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Sin novedad en ARCO

  • La cuestión se reduce a entender que sigue siendo fundamental para el tejido español, pero para el internacional ha dejado de ser lo que alguna vez fue

Una edición de ARCO más y sigue sin apreciarse esa anhelada identidad que la singularice respecto a otras ferias, porque diferente sí que es. Buscar esa diferencia, optar por ella, construirla conscientemente atendiendo a un aspecto concreto, a pronosticar los caminos no sólo de las disciplinas sino del coleccionismo, así como atisbar los ámbitos a los que otras ferias no atienden para que, así, la cita española pueda adquirir mayor importancia -eso es admitir el carácter subalterno que actualmente ostenta-, son las principales aspiraciones de la dirección. La cuestión se reduce, quizá generalizando, a entender que ARCO sigue siendo fundamental para el tejido español pero para el internacional ha dejado de ser lo que alguna vez fue. Y, curiosamente, o quizá más bien causalmente, este debate en torno a la identidad de la feria surge en paralelo a la irrupción de la crisis económica y el abandono de las instituciones como principales compradoras. Cierto es que el coleccionismo nacional ha experimentado un cierto auge -y a eso ha ayudado la feria, a fomentar y educar a esa élite-, aunque la entidad del mismo no presta el suficiente músculo para hacer actualmente atractiva la cita a grandes galerías internacionales.

En esta edición de 2012 se intuyen algunos de los rasgos que desea la dirección para el perfil actual y venidero. La idea del artista destacado tiene desigual fortuna. En primer lugar porque si el director, Carlos Urroz, buscaba hacer de ARCO una feria de la emergencia o de artistas emergentes, la elección de algunas galerías de autores sumamente experimentados y cuyos discursos han perdido esa naturaleza de emergencia, no parece cumplir ese objetivo. Justo es que resaltemos que galerías prestigiosas y con nóminas cargadas de figuras, han optado por ese perfil. Serían los casos de Fúcares con Rubén Ramos Balsa o de Soledad Lorenzo con Jerónimo Elespe, entre otras. En los stands, en algunos casos, no se justifica la decisión de destacarlos, siendo casi imperceptible esa inclinación por un artista frente al resto de los que participan en el mismo espacio expositivo, con lo cual parece que ese intento por destacar sólo queda para que aparezca el nombre del elegido en negrita en catálogos y planos de mano. Esta edición resulta más contenida -en el riesgo de las apuestas y en la entidad de buena parte de las obras expuestas- y sin apenas estridencias, tal vez por ello se nos presenta como evidentemente sólida, pero, también, algo más monocorde, plana y puede que conservadora. Y todo esto acaba por contagiar al visitante.

No abundan las grandes piezas y la fotografía está en franca retirada, nada que ver con lo abrumador de hace años cuando litigaba con la pintura por ser la más representada; lo mismo ocurre con los formatos de ésta, tampoco proliferan las grandes imágenes, al menos no como hace años, aunque resulta ilustrador cómo la fotografía en un tamaño "mínimo" participa de estrategias conceptuales en las que toma parte como medio, como proceso, y no sólo como fin; del mismo modo, se ha de constatar la limitada presencia -deseable incluso- de fotografías ligadas a la Escuela de Düsseldorf frente a la invasión de otras ediciones, ni tampoco la variedad de tendencias y escuelas que otras veces hemos disfrutado -esto no tan deseable-. Aun así, algunas galerías han basado parte de su stand en este medio, como Helga de Alvear, Alarcón Criado y, por supuesto, La Fábrica.

Las instalaciones tampoco abundan en el número en el que lo hacían, ni parece haber hueco para ocurrencias ni para ambiciosos environments. En cambio, hay profusión de pintura, especialmente los lenguajes abstracto-geométricos, normativos y, en un guiño histórico, los neoconcretos brasileños -aún dura la influencia de la programación del Reina Sofía de hace varias temporadas- y el arte cinético; los dos últimos excelentemente representados en las galerías Cayón y DAN-. Si se habla irónicamente del sentido académico de lo abstracto-geométrico, este ARCO es un buen ejemplo de ello. Como lógica, en relación a lo anterior, hemos de entender la visibilidad de Elena Asins gracias a su Premio Nacional. En menor medida, aunque con mucha presencia, encontramos pintura abstracta de carácter expresionista, en especial pintores alemanes. De hecho, artistas como Günther Förg o Markus Oehlen son de los pocos que repiten en varios stands. Así pues, la pintura figurativa no ha tenido excesivo protagonismo aunque encontramos piezas destacadas. Cabe señalar cómo en lo figurativo sobresalen en número el dibujo y la pintura en blanco y negro o a modo de grisalla. A autores tan habituales en la feria con este lenguaje como Van Eeden o Van de Velde -sensacionales en Zink y en Tim Van Laere- hemos de unirles otros como Sofía Jack en Fúcares, Pereñíguez en Rafael Ortiz, Alain M. Urrutia en Juan Silió, Fabian Maraccio en Thomas Schulte o Elisabeth Scherffig en Faggionato.

Hay que valorar una especie de concentración o -permítanme el neologismo- nucleización, ya que se intuye cómo ciertas galerías que comparten inclinaciones se hallan próximas. Es el caso de la 'isla conceptual' que parecen conformar galerías representativas de esta tendencia, como Moisés Pérez de Albéniz, ProjecteSD, Espaivisor o Maisterravalbuena, quedando no muy lejanas Palma Dotze y Nogueras Blanchard. El conceptual tautológico y el verbal tampoco tienen la presencia de otros años, aunque lo conceptual está ampliamente representado con algunas obras extraordinarias. Algo parecido ocurre con los ejercicios de catalogación y empleo del archivo, de eminente peso conceptual, entre los que nos enfrentamos a algunos ejemplos soberbios -históricos ya- de Hans Peter Feldmann en ProjecteSD o de Allan Sekulla en Cristopher Grimes. Por otro lado, no destacan en número las piezas que hacen dialogar la pintura con lo verbal (mediante recursos como la viñetización, entre otros), asunto nada extemporáneo en la creación actual; las obras de Van de Velde o Van Eeden, tan proclives a ese tratamiento textual en alianza con lo pictórico, han perdido ese nexo en este ARCO, aunque reseñamos las de Muntean/Rosenblum en Georg Kargl, las de Javier Calleja en Alfredo Viñas y las del personalísimo José Medina Galeote en JM.

No debemos olvidar que la mediación entre espectador y artista se hace aquí a través de las galerías -fundamentales, por más que parezca ahora que sobran- y, por tanto, éstas condicionan, con sus circunstancias, el tenor de la feria. De ahí, tal vez, ese espíritu contenido, muy propio de estos tiempos. Para mañana, entre otras cuestiones, valoraremos las propuestas y stands más destacados, así como el alcance y el nivel de los programas paralelos al general.

Feria Internacional de Arte Contemporáneo. Feria de Madrid. Pabellones 8 y 10. Del 15 al 19 de febrero.

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