"En la moda de los contratenores hay mucha superficialidad"

  • El contratenor italoespañol Flavio Ferri-Benedetti publica en el sello Panclassics un recital de arias escritas originalmente para el castrato Domenico Annibali (c.1705-1779)

arias for domenico annibali

Flavio Ferri-Benedetti. Il Basilico. Panclassics

Flavio Ferri-Benedetti (Scandiano, 1983) llegó a Castellón siendo un niño y allí mantiene su residencia. Doctorado como filólogo en Valencia, estudió en la Schola Cantorum de Basilea con Gerd Türk y es uno de los contratenores españoles con una más intensa carrera internacional. Este es su tercer disco como solista.

-Quién era Domenico Annibali.

-Era un castrato del que hoy no se habla mucho, pero en su época fue una gran figura. Era natural de Las Marcas, en el centro de Italia, una zona famosa por haber dado varios castrati muy buenos. Estudió con Benedetti… (una casualidad, la coincidencia con mi apellido, que me encanta). Un cazatalentos enviado a Italia por el rey de Polonia desde su corte de Dresde lo encontró en Parma y lo contrató. Su base operativa estuvo siempre en Dresde. Allí empezó su carrera, aunque luego cantó en Roma, en Venecia e incluso en 1737 estuvo en Londres, cantando para Haendel, que le escribió tres óperas (Arminio, Giustino y Berenice). Se hizo muy famoso; las fuentes nos informan de que tenía una gran humanidad y un buen don de gentes, era simpático, amable y patrocinó a pintores y otros artistas. En Dresde trabajó muy estrechamente con Hasse, que escribió muchas óperas para él; en casi todas cantaba con la gran Faustina Bordoni. Fue una carrera envidiable de más de 20 años. La década de 1730 fue la de su absoluto esplendor. En los años 60 se retiró a Roma, donde murió.

-Por las arias que le escribieron, ¿podemos hacer un primer acercamiento a su voz?

-Me gustó mucho su tesitura, que se mueve en un registro medio, que me viene fenomenal. No era un contralto, como Senesino, ni un soprano, como Farinelli. Haendel le escribió algún sol agudo, pero no sube más, y por abajo no llega a los niveles de un Senesino. Ideal para mi voz.

-¿Cómo seleccionó este programa para el disco?

-Ha sido difícil, porque había tantas obras... Nos ha llevado mucho tiempo. A mí, a la orquesta, a un musicólogo que nos ha ayudado desde Dresde… Nos salieron tantas arias interesantes que podría haber hecho tres discos. Ha sido doloroso elegir. La mitad del disco es primera grabación mundial. Pude hacer medio disco Haendel, pero habría sido una pena dejar de lado cosas que no han sido grabadas nunca. Busqué el equilibrio, poniendo dos arias de los compositores más conocidos (Haendel, Porpora, Hasse) y un aria de los más raros, como Francesco Feo o Gaetano Latilla, cosas que no estaban grabadas. Del aria de Zelenka sí que hay una grabación que hizo Alex Potter, pero el aria me gustaba tanto que quería hacerla yo también. Intenté mezclar aria lenta con aria rápida. Pero no había tantas lentas. En la época, el aria patética iba a menos. Domina el aria de bravura, porque era lo que el público pedía.

-¿Cuáles son las principales dificultades de estas arias?

-Lo típico del bel canto pleno. La coloratura: por ejemplo, en el aria de Ristori hay pasajes con sesenta notas y uno que llega a las cien. Cuando vi la partitura me quería morir. Luego están también los saltos interválicos grandes, y en las arias lentas, las líneas largas, el legato, que no es un invento romántico, ya estaba en los tratados de los castrati, aunque ellos lo llamaban portato. También los trinos: por ejemplo en "Qual turbine che scende" de Germanico in Germania de Porpora hay escalas descendentes de trinos, en cada nota, un trino. Son dificultades técnicas que se tardan años en aprender. Luego, muy importante, la expresión del texto.

-Usted como filólogo tiene más fácil entender su importancia…

-Sí, claro me gusta mucho. En un par de actos públicos en los que presenté el disco hubo una pequeña polémica por esa aria de Porpora, que también grabó Max E. Cencic en su último disco. Yo no tenía ni idea de esto. Se trata de un aria de venganza, muy agitada, con escalas de fusas en los violines. Yo lo he hecho a mi manera, furioso, vengativo; y a veces suena feo, porque no tiene que sonar todo bonito. Si yo digo que me voy a vengar y voy a caer sobre tu cabeza como un rayo no puedo cantar como si estuviera hablando de amor. Y me daba miedo escuchar la versión de Cencic, porque pensaba que seguro que la había cantado más rápido o había hecho algún efecto especial, y cuando la puse resulta que la ha cantado como un andantino. No lo entendí mucho.

-¿Qué piensa del momento de esplendor que están conociendo los contratenores en la ópera barroca?

-Por un lado, me alegro porque ya no hace falta reivindicar su presencia en los teatros, pero me parece que nos estamos pasando un poquito. Se ha convertido en una moda y a veces te venden cosas que no están bien técnicamente solo por el hecho de que las canta un contratenor.

-¿La moda es peligrosa?

-Sí, en esta moda hay mucha superficialidad. Dan papeles a chicos muy jóvenes, que no están preparados, por el simple hecho de que es contratenor y a lo mejor por tener un buen físico. No siempre se tiene en cuenta la calidad musical, y esto es peligroso.

-Sus dos anteriores discos de solista los grabó con Il Profondo, un grupo de continuo. Aquí ya hay una orquesta detrás. Qué puede decirme de ella.

-Creé Il Basilico durante mi etapa de estudiante en Basilea. Básicamente es un conjunto de cámara. Pero como quería hacer un disco de arias de ópera y a los de Il Profondo no les apetecía hacer algo tan orquestal, cogimos Il Basilico y lo ensanchamos. Porque con arias así no vale con dos violines, necesitas al menos seis, para conseguir un sonido más grueso. Eva Saladin, nuestra concertino, me ayudó a hacer la selección, y acabamos con dos claves, que da un sonido estéreo magnífico, como en los teatros barrocos. La orquesta suena como yo había soñado cuando era pequeño y me imaginaba hacer algo así.

-¿Y cómo terminó este disco en Panclassics?

-Yo tenía la intención de hacerlo de forma independiente como el anterior, pero me encontré un poco por casualidad con Michael Sawall, el jefe de producción de Note 1, que es la compañía que tiene Glossa, Panclassics y otros sellos… Se interesó, me lo pidió, le encantó… Y yo muy contento.

-Canta poco en España.

-Si no lo hago más es porque no me llaman. O no me conocen o se piensan que estoy en Alemania, pero yo vivo en Castellón de la Plana [risas].

-¿Por qué no termina de consolidarse la ópera barroca en España?

-Falta atrevimiento. A los teatros españoles todavía les da miedo hacer barroco, pero cuando se programan óperas barrocas los teatros se llenan y a la gente les encanta. Luego hay otro problema, y es que para hacer una ópera barroca tienes que contratar una orquesta barroca, porque si lo haces con la orquesta del teatro suena bastante mal. Eso lo hace más caro, y todos sabemos la situación con la crisis. En España es ahora muy complicado.

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