me hace feliz es tener la oportunidad de tocar el bajo o el Stick en cualquier grupo donde la música y los músicos sean lo suficientemente buenos. De manera que tocar con Peter Gabriel y con King Crimson, con quienes las situaciones musicales que se crean son verdaderamente asombrosas, es algo que me produce tanta felicidad como responsabilidad. Para mí no es un reto menor seguir tocando con otros.

-Pero de alguna forma usted traspasa con mucho el perfil de mero músico de sesión. Su contribución a la definición musical de Peter Gabriel, por ejemplo, ha sido más que relevante. ¿Tal vez por esta aportación Gabriel y Robert Fripp no han dejado de contar con usted en este tiempo?

-No sé muy bien cómo responder a eso. Para mí, el sonido del bajo varía mucho de una composición a otra, y mi forma de marcar el tanto es encontrar la manera de ayudar a través de ese sonido a mejorar cada pieza. Cuando colaboro con otros músicos nunca traigo una idea preconcebida, nunca llego al estudio con un sonido en la cabeza para luego aplicarlo tal cual. Primero escucho la nueva pieza y, a partir de aquí, pueden pasar dos cosas: que encuentre el sonido apropiado de manera rápida o que, por el contrario, tenga que tomarme más tiempo hasta que por fin me quedo satisfecho con mi aportación. Eso es todo.

-Sé que le preguntan esto a menudo, pero ¿tiene noticias de un nuevo posible trabajo de Peter Gabriel? Su último álbum con canciones originales, Up, se remonta a 2002. Y desde el orquestal Scratch my back de 2008 ni siquiera tenemos rumores.

-Peter dijo hace un par de años que íbamos a trabajar en un disco nuevo. Pero desde entonces no he vuelto a saber nada más. Más allá de la gira que hicimos en 2016, no sé en qué proyecto anda metido.

-Una curiosidad: ¿Es cierto que el Drumstick bass [técnica por la que se toca el bajo golpeando las cuerdas con unas baquetas de percusión] se le ocurrió a Gabriel durante la grabación de So?

-La primera vez que lo grabamos fue en Big Time. Jerry Marotta, el batería, percutía en las cuerdas del bajo mientras yo iba tocando las notas en el mástil con la mano izquierda. Después intenté en varias ocasiones hacerlo en directo, pero era demasiado complicado para mí solo. Hasta que un día, en una prueba de sonido antes de un concierto, Gabriel me sugirió que me atara las baquetas a los dedos de mi mano derecha. Lo hice y funcionó. He seguido incorporando esta técnica hasta ahora. Es lo que llamo Funk Fingers.

-Tal vez uno de los discos más problemáticos en los que ha trabajado ha sido A momentary lapse of reason de Pink Floyd, el primero que grabó la banda sin Roger Waters. ¿Qué recuerda de aquellas sesiones?

-Para mí fue todo un honor participar en ese disco. Y fue todo tan bien que cuando terminamos de grabarlo me invitaron a participar en la gira. Pero ya estaba comprometido para el siguiente tour de Peter Gabriel, así que no pude hacerlo. Creo que, a pesar de todo, A momentary lapseof reason fue un álbum muy especial. Lo sigue siendo, de hecho, todavía, con el paso de los años.

-¿Le gusta el flamenco? ¿Hay algún cantaor o instrumentista al que siga especialmente?

-Sólo he tocado flamenco una vez. Y curiosamente fue en uno de los primeros discos que grabé en Nueva York, el Rock Encounter que hicieron en 1966 Sabicas y Joe Beck. Eso fue hace mucho tiempo, pero en los últimos años me he sentido muy inspirado, al igual que otros muchos bajistas, por la música de Carles Benavent.

-En 2011 tuve la oportunidad de entrevistar a su predecesor en King Crimson, John Wetton, que vino a Málaga a dar un concierto con Asia. Le pregunté quién era en su opinión el mejor bajista de la historia y él me respondió: "Johann Sebastian Bach". ¿Qué nombre me diría usted?

-No hay un bajista en concreto que sea mi favorito, como, por otra parte, no tengo predilección por nada en concreto en prácticamente ningún asunto. Hay determinados bajistas que me han influido y me han inspirado, por supuestos, algunos de los viejos tiempos, otros más jóvenes. Para mí seguirá siendo así. La música y los músicos funcionamos de esta manera, ¿sabes? Nos pasamos la inspiración para hacer cosas diferentes continuamente hacia delante y atrás, hacia el pasado y hacia el futuro. Es una cualidad muy especial.

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