"Me ofrecen papeles para el cine, pero no quiero hacer bobadas"

  • La intérprete que fue uno de los iconos clave en la Transición regresa al Teatro Cervantes los próximos martes y miércoles con 'Agnes de Dios', de John Pielmeier

Al teléfono, Fiorella Faltoyano (Madrid, 1950) se muestra extremadamente amable y distendida. La actriz que protagonizó Asignatura pendiente (1977) y Solos en la madrugada (1979) de José Luis Garci y debutó en 1967 con Club de solteros de Pedro Mario Herrero dirige ahora su propia productora teatral, Nueva Comedia, al alimón con Cristina Higueras. Ambas protagonizan la versión de Agnes de Dios de John Pielmeier (verdadero tótem del teatro norteamericano de los 80) que firma y dirige su viejo cómplice Fernando Méndez-Leite.

-¿Qué le sedujo de Agnes de Dios cuando Méndez-Leite le propuso montar esta obra?

-Nos apetecía tomar un rumbo distinto con respecto a lo que estábamos haciendo hasta entonces y esta obra nos lo permitía a la perfección. Contiene toques de misterio, drama e incluso humor. Los personajes permiten a las actrices afrontar un trabajo muy divertido, porque son complejos y a la vez muy enriquecedores.

-Méndez-Leite, Higueras y usted ya trabajaron juntos en La calumnia de Hellman, que se representó también en el Cervantes hace un par de años. ¿Qué diferencias en cuanto a método entraña para ustedes Agnes de Dios?

-Son obras muy distintas. La calumnia es una pieza coral y tiene algo de salvaje, es muy directa, mientras que Agnes de Dios presenta una apariencia más amable aunque luego encierra muchas lecturas. En ésta, además, el peso de la acción recae mucho más en las actrices. Todo lo demás, desde la escenografía hasta la iluminación, parece minimalista, intangible, como hecho a trozos.

-Anne Bancfrot interpretó el papel de la madre Miriam en la versión cinematográfica de 1985. ¿Le ha servido de modelo, o por el contrario la ha evitado?

-Nunca podría haber copiado lo que hacía Bancroft, sencillamente porque era inimitable. Pero, además, la obra que presentamos reúne muchos cambios con respecto a la versión de la película. Como el texto original, nuestra adaptación tiene mucho más sentido del humor y a la vez resulta desgarradora por momentos. El papel de la madre Miriam, precisamente, es uno de los que más difiere con respecto a la película, así que no la he tomado como referencia.

-¿Es respetuosa entonces la versión de Méndez-Leite con respecto al original de Pielmeier?

-Agnes de Dios representa un choque entre fe y ciencia. Indaga en la posibilidad de que un milagro pudiera ser aceptado hoy como tal, algo que está plenamente contenido en nuestra propuesta. Lo que menos le gustaba a Fernando era el aspecto místico de la obra, del que decidió prescindir. Por el contrario, ha vertido muchos puntos de humor y ha reducido la duración del original hasta la hora y media, de manera que lo ha aligerado mucho y ha convertido los elementos más extraordinarios de la acción en circunstancias propias de la vida. Él tiene bien claro que el primer mandamiento es no aburrir y el segundo permitir que la gente lo pase bien.

-Últimamente se ha reabierto el debate acerca de la falta de papeles en el cine para mujeres maduras. En su caso, su última película data de 1999. ¿Echa de menos la gran pantalla?

-Sí, por supuesto. Al menos sigo haciendo televisión, hace poco trabajé en una serie para Antena 3. El cine es un medio bastante más complicado, sus consumidores son en su mayoría jóvenes y adolescentes y las películas van dirigidas a estos públicos. No sé si a los hombres también les pasará, pero el cine español da cada año como mucho un par de papeles para mujeres de más de 50 años y podemos optar a ellos unas cincuenta actrices. Eso sí, la verdad es que en los últimos años sí me han ofrecido papeles para el cine, pero los he rechazado todos. A estas alturas, ya no me apetece meterme a hacer bobadas.

-¿Qué dosis de locura es precisa para meterse a empresaria teatral en España?

-Montar una productora propia tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por una parte, Cristina Higueras y yo podemos permitirnos hacer los papeles que nos apetecen y trabajar en obras en las que sabemos de antemano que nos vamos a divertir. Cuando decidí levantar Nueva Comedia, comprendí que tenía en mis manos la oportunidad de definir el destino de mi propia carrera, y no quise perderla. Por otra, lo peor de esto no es la producción, como podría parecer, sino la dificultad para conseguir una distribución satisfactoria de los espectáculos. Hoy en día resulta muy, muy complicado que te contrate un teatro. En parte, esta situación se debe a las comunidades autónomas, que mantienen unos circuitos teatrales muy endogámicos, en los que resulta prácticamente imposible entrar si vienes de fuera. Piensa que en Andalucía sólo vamos a representar Agnes de Dios en Málaga. Y aún así nos podemos dar por satisfechas.

-Resulta chocante.

-El problema de esto es que se confunden los términos y es el público el que termina perdiendo. En algunas comunidades nos ofrecían contratos en condiciones muy similares a las de sus compañías aficionadas. Pretendían meternos en sus circuitos, en el mismo saco. Y, claro, en el momento en que cedamos a eso estamos perdidos.

-Para terminar, ¿qué recuerdos guarda de su etapa de estudiante de Arte Dramático en Málaga?

-Aquella fue la mejor época de mi vida. Cuando yo llegué con 14 años Málaga ya era una gozada para vivir, una ciudad agradable en todos los sentidos. Allí me planteé por primera vez todo lo referente a mi futuro, a la profesión que había elegido. Luego tuve la suerte de encontrarme con Ángeles Rubio-Argüelles, que me dio las mejores armas para defenderme en esto de la interpretación. Por eso, Málaga sigue siendo mi tierra y mi casa.

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