Las películas del oeste como vehículo propagandístico

  • 'Guerra y propaganda en el siglo XXI', de Adrián Huici, desgrana los discursos ideológicos transmitidos en las películas del oeste y durante tiempos de guerra

Los archiconocidos duelos de revólveres bajo un sol justiciero en el Lejano Oeste -que tan bien proyectaron las películas de Hollywood- fueron, efectivamente, tan lejanos como excelentemente recreados por la industria cinematográfica norteamericana. Pues este hecho, como tantos otros en la historia de Estados Unidos, se inventaron o tergiversaron en los grandes estudios de la meca del cine en un claro afán propagandístico. Así lo vislumbra el estudio publicado en Alfar por el investigador Adrián Huici, Guerra y propaganda en el siglo XXI. Nuevos mensajes, viejas guerras. El volumen, dividido en tres bloques y con una marcada orientación académica, muestra en los dos primeros los tipos de propaganda existentes hoy día, sus códigos y lenguajes, o el papel crucial de los medios de comunicación en su difusión. La tercera parte del estudio se dedica a la propaganda de guerra y a los mensajes ideológicos transmitidos a través de las populares películas de indios y vaqueros.

El profesor de la Universidad de Sevilla aborda los discursos fílmicos empleados en la construcción de la imagen y mentalidad de cowboy inherente al país norteamericano. Y es que las películas del oeste asentaron una serie de constantes ideológicas como la visión hobbesiana del mundo -el hombre debe competir, hasta la muerte si es necesario, para satisfacer sus necesidades- o el darwinismo social -sólo los mejor dotados sobreviven. Así, se mitificó la labor mesiánica de los colonos en su ocupación de las tierras de los "salvajes" indios nativos, la idea de que el más fuerte -o, en este caso, el que más rápido dispara su revólver- es quien manda y los anhelos de conquista de nuevos territorios, que justifican en la actualidad las pretensiones expansionistas estadounidenses.

Por otro lado, Huici, nacido en Bahía Blanca (Argentina), centra su atención en los mensajes propagandísticos en tiempos de guerra y su efectividad, conflicto tras conflicto. A este respecto el estudioso desenmascara, por una parte, el poder persuasivo de la simbología, pues, según explica, "matamos y nos hacemos matar por cosas irreales, por conceptos como patria o bandera, es decir, símbolos".

El estudioso también destaca la efectividad de la propaganda de atrocidades -esto es, la atribución de acciones sanguinarias al enemigo tales como mutilaciones, violaciones o asesinatos de mujeres y niños- ya que "una y otra vez caemos en la misma trampa. Ocurrió en la Primera Guerra Mundial y se repitió en la Guerra del Golfo en 1990 y en la Guerra de Iraq en 2003".

El argentino tampoco pasa por alto la tendencia en nuestros días a asociar la propaganda con tiempos pasados, como el período de entreguerras o las actividades de históricos líderes totalitarios fascistas y comunistas. Sin embargo, en los regímes democráticos actuales los mensajes propagandísticos no cesan de emitirse hacia la sociedad. "La propaganda no ha desaparecido. Ha evolucionado, ha cambiado de aspecto. Y no siempre se usa de modo neutral. Por eso la población debe estar alerta", sentencia el investigador.

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