'No sé decir adiós', lágrimas y vínculos familiares con primeros aromas a Biznaga

  • Lino Escalera dirige a Nathalie Poza, Lola Dueñas y Juan Diego en un drama cuyo pase cosechó ayer un prometedor recibimiento

Emilio Palacios, Lino Escalera, Nathalie Poza y Juan Diego, ayer, en el Muelle Uno. Emilio Palacios, Lino Escalera, Nathalie Poza y Juan Diego, ayer, en el Muelle Uno.

Emilio Palacios, Lino Escalera, Nathalie Poza y Juan Diego, ayer, en el Muelle Uno. / jorge zapata / efe

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Hubo lágrimas durante la proyección y también durante la rueda de prensa posterior. Tal vez tuviera algo que ver la recién inaugurada primavera y sus dichosas alergias, pero precisamente la sesión culminó con una impresión general de que el proyecto olía a Biznaga. No sé decir adiós es el primer largometraje de Lino Escalera, realizador curtido en el corto (especial recuerdo conserva el Festival de Málaga de Elena quiere, presentado aquí en 2007) que ha dirigido para la ocasión a Nathalie Poza (cuya interpretación fue ayer singularmente celebrada: si No sé decir adiós huele a Biznaga, por aquí van los tiros), Lola Dueñas (con iguales y felices consecuencias), Juan Diego, Miki Esparbé y Emilio Palacios, entre otros. Con una sencillez formal y argumental aplastante, el filme presenta un drama familiar en el que una hija distanciada de su padre recibe la llamada de su hermana, quien le confirma que el progenitor de ambas se encuentra muy enfermo. Comienza a partir de entonces una huida hacia adelante en la que hay pretensiones de recuperación del tiempo perdido y en la que destaca la exposición cristalina de los sentimientos. "Queríamos indagar en el modo en que se desarrollan los vínculos familiares cuando se da el trasfondo de una muerte", explicó Escalera, quien esbozó una primera historia y encargó el desarrollo del guión a su mano derecha Pablo Remón: éste acababa de perder a su padre, "así que la escritura fue un proceso complejo y a la vez catártico, en el que sentí una gran liberación cuando lo terminé. Además, era la primera vez que escribía un guión con protagonistas femeninas. Pero creo que, a la hora de afrontar las pérdidas, las emociones suceden de forma parecida en todas las personas".

Nathalie Poza destacó la calidad "extraordinaria" del guión: "De entrada, era muy fácil sentirte identificada. Todo el mundo, a cierta edad, ha sufrido una pérdida así. Sentí que el guión me leía, pero a la vez me esforcé para ser fiel a la historia, porque no era la mía, sino la de Carla, el personaje al que interpreto. Dediqué especial atención a las cosas que mi personaje no dice, las que se calla, porque son esas cosas las que aborda fundamentalmente la película. Ha sido un viaje privilegiado". Juan Diego también compartió con generosidad, como suele, sus impresiones del rodaje y del resultado final: "La gente se muere, ama, se rompe una pierna. Vive. El cine y la literatura ha contado esto ampliamente. A todos se nos ha muerto alguien, el dolor es algo que nos une. Pero el logro de esta película, que es verdadero cine, no es tanto lo que cuenta, sino cómo lo cuenta, hasta que nos reconocemos en ese dolor". En mayo llegará a las salas tan delicado envite.

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