"Me llaman moderno y me dan ganas de un bocata de calamares"

  • A su manera, así se mueve Lucas Martín Jurado (Úbeda, 1981), un poeta disfrazado de periodista que no se reconoce en el panorama literario español de hoy. Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolam 0.5 (Alfama, 2008) es su último poemario

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A su manera, así se mueve por el mundo Lucas Martín Jurado (Úbeda, 1981), un poeta disfrazado de periodista que no mira el reloj que no tiene ni se reconoce en el panorama literario español de hoy. Anotaciones a la gran ópera del pequeño Alprazolam 0.5 (Alfama, 2008) es su último poemario.

-¿Qué relación mantiene con la ópera?

-Sinceramente no creo que el libro sea un tratado del ritmo o una cosa para los bailes o ni siquiera una metáfora para los salones enfermos de hidalguía y señoras de estar. Más bien es autobiográfico. Insensato, pero autobiográfico, como casi todo en la vida. Surgió en un periodo en el que de repente los problemas imaginarios corrieron sólo un poco más que los reales y acabaron trastabillándose y formando un puré de patatas con problemas de verdad. En casa se rumoreaba que ya nunca llegaría a notario.

-En el título de su poemario se descubre una conocida marca de ansiolíticos, ¿estamos ante un nuevo modernete de la poesía española?

-Si se refiere a si pretendo pasar por maldito o simplemente pasar, la respuesta me deja más frío que un andamio en Estocolmo. Hoy en día no se puede ser maldito, la única biografía decente es aquella en la que el poeta se encuentra con la muerte por azar, decir por ejemplo "murió en un accidente doméstico mientras preparaba la edición de su segundo poemario" o "se puso hasta el tuétano de garbanzos y se olvidó de respirar", pero todo eso no depende de mí. Hasta ahora la muerte ha tenido la amabilidad de evitarme y espero que la cosa siga así. Cada vez que me tildan de moderno me dan ganas de comerme un bocata de calamares en una exposición de pintura japonesa y hablar con la boca llena. Pretencioso, claro que lo soy, porque viene de la palabra pretender, y eso es el querer, como decían los letristas de copla.

-En el prólogo de su primer libro decía: "Escribo porque mi única hendidura tiene que ver con lo imposible, porque me persigo". ¿Lo mantiene?

-También decía: "el acto de escribir se parece a una mañana en la que después de cagarnos en la existencia, en la patria o en Carrefour, acabamos por sernos más en la flor del tomate que en cualquier numeral con gabardina". Luego pensé que no había que ponerse así, que no me habían hecho nada los supermercados franceses y que tampoco hay que hablar del ser con tanta laxitud moral, sino todo lo contrario, es decir, con mucha más.

-¿Suda mucho en las presentaciones?

-Sí, y en la ducha.

-Poeta y periodista, sólo le falta ser licenciado en Derecho para ser el escritor medio español.

-Lo primero lo soy por necesidad, lo segundo por condena, y el Derecho y ser escritor nunca me han interesado. Y miento mucho, por cierto.

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