Un poco de jazz, todavía

  • El próximo viernes 10 comienza en Alhaurín de la Torre la nueva edición del Portón del Jazz, que reúne a Robert Glasper, Richard Bona, Marcus Miller y Carmen Souza

Los aficionados malagueños al jazz, ésos que aún sobreviven a duras penas, encuentran cada verano cobijo en el Portón del Jazz de Alhaurín de la Torre, que celebrará su nueva edición a partir del viernes 10 con un cartel reducido a cuatro conciertos que mantiene, sin embargo, el nivel de exigencia al que permanece adscrito el certamen desde sus inicios. A pesar de la clamorosa carencia de espacios y programas para el jazz en la provincia (la idea inicial de convertir el Soho capitalino en un barrio del jazz se fue al garete a costa del arte urbano, si bien enclaves como el Balneario han venido a tomar el relevo), lo cierto es que algo sí está cambiando a favor del género en un territorio hasta ahora demasiado huraño al mismo: la aparición de nuevas escuelas en varios municipios para músicos que deseen adentrarse en sus leyes, la promoción nacional de figuras de aquí como Ernesto Aurignac y la pervivencia (contra pronóstico, tal vez) del Ciclo de Jazz de la Universidad de Málaga evidencian que existe un público inclinado a dejarse conquistar; lo que no hay, de momento, es una oferta a la altura en una provincia que ha dejado con demasiada facilidad que otras le tomen ventaja. La excepción más sana la constituye el Portón del Jazz, una cita que figura ya en todos los mapas de festivales del género en España y que aúna muy distintos atractivos, desde el amparo de la inmediata Costa del Sol al bello entorno en que se alza el escenario, pero que tiene en la calidad de la oferta su primer empeño. Robert Glasper, Richard Bona, Marcus Miller y Carmen Souza conforman un menú ya conocido en gran parte por el público local, pero no por ello menos apetitoso ni menos merecedor de reconocimiento. Cualquier otro festival de jazz que se precie debe considerar que éste es el mínimo nivel exigible si se pretende jugar en serio. De modo que sí, este verano tendremos un poco de jazz, todavía. Y conviene merecerlo.

El Portón abrirá fuego así el viernes 10 con uno de los gurús más apreciados de la fusión, el pianista Robert Glasper (Houston, 1978), que llegará a Alhaurín de la Torre con su último disco publicado en Blue Note, Black Radio (sí, el título es una declaración de intenciones), bajo el brazo. Continuador de la escuela jazzística más próxima al hip-hop, Glasper ha sabido trenzar una carrera desde el lanzamiento de su primer álbum, Mood (2003), inclinada tanto a las formas urbanas como al honor debido a los maestros. A Glasper se le da bien tanto tocar con Kanye West y Jay-Z como revisar la obra de Duke Ellington y Herbie Hancock, y por ello fue de hecho reclamado por Blue Note como exponente de normalización del asunto desde la industria discográfica (un aspecto para el que Blue Note quería mantener a toda costa su condición pionera). Las páginas más felices de la historia de Robert Glasper se firmaron, eso sí, al frente de RCDC Experiment, combo completado con Derrick Hodge (bajo), Chris Dave (batería) y Casey Benjamin (saxo) que ejerce de feroz aquelarre funk con directos incendiarios reclamados en los primeros festivales del mundo. Tal vez el mayor aporte de Robert Glasper al género haya venido de la mano de su aproximación a ciertas tonalidades free desde la monserga del spoken word, una estrategia que le acerca a ciertos compositores contemporáneos y que diluye de manera interesante las fronteras entre el jazz y el minimalismo. El concierto de Robert Glasper servirá en bandeja, por tanto, una oportunidad clave para vislumbrar por dónde respira la fusión y los caminos que sigue el jazz en el siglo XXI para volver al mismo lugar en que nació: la puñetera calle.

La primera vez que Richard Bona (Minta, Camerún, 1967) actuó en Málaga lo hizo en la banda de Pat Metheny en el Teatro Cervantes. Desde entonces su presencia ha sido recurrente pero siempre estimulante, por lo que su regreso al Portón del Jazz el 17 de julio constituye una magnífica noticia. Fue Joe Zawinul quien lo descubrió para Occidente en su My people (1992), y este apunte resulta revelador por cuanto Bona se ha mantenido, más allá de sus orígenes, arrimados a los parámetros de la world music con sabio equilibrio y mayores alcances. Bajista excepcional, cantante virtuoso, compositor tocado de una rara y conquistadora víscera espiritual, el camerunés ha ejercido para Chick Corea, Mike Stern, Bobby McFerrin, Branford Marsalis y el citado Pat Metheny, aunque Richard Bona ha ido siempre por libre (en su momento cobró fama por decir "no" a Eric Clapton). Su discografía no es my extensa, pero Scenes from my life (1997), Munia (2003), African tale (2005), Tiki (2006) y Ten shades of blues (2009) conforman un legado suficientemente diverso e influyente como para ser tenido en cuenta por generaciones venideras. Conviene reparar también en que, con todo su mestizaje, y con el doulala como lengua vehicular en sus canciones (aunque también canta en inglés y francés), Richard Bona es un producto europeo en un porcentaje nada desdeñable; su mayor mérito es, precisamente, haber devuelto el jazz europeo a las esferas de mestizaje y multiculturalidad que lo alumbraron, las mismas que unieron a Stephane Grapelli y Django Reinhardt, a gitanos con payos y a negros con blancos, hasta una síntesis que nutrió al citado Zawinul y otros maestros. La música de Bona es también un bálsamo para la Historia ajeno a los tristes colonialismos.

Y de bajistas seguirá la cosa el 24 de julio con otro viejo conocido, Marcus Miller (Nueva York, 1959), profundo renovador del instrumento para el género y contribuidor clave junto a Jaco Pastorius de la definitiva aceptación del formato eléctrico para la convivencia con el contrabajo. Con una discografía repleta de luces y sombras, que tiene en el disco en directo Live and More (1997) su episodio más feliz, Miller ha forjado una trayectoria memorable también como músico de estudio (tocó en sus primeros pasos para Aretha Franklin y Roberta Flack) y, especialmente como productor: suya es la gestación del Tutu (1986) de Miles Davis, músico con quien también colaboró de manera intermitente en la misma década. Su labor como productor ha conducido a Marcus Miller en los últimos años a trabajar para el cine con varias bandas sonoras, pero su estela más reconocible es la del bajista: sus conciertos son un verdadero espectáculo de virtuosismo, piruetas, armónicos imposibles y amor pleno al instrumento. Lo curioso es el modo en que la práctica instrumental de Miller ha tenido también una influencia decisiva en la producción del jazz: el groove que imprime a las cuatro cuerdas ha sido copiado, reproducido e imitado hasta la saciedad, no sólo por otros bajistas sino como sonido matriz, a modo de standard técnico, para el jazz y el funk. Mención aparte merece su intuición melódica, la orilla en que Marcus Miller más se acuerda de los clásicos con ánimo ciertamente tributario.

El mayor descubrimiento de la nueva edición del Portón del Jazz lo pone la cantante portuguesa de ascendencia caboverdiana Carmen Souza (Lisboa, 1981), que actuará el 31 de julio. En una estela similar a la impregnada por Richard Bona, la vocalista dio sus primeros pasos reinterpretando a su gusto el repertorio tradicional y folklórico de Cabo Verde pero arrimándose sin contemplaciones a Billie Holliday, mezclando ritmos criollos y el canon estadounidense y ganando la atención por igual de los profetas de la world music y de los adalides de las formas más descentralizadas del jazz. Su primer álbum, Kachupada (2012), respondía a esta inclinación con una orientación festiva, aunque lo cierto es que desde entonces su carrera se ha decantado más por el jazz de una manera más evidente, sin renunciar a la singular paleta de su voz. Su segundo disco, Live at Lagny Jazz Festival (2014), resultó ya explícito al respecto con una revisión libre y fresca de un puñado de standards al uso, mientras que su nuevo proyecto de estudio, Epístola, que verá la luz en octubre producido por Theo Pascal, añade aún más matices a la hermosa conjunción atlántica de una cantante honda y a la vez revolucionaria. Souza tendrá como telonero al joven saxofonista gaditano Antonio Lizana, que publicó su primer disco, De viento, en 2012, y que tuvo su formación en el País Vasco junto a Mikel Andueza, Guillermo Klein, Jordi Rossi, Bob Sands, Miguel Blanco, Perico Sambeat, Andrej Olejnizak, y Guillermo McGuill entre otros maestros.

La tercera edición del Concurso Portón del Jazz para grupos emergentes, exposiciones y otras actividades completan una propuesta ideal para saciar la sed. Que no sólo el agua refresca.

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