Bajo una lluvia de caramelos

  • Los Reyes Magos llegaron del lejano Oriente a bordo de un velero y unos 300.000 ciudadanos se echaron a la calle para recibirles · La cabalgata mejoró notablemente la puesta en escena de las tres comitivas reales

La Reyes Magos alejaron ayer a las nubes de la capital y trajeron la mayor lluvia de caramelos que se recuerda. Hasta nueve millones de unidades, más que nunca en la historia de la cabalgata malagueña. Antes de repartir sus regalos, también lanzaron muñecos de peluches, pero sobre todo ilusión. Las calles de la ciudad eran un clamor, de hecho, según la Policía Local, casi 300.000 ciudadanos acudieron a la llamada de las trompetas medievales que mucho antes de las cinco de la tarde, ya anunciaban la inminente llegada desde el lejano Oriente de los Magos Reales.

En torno a las 17.00, algunos minutos después de lo previsto según el programa oficial, se divisó en el horizonte del Puerto de la capital al velero donde viajaban sus Majestades. Las obras del Palmeral de las Sorpresas condicionaron la recepción, cuyo enclave forzado junto al edificio de la Autoridad Portuaria, resultó mucho más acogedor que el anterior, ubicado en el muelle 2. Los Magos pisaron tierra malagueña a las 17.15, cuando fueron recibidos por el alcalde Francisco de la Torre y distintos miembros de la Corporación Municipal, incluidos Marisa Bustinduy y Pedro Moreno Brenes, los líderes de los dos partidos de la oposición.

La ciudad, casi al completo, estaba esperando. Y a los sones del popular villancico Ya vienen los Reyes Magos, sus Majestades subieron al trono real, para saludar. Antes de iniciarse el desfile, el niño Daniel Castillo López, alumno de 9 años del colegio San Pablo, en representación de todos los niños y niñas de Málaga, leyó una carta a los Magos. Les reprochó a sus Majestades que todos los años tenía que pedir paz para el mundo. Y les dio la bienvenida.

Para celebrar la Epifanía del Señor por las calles malagueñas, los Reyes vistieron sus mejores galas. Melchor lució unos ropajes clásicos en tonalidades marrones, inspirados en la edad medieval. Sus pajes, a juego con él, portaron una casaca color calabaza y un sombrero cilíndrico. El traje de Gaspar ya se conocía, pues al ser el Mago cofrade, se presentó con anterioridad en la Agrupación de Cofradías. No le faltó el tradicional guiño cofrade en la corona, con forma de pequeño capirote. En este caso fue de color rojo, como los nazarenos de la cofradía de los Estudiantes. Baltasar, por su parte, lució unos pantalones bombachos de corte oriental y un gran turbante con una pluma celeste y mucha pedrería.

Pero si los trajes, realizados por la modista malagueña Sara Luque según diseño de Jesús Castellanos, fueron espectaculares, la corte real de los tres Magos no se quedó atrás, sobre todo en comparación a las ediciones anteriores de la cabalgata. En este aspecto, el desfile ha dado un paso adelante, aunque debe mejorar la puesta en escena de las carrozas reales, a las que le falta mayor espectacularidad. El primero de los reyes, llevaba la comitiva más imponente, un grupo de pajes llegados desde tierras italianas, que portaron grandes banderas medievales, con las que realizaron vistosos malabares. La comitiva de Gaspar estuvo inspirada en criaturas mitológicas y la de Baltasar, que bailó al ritmo de tambores y timbales, pertenecía a distintas tribus de color.

Los malagueños querían caramelos y los Reyes les complacieron con hasta 27.000 kilogramos. A ninguno de los tres Magos se les puede reprochar que ayer no tiraran, demostraron estar en buena forma. Melchor, quien estuvo asesorado en los días previos por el periodista Ignacio Martínez, director adjunto de Publicaciones del Grupo Joly, aunque a su llegada en barco se mostró más comedido que sus compañeros de viaje, el contacto con los niños hizo que se soltase poco a poco. Gaspar, a quien el cofrade Pablo Atencia ha ayudado en los últimos días, no paró de agitar sus brazos en todo el recorrido, quería saludar a todos los malagueños. Baltasar, por su parte, estaba como loco. De alegría. Para el Rey negro, todo fueron sonrisas. Parece que siguió los consejos del concejal Manuel Marmolejo, que además de pedir cosas para el Distrito de Bailén-Miraflores, seguro que también le dijo que a los niños malagueños les gusta mucho reírse.

Con una sonrisa en la cara, seguramente, se fueron a la cama anoche la mayoría de ellos. Con cientos de personajes infantiles en la cabeza y con la ilusión de que ya llegaron los Reyes Magos.

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