Con las letras, aún, a la misma parte

  • La Feria del Libro inaugura hoy en el Paseo del Parque su edición más reducida y polémica, con 46.000 euros de presupuesto, 28 expositores y el debate abierto en torno a su ubicación, formato y fechas.

Dos señoras viajaban en un autobús de línea el pasado miércoles por el Paseo del Parque. Una de ellas, al ver los puestos de la Feria del Libro sin instalar en la acera, dijo a la otra: "Mira, ya están quitando la Feria del Libro". Lo que los operarios hacían era, claro, justo lo contrario: montarla. Semejante confusión puede considerarse una mera anécdota, pero también un síntoma de la desconexión que viven la Feria del Libro de Málaga y su ciudad. La agenda anual de actividades del Paseo del Parque es ya notoria y nutrida (el citado certamen toma el relevo de la Semana del Mayor, en la acera contraria), y la feria termina diluida entre convocatorias festivas, sociales, culturales, folklóricas y tradicionales de la más diversa índole con la dificultad manifiesta de hacerse notar. La cuestión no es baladí, en el sentido de que la Feria del Libro no es sólo un motivo más para acercarse el domingo al Parque, sino una cita que debería servir de balón de oxígeno a un sector, el editorial, que atraviesa un delicado proceso de reconversión y que sufre también de manera directa los envites de la crisis, por más que siga constituyendo uno de los bastiones fundamentales de la industria cultural, también a nivel local. Así que la Feria del Libro inaugura hoy en el mismo enclave (lo hará de manera oficial a las 12:00, aunque el poeta Francisco Ruiz Noguera pronunciará el procedente pregón a las 20:00 en el Salón de Actos del Rectorado) su 42ª edición, la más recortada y polémica, y en la que el debate sobre su oportunidad, formato, sede y fechas, así como la implicación de las administraciones públicas, se muestra más candente (y urgente) que nunca. La feria se mantendrá en pie hasta el día 10 con sus actividades habituales pero un inevitable aroma de supervivencia en su programa.

El presupuesto de la edición que hoy arranca se cerró finalmente en 46.000 euros, la mitad del aprobado el año pasado y el mínimo imprescindible para la celebración del encuentro. De hecho, la Asociación de Libreros, que organiza la feria y que preside Rafael Hervias, no tuvo asegurada su celebración hasta hace algunos meses. Y equipamientos como las instalaciones del aire acondicionado no han estado garantizados hasta hace días. En consonancia, el número de expositores se ha reducido hasta 28 (un 25% menos respecto a 2011), con ausencias en cuanto a librerías tan significativas como las de Luces y Fnac y después de haber prescindido incluso de la caseta de información y la megafonía. La reducción del presupuesto obedece, en esencia, a una menor inversión pública: la Junta de Andalucía, la Diputación y el Ayuntamiento han reducido notablemente sus aportaciones económicas, de manera que sus aportaciones más significativas son sus respectivas programaciones de presentaciones y encuentros con autores, a través, respectivamente, del Centro Andaluz de las Letras, el Centro Cultural de la Generación del 27 y el Instituto Municipal del Libro. El Ayuntamiento, además, se hace cargo de la seguridad del recinto. Pero lo cierto es que sin un presupuesto mayor la Feria del Libro está condenada a una extinción inmediata. Por ello, el mismo Rafael Hervias anunció en su día la próxima creación de un nuevo órgano gestor para la Feria del Libro (se constituirá oficialmente durante la nueva edición) con el objetivo principal de buscar nuevos cauces de financiación en dos contextos bien delimitados: las ayudas a la producción cultural de la Unión Europea y los agentes del sector privado que puedan participar como patrocinadores.

Pero, aunque la causa económica revista una urgencia determinante, la Feria del Libro reclama una reforma profunda de su formato que tampoco debería contemplarse a un largo plazo. A tenor de las reuniones celebradas durante el curso que ahora acaba con los técnicos municipales, la organización de la feria confiaba en que la edición que hoy arranca podría celebrarse en la recién remodelada Plaza de la Merced, una ubicación que concedería una mayor conexión al certamen con la refriega diaria, una mayor presencia en el centro de la ciudad y una salida al paso más natural; pero, finalmente, el Ayuntamiento desechó la posibilidad por cuestiones relacionadas con la disposición del suelo, aunque también entraron en juego algunos acuerdos anteriores con los vecinos, afectados después de años de botellón. La Junta de Andalucía ha abogado en diversas ocasiones por trasladar la feria a la Plaza de la Constitución y la calle Larios, otra idea que el Consistorio no comparte dada la sobreexplotación expositiva de la primera arteria de la ciudad y a la reducción del espacio peatonal que implicaría la instalación de los puestos. La cuestión de las fechas también da lugar a posiciones encontradas: la Junta, así como algunos libreros, llevan años solicitando que se adelante la convocatoria en el calendario a las primeras semanas de mayo para evitar la coincidencia con la Feria del Libro de Madrid, lo que a su juicio reduce la presencia en Málaga de autores relevantes. El Ayuntamiento considera esta propuesta inviable ya que obligaría a celebrar la feria de manera inmediatamente después del Festival de Cine Español. Tampoco faltan libreros que juzgan positiva la coincidencia con la cita madrileña por la presencia mediática que arrastra. O dicho de otra manera: la necesidad de un cambio es compartida, pero los motivos que obstaculizan por el momento ese cambio sigue pesando más que la misma necesidad.

De cualquier forma, la Feria del Libro de Málaga se celebra esencialmente de la misma forma desde hace cuarenta años, y resulta evidente que en una época en la que las redes sociales han modificado radicalmente la relación entre escritores y lectores, y en la que el libro electrónico es ya un complemento extendido del papel, el mero hecho de amontonar novedades editoriales en un lugar distinto del habitual ya no ejerce atractivo alguno. La caída en cuanto a visitas y volumen de ventas es una tónica general desde hace años: otras ferias andaluzas ya celebradas este curso, como las de Granada y Córdoba, han cerrado con pérdidas de hasta el 20% respecto a 2011, y en Málaga la situación no es diferente. ¿Tiene sentido la Feria del Libro? Seguro que sí. Pero hay que pensarlo. Mientras, lean y disfruten. El placer, al cabo, es lo único que no se resiente.

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