Los (largos) territorios de la comedia

España, 2011. Comedia. Dirección: David Marqués. Guión: Rafael Calatayud Cano, Kiko Martínez. Intérpretes: Diego Peretti, Patricia Montero, Fernando Tejero, Pepe Sancho, Hugo Silva, Laura Pamplona.

Un amigo especialmente cinéfilo me plantó un día la siguiente sentencia: "La catadura moral de los personajes del cine español es desoladora". Y se quedó tan fresco. Razón no le falta, pero también hay excepciones. En fuera de juego, otra película de fútbol (y van...), reúne a unos protagonistas blancos, amables, entrañables, cuyos únicos pecados son la codicia y creerse más de lo que son (en el fondo, ambos son el mismo). Pero, por el camino, tienen tiempo de pagarlo caro y hasta de redimirse y entrar en razón. El ánimo de David Marqués es así limpio y familiar, no más que el de entretener sin necesidad de acudir a lo escatológico, a lo rudimentario o a lo vergonzoso. Y tal empeño resulta loable. Lo que ocurre es que cada uno se entretiene con lo que puede. El problema vuelve a ser la misteriosa razón por la que la comedia en el cine español parece destinada a ser el eterno producto de usar y tirar. El argumento de En fuera de juego queda planteado en sus diez primeros minutos y, a partir de ahí, se trata de estirarlo todo hasta llegar al final, que también se ha anunciado en el mismo plazo, con lo que el aburrimiento es inevitable. Entretener al público es un objetivo ciertamente loable, pero ¿tiene ello que implicar necesariamente que el público olvide el filme media hora después de haberlo visto? ¿Quizá es que me he equivocado de festival? ¿O de qué público estamos hablando? Ni uno solo de los chistes de esta película merece ser recordado. Cada presunta novedad en el argumento ha sido prevista ampliamente antes. Y todo se queda en ese saborcillo bien intencionado que dura menos que nada. Lo más triste es que el cine español parece empeñado en transitar por un único territorio de la comedia, el más fácil (¿rentable?) pero también el más perdurable, cuando el género los tiene a cientos. El territorio de esta película es el mismo, blandito y pasajero, además de largo, larguísimo, hasta el bendito fin.

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