El oficio sin efectismo de Yoav Talmi

Programa XIII de la Temporada de Abono. Teatro Cervantes. Fecha: 16 de mayo. Programa: 'Russlan y Ludmilla' (Obertura), M. Glinka; 'Romeo y Julieta'. Obertura - fantasía a partir de William Shakespeare (Versión 1880), P.I. Tchaikovsky; 'Sinfonía no 5 en re menor', Op. 47, D. Shostakovich. Intérpretes: Orquesta Filarmónica de Málaga. Director: Yoav Talmi. Aforo: Tres cuartos de entrada.

Continúa el desfile de directores invitados que está haciendo posible esta temporada de la Orquesta Filarmónica de Málaga. En esta ocasión, visitaba la Ciudad del Paraíso el actual titular de la Sinfónica de Quebec, Yoav Talmi. Como demostró el pasado viernes, el director y compositor israelí es, además de un gran músico, un gran profesional (arte y oficio no están reñidos: ¡que se lo digan a Bach!). Talmi tiene esa capacidad, que debe tanto a la persona como a la veteranía, para motivar a los músicos y conectar con el público sin recurrir a fuegos de artificio. Desde los primeros compases, la obertura de Russlan y Ludmilla, la fundacional opera de Glinka, resultó una escucha embriagadora. La brillante exposición y los ágiles fraseos primaron sobre la definición, sin pérdida alguna de lustre. El magistral ejercicio de orquestación que es el Romeo y Julieta de Tchaikovsky -no se puede sino estar de acuerdo con aquellos que afirman que los elementos programáticos de esta obra resultan superfluos- propició algunos momentos ciertamente gozosos: así, el preciosismo tímbrico de las maderas sustentadas por los violines en pizzicato que deja paso a las cuerdas graves; en cambio, hubo en los tutti más acumulación que empaste.

Al margen de lecturas políticas que la historia ha diluido, la Quinta de Shostakovich es, ante todo, la construcción de una identidad estética. Un estilo, el de Shostakovich, que la sección de vientos padeció en más de una ocasión, no obstante la gran actuación de los solistas, especialmente en el muy mahleriano scherzo. En fin, Yoav Talmi supo transmitir con maestría la densidad emocional que vertebra esta Quinta Sinfonía, desde la tensión trágica que atraviesa el primer movimiento hasta el imponente lirismo meditativo de las cuerdas en el largo.

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