La necesidad invasiva de una ciudad

  • La desamortización, la desaparición de las murallas y la recuperación de terrenos ganados al mar fueron ejes clave del crecimiento urbano de Málaga en el XIX y que Manuel Muñoz Martín analiza en un libro

Manuel Muñoz Martín lleva años investigando el siglo XIX. Aunque es biólogo y veterinario, la historia -se doctoró en Historia Contemporánea por la Universidad de Málaga- es "su vicio". Asegura que "es apasionante" descubrir el pasado de la sociedad malagueña y por ello no se cansa de bucear entre documentos para realizar sus estudios, que han quedado recogidos en diversos libros. Después de Familias malagueñas del XIX para recodar, Muñoz Martín ha vuelto con un trabajo sobre el desarrollo de la ciudad a partir del 1800. Dos extensos volúmenes inciden en los fundamentos de la transformación del casco histórico de la ciudad y los núcleos que lo rodeaban.

Pero si el bagaje de edificios, fincas y conventos le parece interesante al autor, aún más las vivencias de las familias que los habitaron. Por ello, el libro El crecimiento urbano malagueño en el siglo XIX recoge los avatares de cientos de familias. Desde cómo compraban o se repartían las propiedades en las herencias, hasta las ventas posteriores del solar y sus siguientes dueños. Todo lo que ha encontrado en el Archivo Histórico Provincial forma parte de una narración más humana que económica.

"Málaga primero creció en volumen y luego en superficie", explica el autor. A comienzos del XIX la ciudad aún padecía el encorsetamiento de las murallas islámicas (siglo XI) y el tramo viario del centro recordaba aún su pasado árabe. Entre 1848 y 1852 fue desapareciendo la línea de defensa y comenzó a expandirse una ciudad que desde entonces hasta hoy ha tenido "una mentalidad invasiva". El río Guadalmedina, "esa fea cicatriz que está por sanar", según Muñoz Martín, sirvió de eje de referencia.

Cuando la filoxera acabó con el cultivo de la vid "había que transformar la superficie dedicada a viñedos hacia un suelo residencial e industrial", comenta el historiador. En estos terrenos nacieron nuevos barrios y también en los solares que resultaron de la desamortización de Mendizábal y posteriormente de Madoz. "La demolición de los conventos fue uno de los puntos clave del crecimiento en el centro histórico, ya que dieron espacio suficiente para un nuevo trazado", comenta el autor del libro editado por el Colegio de Economistas de Málaga y la Fundación Unicaja.

Las fincas de la Iglesia o la propia Corona se las quedó el Estado, que sólo las vendió a cambio de vales reales (equivalente a lo que hoy pueden ser los bonos del Estado). Y los que, obviamente, pudieron hacerse con ellos fueron las familias más pudientes. Éstos prefirieron la recientemente creada Alameda Principal y la Alameda de los Tristes (hoy Alameda de Colón) para fijar su residencia. Eran terrenos ganados al mar, al igual que el Parque de Málaga, que también se realizó en este siglo.

En el resto de parcelas construyeron corralones o viviendas que alquilaban por una renta. El Perchel y Huelin fueron barriadas auténticamente obreras, dedicadas en principio a la pesca y la manipulación del pescado y el curtido de pieles. En el Molinillo se crearon hogares en lo que antes fue un molino de harina que utilizaba el agua que traía el Acueducto de San Telmo y Ciudad Jardín se creó como el primer núcleo de "casas baratas". "Mangas Verdes, Hacienda Quintana, lo que hoy es la Carretera de Cádiz -que ocupaban los terrenos de las ferrerías de los Heredia- son sitios de ampliación de la ciudad", asegura Muñoz Martín. Los ciudadanos alquilaban, "eso de comprar una vivienda es un concepto modernísimo"

"La población crece, aumenta el tejido industrial y el que tiene suelo se dedica a construir", argumenta. Por ello el subtítulo del libro, Historia de un cambio de ruta en la economía del suelo. Pero un relato tan denso es imposible condensarlo en una sola página. El ávido en conocer más sobre su historia más reciente puede hacerse con un ejemplar del estudio en las librerías Luces y Proteo. Mientras, Manuel continúa su labor de búsqueda "paciente y tranquila".

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