La pauta de un nuevo paleño

  • Joseph Horvath llegó de Eslovaquia como violinista hace cuatro años, se casó con la pianista Carmen Yepes y hoy es la mano derecha del concertino en la OFM

La música puede ser un pasaporte válido para desplazar talentos de uno a otro escenario. En el caso de Jozef Horvath ha sido además su billete de ida a Málaga, la ciudad donde reside actualmente. Natural de Eslovaquia, comenzó a tocar el violín a los seis años, a los 14 perfeccionaba su virtuosismo por conservatorios de Dallas, Luxemburgo y Viena y, desde hace un año, es solista de primeros violines en la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). A la vera de la batuta del director, Horvath tiene la responsabilidad de afinar la orquesta y marcar la pauta de los 80 músicos que la integran.

Su abuelo, su padre y su hermano (éste último también en la OFM) tienen el violín como medio de vida y Horvath ha heredado la devoción por un instrumento con el que se ha recorrido media Europa. A los 19 años ya compaginaba los estudios con los conciertos de la Orquesta de Luxemburgo. "Yo era su músico más joven", recuerda. En una gira por el norte de España conoció a la pianista Carmen Yepes, solista invitada. Se enamoraron y hace cinco años decidió hacer las maletas para "vivir más cerca de ella".

A través de músicos de su país que ya trabajaban en la OFM (hay una docena de eslovacos en plantilla), se enteró de que convocaban audiciones, se presentó y Aldo Ceccato le eligió como primer violín. El maestro le escuchó en un concierto de cámara en el Conservatorio María Cristina, volvió a fijarse en él y le sugirió que se presentase a las audiciones para ayudante de concertino. Y volvió a acertar.

Cuando Horvath llegó a Málaga se entendía en inglés con sus nuevos conciudadanos y en ruso con sus compañeros de violín. Poco a poco se fue integrando y hoy, en un perfecto castellano, reconoce que "cada día de trabajo es una experiencia nueva". Ensaya cuatro horas al día en el local que tiene la OFM en Carranque y, cuando llega a su casa de El Palo continúa con el violín al hombro para perfeccionar la pieza de cada recital.

Se confiesa "afortunado" de haber sido becado y recomendado por sus profesores en las mejores universidades, aunque reconoce que la vida de un músico "es muy dura". "Tienes que estudiar mucho desde pequeño, estar preparado para competir física y psíquicamente y para llevarte decepciones", advierte. Entre ensayo y ensayo, Horvath saca tiempo para reunirse con el cuarteto Alborán del que forma parte, y hasta para impartir clases particulares de violín. "Prefiero los alumnos más jóvenes porque llegan con menos vicios", sostiene.

Le gusta interpretar las partituras de los grandes, "Bach, Beethoven , Mozart..." y, fuera de su jornada laboral se deleita con los sones jazzísticos de Diana Krall. Lamenta que en España no haya tanta demanda lírica "como en Alemania o Austria", pero agradece haber interiorizado la mejor de las enseñanzas. "Querer estudiar y mejorar cada día. Si un día estoy demasiado contento con lo que toco, malo..."

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