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"Este libro ha sido una forma de reivindicar la vida de barrio "

  • Con la novela 'Niños de tiza', David Torres vuelve a los años 70 y refleja el contraste de su infancia con la actualidad

A las puertas del final de la Feria del Libro, el escritor madrileño David Torres se ha paseado por las calles de Málaga para firmar a los lectores su último libro, Niños de Tiza, ganador del Premio Tigre Juan de Novela. Su última obra es un evocador retrato de la nostalgia, el amor y la infancia.

-¿Qué pretendía retratar con su libro Niños de tiza?

-A través de esta novela negra he pretendido en todo momento realizar una especie de retrato de mi generación, la generación del 70. He querido reflejar el contraste que existe entre los niños de aquella época jugando a las chapas o al futbolín, muy alejada de la vida política y de los debates; y los de hoy en día que no se les ve el pelo. He querido, de alguna manera, corregir el exceso político marcado por la muerte de Franco y su dictadura. Ha sido una forma de reivindicar la vida de barrio.

-¿Puede ser que el niño que fue David Torres Ruiz aparezca en su libro?

-Íntegramente no. Pero no es una excepción que en la novela se esconden algunos trozos de mi infancia y la de mis amigos. En general, la escenografía, los decorados, tienen que ver bastante con mis recuerdos. Lo que más me interesaba en la escenografía de este libro era recuperar toda esa vida de barrio de los que crecimos a los finales de los 70, de quienes no tenemos recuerdo más verdadero de la muerte de Franco que tres días de vacaciones en el colegio. Siempre tenemos que saber que detrás de todo adulto siempre hay un niño, si no, no vale la pena.

-Ha recuperado a Roberto Esteban, el protagonista de El gran silencio en su último libro. ¿Cuál es su papel en Niños de tiza?

-Es el protagonista y narrador de esta novela negra. Para mí, la concepción de este tipo de género está ligada a la primera persona. Aquí Roberto Esteban ha madurado e intenta redimir un error del pasado, la muerte de una niña. El personaje mantiene las metáforas de El gran silencio: el cristianismo, la pasión y la redención. Me ha servido mucho para dibujar lo que fue la nostalgia, el amor y el paraíso perdido de la infancia de los barrios, entre traficantes de heroína y bandas callejeras.

-¿Echa de menos a esos niños de pantalones cortos de la generación de los 70?

-A los de mi generación no les echo de menos, son mis amigos. Aunque comparándolos con los niños de ahora sí. Actualmente, los niños tienes sus propios fines, no los veo por las calles y eso es algo que sí echo mucho de menos.

-¿Qué ha sido lo más difícil de plasmar en Niños de tiza?

-En una obra de estas características, siempre lo más difícil de plasmar es el tono de humor y de nostalgia y, al mismo tiempo, salvar el lenguaje y la visión de la infancia.

-¿Algún proyecto de futuro?

-Tengo varias ideas girando por mi cabeza. Me gustaría escribir algo que fuese de humor, pero puede que salga o no.

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