El joven José de Ribera

  • El Museo del Prado expone por vez primera obras de la etapa de formación del pintor, incluidas las de autoría recientemente asignada.

Por vez primera, el Museo del Prado organiza una muestra que aúna óleos -algunos atribuidos en la última década- de la etapa de juventud del español José de Ribera, quien junto al famoso Caravaggio era considerado la mano rápida de la pintura del principios del siglo XVII en Italia.

Durante varios siglos, diez de los 32 lienzos que expondrá el Prado desde el próximo martes hasta el 31 de julio bajo el título El joven Ribera habían sido atribuidos a otros pintores senza nome (sin nombre). El joven Ribera recorre ahora a través de 32 obras la etapa inicial del pintor desde su llegada a Roma, en torno a 1610, y sus primeros años en Nápoles, de 1616 a 1622. Es decir, "12 ó 14 años iniciales de su carrera", indica Javier Portús, jefe de Conservación de Pintura Española del Prado.

La exposición reúne los cuadros más relevantes de esa etapa temprana de Ribera, aunque lo destacable es ver agrupados en una sala los lienzos del valenciano que habían sido atribuidos al Maestro del Juicio de Salomón, hasta que en 2002 el experto Gianni Papi dio un giro de a esa tesis aseverando que eran la misma persona.

De manera pionera, el Prado reúne en una misma sala telas de las serie de Los cinco sentidos y del Maestro del Juicio de Salomón, que tras atribuirse a Ribera han generado primero polémica y después una revisión de la biografía temprana del pintor, también llamado El españoleto.

El gran problema de esas atribuciones es que Ribera, además de pintar los óleos en cinco o seis sesiones y sobre la tela directamente, tampoco firmaba sus obras sosteniendo una premisa: quien sabe de arte debe de tener ojo para identificar a los autores, señala José Milicua, catedrático emérito de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona. Esa gallardía ha conllevado que todavía los expertos en pintura del siglo XVII de Italia y España sigan indagando en la trayectoria de Ribera (Xátiva, Valencia, 1591-Nápoles, Italia, 1652), por lo que se espera que en un futuro salgan a la luz nuevas obras, comentaron los expertos. Una consecuencia de ello es que se exhiba por vez primera, en el marco de El joven Ribera, una nueva atribución, El martirio de San Lorenzo, que alberga la Basílica del Pilar de Zaragoza.

La resurrección de Lázaro es la otra obra clave de la muestra, que adquirió el Prado en 2001 en Nueva York y ha sido una de las piedras angulares en la documentación histórico-estilística de la juventud de Ribera en Italia. Cuando el Prado, la pinacoteca en pintura clásica española más importante en el mundo, compró ese cuadro hubo una gran controversia sobre la autoría, que Milicua atribuye a la falta de preparación de los quienes cuestionaron su autenticidad.

Determinar si un cuadro es "riberiano" no es sencillo, porque los primeros años de El españoleto en Italia fueron de búsqueda de estilo. En El joven Ribera se perciben los tanteos caravaggianos del pintor español, que indudablemente es considerado uno de los grandes maestros de la pintura española del Siglo de Oro.

La relevancia de la muestra está en que expone cuadros que, en primer lugar, no tiene el museo -salvo El Lázaro- y, en segundo plano, denota cómo el artista evolucionó a pasos agigantados experimentando con las texturas y los tonos de la piel de sus personajes. Esa fase experimental durante los 12-14 años que aborda la exposición devendría en la adscripción del español a la vanguardia del siglo XVII en Roma y Nápoles, el realismo, olvidándose de lo que había aprendido en Valencia, su tierra natal.

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