"No soy ningún payaso que se tenga que disfrazar de artista para destacar"

  • El cantautor jerezano regresa con 'Relojes de arena';, un disco creado con mimos de artesano y que descubre a un músico más sólido y "en equilibrio"

Admite con transparencia que cada vez le cuesta más escribir canciones, aunque no lo debe hacer nada mal ya que artistas de muy diferentes estilos se rifan poder cantar alguna de sus composiciones. En continuo vaivén por la geografía española, David DeMaría recalará el próximo 11 de diciembre en el Teatro Cervantes para presentar en directo su último álbum.

-Relojes de arena apenas lleva semanas en la calle y ya es uno de los discos más vendidos... ¿Se siente un bicho raro en la música tal y como están las cosas?

-Lo que te da es mucha fuerza y la seguridad de saber que tienes a un público que te espera con ganas cada vez que haces algo nuevo. Lo malo es que no me da demasiado tiempo de saborear lo especial de la noticia porque vivo con la maleta pegada a mi brazo derecho y dando muchísimas vueltas por el país. Soy de los que me pongo el mono de trabajo y no paro de hacer promoción, firma de discos, conciertos acústicos...

-La música lleva también sus horas de trabajo...

-Hoy en día un popero andaluz no lo tiene fácil para contar con espacio en los medios de comunicación y hay que trabajar el doble, pero siempre intento ser muy cercano y sacar tiempo para firmas de discos, algo que parece ya casi arcaico...

-Sobre todo ahora que proliferan las descargas de discografías completas en MP3...

-Yo pillé justo uno de los últimos vagones de pertenecer al clásico que va a la tienda, pero las nuevas generaciones vienen un poco maleducadas porque no tienen la inercia o la costumbre de comprar música. La música se esta quedando como un artículo de lujo, como un perfume caro.

-Dicen que Relojes de arena va a marcar un punto de inflexión en su trayectoria. ¿Será así?

-Hacía cerca de tres años que no editaba un álbum nuevo, pero en medio hubo un grandes éxitos que rememoraba los diez primeros años de mi carrera musical y que sí marcó un punto y seguido. El propio título de éste ya es una declaración de intenciones: quiero parar mi propio tiempo, ser capaz de reflexionar y no caer en la tentación de la pérdida del equilibrio personal y de mis valores y principios. Soy un tío políticamente muy correcto, nunca he creído en los rebeldes sin causa, sino en una serie de pautas y formas en las que me han educado y con las que he construido mi carrera. No soy ningún payaso que se tenga que disfrazar de artista para llamar la atención o destacar. Lo que digo lo hago a mi manera, que es con las canciones.

-¿Cuáles han sido sus grandes logros en este tiempo?

-Siempre he tenido las barreras de "David DeMaría, un chavalito", pero cada vez más se va enganchando más a mi música la generación que venía por delante de la mía y el género masculino se deja ver más en mis conciertos. Creo que voy creciendo y que, por fin, se van rompiendo muchos tabúes sobre mí.

-Está detrás de canciones de Malú, Pastora Soler, Marta Sánchez... ¿No siente pena o celos de escuchar sus sentimientos en boca de otros?

-Como autor hace ya mucho que empecé a fraguar muchas canciones para otros artistas que me motivan. Más que yo confiar en ellos, son ellos los que confían en mí y me piden canciones... Ahora estoy en un momento en el que cada vez me cuesta más escribir canciones. Desde que empecé ha habido un desgaste y un sobre esfuerzo grande y ahora soy más exigente, quiero decir las cosas de otra forma, me tengo que estrujar mucho las neuronas y cuido mucho a dónde van a parar mis canciones, tanto las que escribo para otros como las que dejo para mí. Llegará un día en el que esto se agote, sin duda, sobre todo cuando deje de emocionarme a mí mismo. Tengo mucha crudeza y transparencia para eso y el día en que mis canciones me aburran me diré: "David, vete a Caños de Meca a hacer pulseras de cuero o de misionero", porque acabaré abandonando este gran país de mestizaje.

-Suena muy contundente... ¿Nunca se ha imaginado con 60 años sobre un escenario?

-¿Inventándome giras para seguir manteniendo el estatus? ¿Reinventándome después de 50 años para sacar mis primeras canciones? No lo veo... Soy persona antes que artista y lo que quiero es ser feliz, y esto del mundo de la música al final acaba... Los mitos los dejé de adorar hace mucho y no voy a ir por un camino que te lleve a la autodestrucción y a la pérdida total de lo más básico, que es amar y ser amado, encontrar la mujer con la que crear tu propio mundo, tener hijos y aprender a ser feliz. No quiero acabar colgado como acabamos casi todos. Yo no quiero ser un mal ejemplo como lo son todos los mitos; mejor quedarse con las obras y que ellas sigan dando frutos y formando parte de la gente. Hay cosas mucho más importantes en la vida que hacer canciones y volverte medio loco entre giras y demás.

-Pero algo bueno tendrá esa vida loca que conlleva la música, ¿no?

-Por supuesto. Yo me he demostrado que mi apuesta de vida me ayuda a pagar la hipoteca y a sentirme bien conmigo mismo. No he fracasado, no me he tenido que volver con la maleta llena de ilusiones con la que me marché a la capital vacía, sino todo lo contrario; mi vida se ha convertido en un camino de ida y vuelta constante. Me quedo con saber que formo parte de la vida de mucha gente a la que no conozco pero que me tiene en la cabecera de su cama como terapia, como medicina para los sentidos...

-¿Y a quién tiene usted en la cabecera de su cama?

-A mis padres y a mi gente. Cada vez escucho menos la música de compañeros y lo que intento, a nivel de referentes musicales, es volver a los 60 y a los 70, escuchar flamenco jondo o irme a un garito y escuchar a gente que no esté todavía contaminada.

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