"Los papeles alimenticios no existen; hay que hacerlo todo con oficio y dignidad"

  • Diosa de la revista e imagen de Santa Teresa de Jesús, la intérprete sacó ayer unos minutos entre el descubrimiento del monolito en su honor y la gala de entrega del Premio Málaga para repasar su carrera

Iba ayer con prisas. Al mediodía descubrió el monolito de rigor en el Paseo marítimo Antonio Banderas, donde dejó las huellas de sus manos para la posteridad mientras las autoridades de la ciudad la agasajaban. Antes de la gala tuvo ruedas de prensa, encuentros con los medios y otros compromisos. Pero no dio tregua a la elegancia. A estas alturas, lo que apetece destacar de Concha Velasco, más que una filmografía que todo el mundo conoce, son sus descomunales ojos verdes, que la pantalla de cine nunca ha sabido enseñar con rigor. Sólo por sentarse frente a ellos unos minutos, esta profesión vale la pena.

-¿Todos los homenajes terminan siendo el mismo?

-No, no. Mira, cuando me otorgaron la Medalla de Oro de la Academia estaba muy emocionada, en serio. Pero hoy lo estoy mucho más, porque el Festival de Málaga se dedica exclusivamente al cine español y se ha terminado convirtiendo en la casa de todos los que nos dedicamos a esto. Es una oportunidad para encontrarse con profesionales muy distintos, y eso termina haciéndole creer a una que también es una gran profesional.

-Creo que nadie podría dudarlo a estas alturas.

-Seguramente. Yo he empezado en esto desde abajo. He pasado por todo lo que ha habido que pasar, no me he saltado ningún peldaño. Incluso dos películas mías participaron en el Festival de Málaga antes de que sus responsables decidieran concederme este premio.

-De hecho, su aportación al cine español se salda, por ahora, con más de 200 películas. ¿Le ha respondido el cine español con la misma entrega?

-No soy, ni he sido, una actriz maltratada, en absoluto. En ningún momento he podido pensar eso. Insisto, empecé desde abajo, con todo el camino por hacer, tuve que formarme a conciencia y crecer mucho, pero todo ha valido la pena. Nunca he sido olvidada.

-¿Pero no duelen los momentos más difíciles dentro de la profesión, que tampoco le han faltado?

-Es que esta profesión es así. Está hecha de altibajos. Yo me he caído y levantado muchas veces, pero, por lo general, el cine me ha tratado muy bien. Imagino que también influye el hecho de que no me deje hundir fácilmente; si tiran de mí hacia abajo con un ancla, soy capaz de romper la cadena a mordiscos.

-¿Qué lección ha aprendido del paso del tiempo?

-Que estamos de paso, precisamente. Hoy miro al pasado con agradecimiento, pero sin un ápice de nostalgia. No soy nostálgica en absoluto, ni en lo profesional ni en lo personal.

-¿Cuántas espinas le quedan?

-Ninguna. No se me ha quedado atrás ningún papel por hacer. Además, todavía me queda tiempo para hacer trabajos interesantes, a pesar de que hoy los productores arriesguen poco y prefieran no apostar por protagonistas femeninas y mayores. Sin embargo, hace muy poco me acaban de ofrecer un papel protagonista excelente para una próxima película.

-¿Ha dicho que sí?

-Claro. Todavía no puedo adelantar nada, pero me gusta mucho el proyecto. Tendré que combinar el rodaje con el de la nueva temporada de la serie Herederos, que empieza la semana que viene. Pero ya estoy dispuesta a no dormir.

-¿Pesa mucho la chica yeyé?

-No. He hecho en cada momento el cine que tenía que hacer. Siempre he sido consciente de la época que me ha tocado vivir y para mí La chica yeyé es lo mismo que New York, New York. He ido siempre por delante en este sentido. No me he quedado en casa esperando que me llamaran: he llamado yo. Después de hacer Santa Teresa de Jesús trabajé en un montón de revistas de mucho éxito, porque sabía que aquello era lo que tenía que hacer. Dicen de mí que soy una actriz camaleónica, y es verdad.

-¿También tuvo que hacer los anuncios de compresas?

-Vienen haciéndome muchas gracietas desde que participé en todo aquello, pero siempre respondo de la misma manera: habría que ver si Sean Connery, quien seguramente tendrá que utilizar compresas similares, se atrevería a hacer el mismo anuncio. Los papeles alimenticios no existen. Ésta es mi profesión y soy muy consciente: hay que hacerlo todo con oficio y dignidad.

-¿De quién se va a acordar en la gala, mientras reciba el premio?

-Estarán Mariano Ozores, Pedro Olea, mis hijos, mi hermano, y me han prometido algunas sorpresas. Recordaré a Pedro Masó, José María Elorrieta, Rafael J. Salvia, Pedro Lazaga, José Luis Sáenz de Heredia, José Luis Dibildos y por supuesto Tony Leblanc. Tony ha sido un apoyo fundamental en mi carrera y además es una persona generosa en extremo, incapaz de hacerte daño. Siempre tenía cuidado de no robarme ningún plano, y en todas las presentaciones que hacíamos de las películas me ponía siempre junto a él y delante de los carteles. Él encarna lo que te decía acerca de que cuando pienso en el pasado sólo me sale agradecimiento.

-Le haré la misma pregunta que formulé a Alfredo Landa el año pasado: ¿alguna vez, en todo este tiempo, le han entrado ganas de mandarlo todo a hacer puñetas?

-Todos los días.

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