juan carlos méndez guédez

"Me interesan los personajes al límite bajo una apariencia de normalidad"

  • El autor venezolano relata la historia de una singular ladrona en la novela 'El baile de madame Kalalú', publicada por Siruela y en la que el género policial se enriquece con humor y aventuras

El amor y el crimen, el humor y el robo se asocian en El baile de madame Kalalú, la novela que Juan Carlos Méndez Guédez (Barquisimeto, Venezuela, 1967) acaba de publicar en Siruela. Doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca y autor de Tal vez la lluvia (Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro), Una tarde con campanas, Árbol de luna y El libro de Esther, entre otras obras, el escritor afincado en Madrid presenta ahora la historia de una mujer capaz de poner el mundo del revés para realizar sus deseos.

-¿Cómo surge este personaje?

-Realmente ocurrió lo siguiente: una lectora en una ocasión me habló de manera muy cordial de los clichés que los escritores tendemos a repetir a la hora de componer personajes femeninos. Y me surgió la necesidad de hacer un personaje femenino que fuera singular y no presentara esa repetición de clichés que manifiestan los deseos rutinarios de los hombres. La mujer vista desde dentro despliega una autocrítica a veces un poco cruel. Quería un personaje con peso de novela, que evocara lo que es la mujer del siglo XXI, una mujer que no se sienta a esperar que la realidad la premie o le conceda una medalla por su pasividad, sino que se lanza a conquistar y tomar el mundo.

-¿Cómo fue el proceso de diálogo/identificación entre escritor y personaje?

-Uno de los placeres de la escritura y de la ficción es el desdoblamiento. Por otra parte, yo fui criado por mujeres: mi madre, mis tías, mis primas, mis madrinas... Viví con absoluta naturalidad en un universo femenino en el que se hablaba con mucha sabiduría sobre la existencia; yo escuchaba como un privilegiado todo aquel mundo. Tengo una profunda admiración y curiosidad por ese universo. Y así como muchas escritoras han hecho novelas con la voz de un hombre, me apetecía asumir este reto con un personaje que tiene una cierta singularidad, una mujer que dirige un grupo que roba joyas y obras de arte muy costosas.

-Se le ve cómodo en la navegación por géneros distintos...

-Sí, la novela occidental en su origen se basa en la fusión y mezcla de distintos ingredientes, la novela bizantina, la pastoril, la caballeresca... Es un tono natural que viene en la novela. Yo no me planteo esto de manera explícita cuando empiezo a escribir: simplemente quiero escribir una historia y afloran esos elementos, incluso algunos que descubro a posteriori: por ejemplo, me he dado cuenta de que esta obra tiene algo de cuento de hadas, algo de culebrón... Es una mezcla natural que surge también de mi origen venezolano. La Venezuela que yo conocí era un país que amaba la mezcla, que sentía que el otro es una invitación, una curiosidad, una posibilidad de colmar el deseo. La mezcla para mí es algo muy natural.

-¿Le interesan especialmente, como reto de construcción literaria, los personajes que viven al límite?

-El peso de las novelas que valoro como lector tiene que ver con la existencia de un personaje de cierta hondura, un personaje entrañable que el lector conservará en su memoria. Y ese tipo de personajes que viven al límite tiene una mayor posibilidad de perdurar. En general mis personajes viven en una relativa normalidad pero con un desvío que puede o pretende crear un efecto sorprendente. La normalidad de una mujer que camina por la calle con sus cabellos teñidos de rojo se rompe cuando sabemos que se dedica a robar obras de arte y dirigir una organización mundial. Ese desvío da pie a que se desarrolle la novela. Me interesan los personajes al límite bajo una apariencia de normalidad.

-En las citas introductorias recurre a Maurice Leblanc, que se preguntaba cómo era posible que no todo el mundo escogiera "el cómodo oficio de ladrón"...

-La lectura de Maurice Leblanc es uno de los elementos que me estimularon para escribir la historia de una ladrona entrañable. En la ficción hay ladrones maravillosos. Leblanc inventa esa figura del ladrón de guante blanco que se ha trabajado mucho en el cine y que a mí me resulta muy seductora. Vivimos en un mundo en el que la maldad es muy zafia, lleno de vulgaridad y de zafiedad. Ella [Emma, la protagonista de El baile de madame Kalalú]es un personaje que está a la caza de la belleza, que intenta llenar el mundo de cierta belleza, de ciertos actos que la generan.

-¿En qué momento se encuentra la narrativa venezolana?

-En un momento muy interesante. Un lector español tiene a mano novelas excelentes de autores venezolanos. Por ejemplo, Patria o muerte de Alberto Barrera Tyszka, ganador del Premio Tusquets. Se va a publicar una novela de Rodrigo Blanco, The Night, en Alfaguara, y recientemente también ha aparecido el libro de cuentos de Juan Carlos Chirinos La manzana de Nietzsche. En pocos meses el lector español va a tener la posibilidad de leer a varios autores de mi país, algo que era inusual hace unos años. En cuanto a visibilidad estamos en un momento mejor, y desde el punto de vista expresivo creo que es una narrativa con ejemplos muy interesantes de mucha calidad y pluralidad. En este sentido soy muy optimista.

-¿Cómo ve el paisaje literario español?

-También soy optimista porque lo disfruto. Hay autores que no me gustan nada y tendencias que me interesan muy poco, sobre todo la de la novela social, pedagógica, la novela del desahucio y de la crisis, que creo, como lector, que se apagará pronto: es una narrativa bienintencionada pero sin interés. Por otro lado, hay autores muy interesantes como Ernesto Pérez Zúñiga, Sergio del Molino, Miguel Ángel Hernández, Blanca Riestra, que ha ganado el premio Torrente Ballester y que es una autora experimental... Son además autores muy distintos a los que leo con mucho placer y cuyos libros espero constantemente. Tienen todos entre 40 y 50 años, pero si vamos más arriba encontraremos también voces interesantes, y también entre la gente más joven.

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