Las musas reproducidas

  • El Museo Picasso celebra la semana que viene el seminario 'Los mundos del grabado', en el que varios expertos revisarán las claves históricas y estéticas de esta técnica, así como su notable incidencia en la Málaga de los 70

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Por más que la unicidad y lo irrepetible de las obras hayan constituido la gran seña del arte a lo largo de la historia de la humanidad, los ingenios creados y puestos en marcha para la reproducción de esas mismas obras son antiguos como el propio arte. El grabado tiene sus orígenes en las milenarias xilografías orientales y desde entonces ha pervivido como práctica imprescindible adoptada por genios de todo corte, en sus más diversas manifestaciones, de la litografía al aguafuerte pasando por la linografía, el aguatinta y la monotipia, sólo por citar las técnicas directas e indirectas más frecuentes. En Occidente experimentó su apogeo definitivo en el Renacimiento, cuando el arte pasó a considerarse la expresión humana más sublime al ser capaz de mantener incorrupta la naturaleza representada; por más que la obra de arte llegara a convertirse en objeto de veneración, la posibilidad de multiplicarla y divulgarla se vinculó directamente al humanismo. La aparición de la imprenta contribuyó de manera decisiva a la popularización del grabado, especialmente asociado a las ediciones literarias. Ya en el siglo XX, la fotografía, su inmediatez y sus facilidades reproductivas amenazaron con enviar a las artes gráficas al baúl de los desusos olvidados; sin embargo, la absorción del arte por parte de los mercados financieros insufló oxígeno al grabado al convertirlo en un medio idóneo para la accesibilidad de las alicaídas clases medias (y posteriormente de las instituciones públicas) al mundo de la compraventa. Además, frente a la crisis de la pintura, perdida su vieja hegemonía, la reproducción configuró pronto su espacio propio a base de museos, ferias y todo tipo de muestras, bendecidas por el halo romántico que su rudimentaria tecnología desprende. El grabado, quién lo iba a decir, sigue en racha. Posiblemente, más que nunca.

Ahora, el Museo Picasso Málaga dedica a este fenómeno su segundo seminario de este año, Los mundos del grabado. Colecciones, técnicas, malacitanos, que se celebrará en el Palacio de Buenavista la semana que viene, del 27 al 29 de noviembre, a lo largo de tres jornadas en las que intervendrán nueve expertos en la materia de indudable solvencia, entre ellos el académico delegado de la Calcografía Nacional, Juan Bordes; el técnico Atelier de la Chalcographie, Réunion des Musées Nationaux de París, François Baudequin; el técnico grabador francés Louis Richebé; el estampador y editor danés Dan Albert Benveniste; el director de la Fundación Picasso Casa Natal y ex director del Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella, José María Luna; el coleccionista y artista José Manuel Cabra de Luna; y el fundador del Taller Gravura en Málaga, el artista portugués José Faria. Si el primer seminario, celebrado el pasado mes de marzo, estaba dedicado a la fotografía, esta nueva cita amplía así los alcances en lo que se refiere a las técnicas reproductivas del arte. El mismo Museo Picasso ha brindado en los últimos meses numerosos argumentos en torno al grabado, como la adquisición y exposición del tórculo Crommelynck, que Picasso, grafómano de libro, empleó a partir de 1963 en Mougins para el desarrollo de determinantes innovaciones en estampación e impresión. También la actual exposición temporal de la pinacoteca, El factor grotesco, presenta una amplia colección de grabados que permite apuntar una detallada evolución histórica del género, con hitos como la serie completa de Los siete pecados capitales de Brueghel El Viejo (1525-1569).

El seminario presenta como uno de sus grandes reclamos un encuentro dedicado a la incidencia que la técnica del grabado tuvo en los artistas malagueños que vivieron su época de esplendor en los años 70, un proceso que cristalizó en 1979 con la creación del Taller Gravura. Tan lejos, tan cerca.

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