"Quienes intentan que el flamenco no se renueve van a agachar las orejas"

  • Nieto y sobrino de cantaores, de madre gitana y mirada abierta, regresa al Teatro Alameda con 'Soulería', junto a los Habichuela, un coro de gospel y más de 135.000 copias vendidas en dos años

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El flamenco le viene de casta y la música negra de pura devoción. Antonio Álvarez (Huelva, 1980) es Pitingo y su nombre lleva llenando teatros desde hace más de dos años. Junto a parte de la familia Habichuela y un coro de gospel de Nueva Orleans dio a conocer el que define como su mayor "potaje", Soulería, espectáculo con el que regresa desde ayer y hasta el domingo al Teatro Alameda.

-¿Cómo encaja tanto éxito, lo veía venir?

-Muy bien, aunque no tengo mucho tiempo para poder disfrutarlo. Tenía garantía de que iba a dar que hablar, tanto para bien como para mal, pero no de que iba a pasar esto, una locura, pero bienvenida sea.

-A estas alturas ¿necesita justificar lo que es Soulería?

-Ya no explico nada. Al principio sí, pero ahora ya sabe la gente a lo que viene. Me quedo con la reacción del público. No hago caso a las críticas, no suelo leerlas. Cuando veo a los puristas y empiezo a cantar por soleás o fandangos, se callan la boca.

-¿Cómo entró en contacto con la música negra?

-Cuando tenía unos 9 años mi tío me dio un cassette sin saber lo que tenía, lo puse y lo primero que escuché fue a Aretha Franklin y en la cara B estaba Louis Amstrong. Luego seguí con Marvin Gave, Stevie Wonder y muchos más. Con 14 años me metí en Madrid en un coro de gospel y estuve cerca de siete años con ellos. Empecé a frecuentar sitios de r&b, jazz, funky, al tiempo que seguía trabajando en el Café de Chinitas .

-¿No le dio por perder la cabeza?

-Ese revuelto me ha venido muy bien. Ahora ya me sale muy natural, cambio de un lado al otro sin pensar.

-¿Encuentra puntos en común entre ambos mundos?

-Sí, son dos músicas muy de raíz. A la hora de expresar alegría y tristeza son dos cantes que transmiten mucho. Lo único que cambian son las escalas, los melismas de la voz. Nosotros tenemos tonos más árabes y morunos y ellos otros mayores. Fíjate que el coro de gospel que viene con nosotros después de dos años juntos ha aprendido a bailar por bulerías y lo hacen en el espectáculo. Son unos fieras, lo aprenden todo rapidísimo.

-¿En qué se parece un martinete a un blues?

-No son tan diferentes. El martinete está contando una historia de lo que ha pasado en el pueblo y ellos con el blues dicen lo mismo. Sólo cambian los tonos. Yo creo que cualquier gitano que tenga condiciones en la voz puede hacer soul, lo que pasa es que tiene que haberlo escuchado desde pequeño.

-¿Saben de lo suyo en EEUU?

-Dimos un concierto en Georgia donde el 80% del público era negro y se formó una buena. Imagínate escuchar Georgia on my mind de Ray Charles por bulerías. Se volvieron locos, alucinaban con la mezcla.

-Cuando trabajaba en Barajas cargando maletas, ¿le mandaban a callar?

-Les encantaba. Yo llegaba por las mañanas cantando por Manolo Caracol y La Niña de los Peines. Me decían el lerele.

-Y en la mítica reunión de Los Magos en Madrid conoció a los monstruos del género.

-Donde van los Magos van los grandes artistas. Allí conocí a Enrique Morente que me escuchó cantar por primera vez. Recuerdo que había mucha gente, él mandó a callar a todos, y se acercó a conocerme. Me ha ayudado mucho en mi carrera, al igual que Carmen Linares. Él me hizo el prólogo del primer disco. Yo creo que todos los flamencos deberíamos mirarnos en Morente.

-¿Qué gusta más su Killing me softly o sus fandangos de Huelva?

-Cuando me dicen que Killing me sofly no es flamenco yo les doy la razón. Es una música aflamencada. Nunca lo venderé como flamenco. En el disco hay una soleá de Fernanda de Utrera que sí es flamenco. Con las versiones acercas al público joven que de paso escuchan lo que es una taranta, un fandango de Huelva. Son 135.000 copias que han comprado, sobre todo, jóvenes. Es una manera de aficionar y renovar al público flamenco. Sé que hay gente que intenta que no sea así pero van a tener que agachar las orejas y callarse.

-¿Cuál será su próximo reto?

-El año que viene después de volver de Latinoamérica prepararé el tercer disco con Juan Carmona también. Tendrá mucho soul y flamenco, ya tirándonos a la piscina pero encharcaítos, de cabeza.

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