Los 'palhas', tensión y emoción

  • En el encierro, muy serio y de juego desigual, fue premiado exageradamente con la vuelta al ruedo el tercer toro, con movilidad, pero que no humilló en la muleta

Los toros de la divisa portuguesa de Palha llevaron la tensión en el ruedo y la emoción a los tendidos de la abarrotada plaza de Las Ventas, con un público que, sin tener en cuenta matices, se entregó sin reservas ante un encierro que tuvo como mayor virtud la movilidad y como defecto la falta de humillación. Toros con cuajo y agujas tremebundas, que imponían una barbaridad. Luis Miguel Encabo, Sánchez Vara y Luis Bolívar le echaron bemoles a unos astados muy exigentes en todos los tercios, que no perdonaban errores. Los dos primeros cumplieron en banderillas.

El tercer toro, Rachido, que correspondió a Luis Bolívar fue premiado, exageradamente, con la vuelta al ruedo en el arrastre. Le faltó descolgar en la muleta. Toro al que le faltaban tres kilos para los 600, muy serio, hondo, con unas agujas respetables, salió al ruedo como un vendaval, arrancando varios tableros de cuajo. Desmontó al picador en un encuentro, empujando con un pitón. Luego, lo hizo con los dos. Bolívar apostó fuerte. Generoso, le dio gran distancia. Citó en los medios para un pase por la espalda escalofriante. Con la diestra cuajó dos buenas tandas. Con la zurda firmó otra serie notable, iniciada con el cartuchito de pescao. Cerró con otra buena tanda con la derecha. Todo apuntaba a premio. Pero propinó un bajonazo. Luego, un pinchazo. Y por último, una estocada a ley. Fue ovacionado tras la vuelta al anillo del toro.

Bolívar navegó contracorriente con el que cerró plaza, un toro complicado, con el que expuso mucho. En uno de los muletazos con la zurda, lo levantó como a un pelele y estrelló contra la arena en una caída espeluznante. El torero quedó a merced del toro, que le volvió a encunar y lanzó a un metro sin consecuencias. De nuevo, en la cara. Esfuerzo muy meritorio, que apuntaba otra vez a premio y que quedó en blanco por un metisaca en los bajos.

Luis Miguel Encabo salió tocado de su actuación. El que abrió plaza, de cornamenta pavorosa y destartalada, fue ovacionado en el arrastre. Toro para público y difícil para el torero. Peleó con espectacularidad en varas. Se empleó en un puyazo larguísimo, si bien apretando por un solo pitón tras cabecear. En el siguiente metió los riñones, pero salió del caballo lanzando una coz a Julio Campano. El toro fue una locomotora persiguiendo la muleta. Encabo comenzó muy toreramente una faena en la que consiguió dos tandas notables por el pitón derecho, el bueno. Probó por la izquierda. Nada que rascar. De nuevo, a la diestra, y la faena y el palha perdieron gas. Mató mal y el toro se resistió a morir pegado a tablas. El veredicto del público fue implacable: ovación para el toro y pitos para el torero. Con el manso cuarto, Encabo no tuvo opción al lucimiento. Labor porfiona que comenzó con un muletazo sentado en el estribo y finiquitó de estocada.

Sánchez Vara, con un lote desigual, no logró grandes cotas con su primero, único potable de su lote y el más atemperado del encierro. No consiguió centrarse con el manejable animal, al que despachó de certero espadazo. El sexto, que quedó como un marmolillo tras zurrarle la badana durante varios minutos, no tuvo un muletazo.

Los toros, que carecieron de clase, impactaron en los tendidos por su movilidad. Y sin justificación para ello, el mayoral de Palha recogió una gran ovación del público. ¡Ahí es !

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