Donde las palabras no llegan, el teatro acampa

  • Miguel Zurita y Vicente Ortiz estrenan mañana en el Cánovas 'Tres', una aproximación dramática al vínculo familiar con Elena de Cara, Ana Iglesias y Olga Salut

Entonces, ¿qué espacio dramático queda entre el preciso momento en que se coloca la cafetera cargada sobre el hornillo caliente y el instante en que el borboteo anuncia que el café está listo? ¿De cuántos minutos disponemos? ¿Qué se puede decir ahí, qué no se puede decir y qué se puede no decir? Por más que el espectador sea testigo de la generalidad de cada montaje, la puesta en escena de cualquier obra requiere la minuciosa preparación, adecentamiento y significación de cada segundo, como en la esmerada poda de un bonsái. El escritor Vicente Ortiz y el actor y director Miguel Muñoz Zurita, comandantes en jefe de la compañía malagueña 19 Sobres de Sopa, llevan no pocos días con tan quirúrgica presunción en la cabeza. Y no es para menos: mañana jueves se estrena en el Teatro Cánovas el cuarto proyecto que cocinan juntos, Tres, una coproducción con Surterráneo Teatro (a través de la figura del inefable Francis Valero, que se hace cargo aquí de la distribución y la misma producción) que podrá verse todos los jueves y viernes de febrero a las 20:00 en la Sala B del complejo escénico de El Ejido. Las localidades para mañana jueves y el viernes ya están agotadas, lo que demuestra que la expectación ante el nuevo trabajo de la corporación no era precisamente poca.

Tres actrices decisivas del panorama escénico andaluz interpretan el texto escrito a cuatro manos por Ortiz y Zurita: Elena de Cara, Ana Iglesias y Olga Salut encarnan a tres hermanas de diferentes edades y cómputos generacionales (los personajes que encarnan tienen 25, 35 y 45 años, respectivamente) reunidas, a su pesar, en el hogar familiar, donde sale a la luz un turbio episodio relacionado con el pasado. "Por una parte", explica Zurita al respecto, "la obra aborda el modo en que la clase media ha desaparecido en los últimos años en este país. Pero, al contrario que en montajes anteriores como Dice P, el aspecto político es aquí menos directo, más tangencial. Por otra, Tres es una aproximación al vínculo familiar, ya que, precisamente, la familia se ha convertido en la tabla de salvación de quienes peor lo están pasando con la crisis. Aunque al mismo tiempo hay una crítica amplia de la familia como institución tradicional. Esos mismos vínculos, al fin y al cabo, pueden ser útiles tanto para lo mejor como para lo peor". Vicente Ortiz apunta que otra novedad en Tres en relación a otras obras de 19 Sobres de Sopa se encuentra en la misma arquitectura del texto: si en piezas como Gasolina la expresión poética proponía al espectador una búsqueda para la alternativas de la narrativa escénica, "en Tres hay un mayor seguimiento de la literatura dramática como tal, pero no deja de haber una implicación de la palabra poética como mecanismo para investigar las posibilidades expresivas del escenario, sin desdeñar los símbolos. Hay una trama en apariencia sencilla, pero salpicada continuamente de momentos menos evidentes, que se salen de la lógica de lo que se está contando, pero que funcionan como resortes emocionalmente muy potentes. Más que narrar una historia, queremos llevar al público a un determinado momento, a una situación en la que tenga que preguntarse qué está viendo, qué está sucediendo, qué opina de todo esto. Y la palabra poética es el medio ideal, precisamente porque no siempre está claro lo que quiere llegar a decir. Es con el significado de las palabras y el de la propia acción dramática como podemos llegar a insinuar lo que queremos". Zurita añade a la materia un argumento revelador: "Nicanor Parra decía que no hay poema bueno sin al menos un verso oscuro, que ni siquiera el poeta sepa explicar. Ya cada uno se encargará de encontrarle sentido, si lo necesita".

Ortiz y Zurita han reunido a su equipo habitual (Ángel Pedroza en la iluminación y el diseño del espacio escénico, Juanlu Gutiérrez con la música original -incluida una canción, He decidido, coescrita con María Vergara y traída del repertorio de un grupo de ficción de los 80, Radiotelescope, en un delicioso juego de espejos entre realidad y fantasía que tiene mucho que ver con la realidad y sus trampas- y Migue Tomé con la fotografía, entre otros) para urdir una puesta en escena que hace de la Sala B del Cánovas, cómplice de las distancias cortas, más una cuestión de virtud que necesidad: "En sí, el escenario también constituye un tres: hay un espacio de entrada, otro de salida y una intersección entre ambos. El público no tendrá una visión general, pero serán las actrices las encargadas de dirigir su atención por el espacio, algo parecido a lo que sucede en un partido de tenis", dice Zurita. Respecto al trabajo de Elena de Cara, Ana Iglesias y Olga Salut, Zurita y Ortiz sólo saben deshacerse en elogios: "Desde el principio estaban dispuestas a darlo todo. La primera lectura en común del texto terminó en llanto, a flor de piel, y había que tener cuidado, porque la obra trata asuntos que para alguna de ellas son personales. Han sacado a sus fantasmas, los han reconocido y los han puesto a actuar. No se han dejado arrastrar. Es un lujo para nosotros". Qué no será para el respetable.

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