Entre todos la mataron...

  • La inauguración de la Feria del Libro sirvió ayer para dar cuenta de su discreción y considerar que el cambio de modelo reviste una urgencia propia de corazón abierto

Si el alcalde, Francisco de la Torre, se planta en pleno Paseo del Parque y pronuncia un encendido elogio del libro de papel frente a los envites del ebook y otros soportes digitales, es que ha empezado la Feria del Libro de Málaga. El primer edil, como es costumbre, invitó a todos los malagueños a que visiten la Feria y den buena cuenta de sus ofertas, elogió la calidad y cantidad de las bibliotecas de la ciudad y recordó, de paso, frente a algunas informaciones que han circulado en las últimas semanas, y por más que el mismo Ayuntamiento enviara en su día a los medios una nota oficial en la que anunciaba los recortes económicos para esta edición, que el presupuesto municipal para la causa se ha mantenido en 70.000 euros, eso sí, "entre dinero y especie". Pero, de cualquier forma la Feria del Libro echó ayer a andar y lo seguirá haciendo hasta el día 10, con sólo 28 expositores (un 25% menos que el año pasado), sin caseta de información, sin azafatas, sin las entrañables papeletas para los viejos sorteos de libros, sin megafonía y sin la otrora estimulante presencia de la Banda Municipal, que se reserva su participación en el certamen para mañana domingo, en la Plaza de las Flores y en su horario matinal acostumbrado.

En consonancia, los comentarios de los primeros curiosos que ya durante la mañana se acercaron ayer a tantear los puestos iban dirigidos, de manera casi unánime, a subrayar lo reducido de la Feria del Libro. Un joven que llevaba una carpeta de la Universidad de Málaga decía a un amigo: "La Feria del Libro se parece cada vez más a la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión". Y en la otra acera, los puestos de la Caseta del Mayor seguían convocando a más gente. Isabel Hernández, responsable en Málaga de la Casa del Libro, admitía que no esperaba demasiado de la Feria "después de cómo ha ido la cosa en Granada, Córdoba y Sevilla, pero la verdad es que el año pasado, cuando llegamos a la Feria del Libro de Málaga por primera vez, no nos fue mal. Si logramos igualar las ventas, nos daremos por satisfechos". Eso sí, lo que se hacía más arduo era la exposición al sol en un Parque nada pródigo en sombras y con el verano ya armado por derecho: "Lo peor son las mañanas, hay que echarle paciencia. Las condiciones no son desde luego las mejores".

Por la tarde, la tónica era más o menos la misma, sin demasiada gente más allá de algunos curiosos y una indefinición que convertía a la Feria del Libro en cualquier otra cosa. Al menos, los niños de la Pequeteca armaban de vez en cuando algún barullo para recordar que por allí había vida. Y el magnífico pregón inaugural de Francisco Ruiz Noguera, en el Rectorado, recordó con lucidez para qué diantre se monta todo esto: para el disfrute y la celebración de la literatura. Una escritora malagueña vinculada a la Feria recordaba el dicho popular poco antes: "Entre todos la mataron y ella sola se murió". Pues eso. Hace falta otra Feria ya, antes de que sea tarde y ni siquiera merezca la pena.

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