"La palabra experimentar no me gusta, respeto demasiado la música"

  • Lleva más de 20 años recibiendo aplausos a una voz sobria y desgarrada que se hizo merecedora de la Lámpara Minera en el festival de La Unión · El 25 de julio ofrece un recital en el castillo Sohail de Fuengirola

Desde que tiene uso de razón el flamenco ocupa todos los recodos de su tiempo. Hoy, Mayte Martín (Barcelona, 1965) destina afición y profesión a la misma causa, el flamenco. Abierta a otras inquietudes sonoras, acaba de publicar De fuego y agua junto a las hermanas Labèque, virtuosas pianistas. El próximo septiembre saldrá al mercado Al cantar a Manuel, homenaje a la poesía de Alcántara, "delicada y complicadamente sencilla", sostiene.

-¿Cómo surgió De fuego y agua?

-Me llamaron las hermanas Labèque porque querían hacer un proyecto con música española. Se dedicaron a escuchar recopilatorios con artistas contemporáneos y otros que ya no están, como Pastora y La Niña de Los Peines. Lo más curioso fue que cada una lo escuchaba por separado y al poner sus gustos en común las dos coincidieron en la Niña de los Peines y en mí, aunque no sabían cuál de las dos estaba viva y cuál muerta. Cuando contactaron conmigo les dije enseguida que sí aunque no conocía ni su música ni a ellas. Tengo claro que hay que tener feeling para que se establezca una buena conexión y crear una energía encaminada a un proyecto común.

-Al no tener conocimientos del flamenco, me imagino que usted les asesoraría...

- Sí. De hecho ellas tenían idea de meter otros instrumentos como el cajón flamenco. Yo les sugerí que lo convirtiéramos en algo mucho más sobrio y dejáramos desnudos al piano y la voz. Me parecía más atractivo y con más fuerza. La selección de los temas también la hicimos juntas. Ellas querían incluir temas míos, les di unos que ya tenía arreglados para un futuro trabajo, y escogieron tres. A Katia (una de las hermanas) se le ocurrió hacer canciones de Rodrigo, Falla y Albéniz. Me pasó un cd con 200 temas y yo hice la selección. Nos entendimos muy bien. Los arreglos no han quedado marcianos. Son especiales por bonitos, no por raros.

-Acaba de presentar en el Palau de la Música Al cantar a Manuel, encargo de la pasada Bienal de Málaga, ¿el proceso fue similar? -Fue un poco lo mismo. Me llamó José Luis Ortiz-Nuevo porque quería que musicara poemas de Alcántara. No conocía nada suyo y le pedí que me enviara su obra. En cuanto leí tres poemas me di cuenta del descubrimiento. Me gusta porque no es una poesía barroca, sino sencilla, fácil de entender, con mucha fuerza de transmisión. Delicada y complicadamente sencilla.

-¿Cómo han quedado sus versos en partitura?

-Empecé a leer a Manuel y ya le conocía, no se me hizo extraña su poesía. Enseguida asimilé sus sensaciones. Lo más bonito de este trabajo ha sido que cada poema me ha hecho ver un paisaje distinto y componer cosas que no tienen nada que ver una con otra. Lo mismo hay una bulería, que una cantiña, un tango argentino, un blues, hasta un tema muy zen.

-El 17 de septiembre lo lleva a la Bienal de Sevilla, con las entradas ya agotadas, ¿cómo recibe esa respuesta a un trabajo que apenas se ha escuchado?

-Es fascinante. En el Palau ocurrió igual, unas 1.500 personas pendientes de algo que no sabían cómo iba a sonar. No hay mejor reconocimiento que ese. Ellos se exponen a que tú le des lo que tengas que darle. Eso es muy bonito.

-Lleva más de 20 años de trayectoria musical sin apenas altibajos y con un público fiel, ¿cuál es la fórmula?

-Siempre digo que lo mejor que tengo es que nunca he dejado de sentir esa ilusión, la sensación de que hago esto porque quiero y que no es mi trabajo, ni lo hago para ganar dinero. Es como un hobby. Aunque las condiciones son cada vez más duras porque nadie está dispuesto a arriesgar, ni los músicos, ni los programadores ni las discográficas. Van a tiro hecho, a lo que vende y llena teatros, aunque no sea la propuesta musical en la que creen.

-Y en todo ese baile de intereses , ¿dónde encuentra usted su sitio?

-En mí misma. Voy capoteando el temporal e intentando que todo eso no me cambie. Y estoy segura de que no va a ocurrir. Para mí, la música sólo tiene sentido si la puedo hacer con el alma, como quiera, y cuando el corazón me lo pida. Si no tengo esa libertad, prefiero hacer otra cosa.

-Se ha acercado al jazz, al bolero junto al piano del desaparecido Tete Montoliu y ahora a la música clásica, ¿le gusta experimentar?

-No tengo la sensación de ir probando. Siempre he tenido inquietudes artísticas y me he aficionado a otras músicas, a lo bueno, venga de donde venga. No experimento, es una palabra que no me gusta, porque le tengo demasiado respeto a la música como para experimentar. Hago algo cuando pienso que lo voy a hacer bien, me lo creo y forma parte de mí.

-¿Aún a riesgo de alejarse del flamenco?

-Nunca he dejado de hacer flamenco. Lo que pasa es que saco un disco cuando creo que puedo mostrar algo distinto a lo anterior. Los discos reflejan tu momento y tu inquietud queda plasmada ahí. Hay gente que lo vive como una forma de estar permanentemente en el candelero y de que no se olviden de uno. Creo que, aparte de tener una buena voz e instrumento, hay que ofrecer un discurso claro honesto e interesante, y que no diga amén a todo lo que pide la discográfica. Es lo que más echo de menos como espectadora.

-¿Hasta qué punto las bienales benefician al artista?

-De entrada, las bienales normalmente te exigen que lo que hagas sea un estreno. Y muchos artistas se plantean, ¿qué me invento para presentar en una bienal? Es el mundo al revés. No tiene sentido.

-¿El flamenco imprime carácter?

-El flamenco es una música espectacular y nada más. Eso de que es un estilo de vida es un tópico que se dice muchas veces para que te contraten más. Y si llegas tarde a un concierto entonces es que eres más importante...(risas)

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