Tres mujeres y una sola realidad

Tras su inauguración en Madrid el pasado 2 de febrero, llega el espectáculo Mujeres dentro del ciclo Flamenco viene del sur, mostrándonos la unión de tres generaciones de bailaoras dentro de una misma realidad flamenca en una sucesión de números que no sigue ningún hilo conductor.

Una presentación de las bailaoras armadas por un atributo identificador -el abanico en Belén Maya, el mantón en Merche Esmeralda y las castañuelas en Rocío Molina- da lugar al enfrentamiento de Belén al público, en un recorrido por tangos en el que despliega su baile: asimetrías, poses geométricas, multiplicidad de pasos en breves espacios musicales, equilibriosýpero, como sucede a menudo en su estilo, nos encontramos huérfanos de emoción ante tanta complejidad técnica.

A continuación, bailan las tres artistas por granaínas rematadas por los fandangos llamados de Pérez de Guzmán -y no por jaberas como dice el programa-, donde hay un predominio del movimiento de brazos. El ritmo de los fandangos no se marca en toda su intensidad, por lo que resulta falto de empuje.

En el interludio, los cantaores -destacando a Antonio Campos- nos deleitan con livianas y cantes de arar, un loable ejercicio de recuperación de cantes casi olvidados por apenas ser cantados.

La soleá en la voz de Tamara Tañé anuncia el baile de Merche Esmeralda. Con la elegancia y exquisita feminidad que la caracteriza, la maestra sevillana nos seduce y atrapa con su arte, contoneándose y doblando la cintura, alzando los brazos y creando estampas de infinita plasticidad.

Al son del Romance de Bernardo el Carpio y el Romance de Zaide, Belén Maya y Rocío Molina hacen un paso a dos de gran belleza, en el que la danza toma el protagonismo, en un alarde de compenetración y dominio técnico del cuerpo.

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