La percusión manda sobre el baile

El fenómeno de los fans dentro del universo flamenco dejó hace tiempo de ser patrimonio exclusivo de Joaquín Cortés. Él ya no es el único al que piropean. Y esto cuando sus seguidoras no se intentan acercar hasta tenerlo delante para tocarlo. Como con Farruquito, también con Farru, José Maya y Barullo ocurrió el martes noche algo parecido en la presentación de Al natural en Villamarta, aunque nadie del público se atrevió a subirse al teatro, como sí ha ocurrido en otros escenarios.

Son jóvenes que podrían bailar lo que quisieran, pero que han hallado en la bulería un filón donde se sienten muy cómodos y con el que arrastran a un sinfín de seguidores: "¡Guapos!, ¡dioses!, ¡viva lo puro!, ¡...y no tiene novia!...", les gritaron. A veces, dio la impresión de que en lugar de un espectáculo flamenco lo que se ofrecía era un concierto de Bisbal o Bustamante, para un público en su mayoría joven que sabía a lo que iba. Hasta los estribillos de los tangos los podía haber firmado cualquier estrella del pop.

Para parte del público, su mera presencia era más que suficiente para dar por bueno el precio de la entrada. De hecho, cuando Farru paseó su figura por el escenario parte del personal enloqueció, tal y como le demostraron tirándole claveles rojos. El propio Farruco, que era único a la hora de parar, templar y mandar, se quedaría estupefacto al contemplar el tirón que tienen sus nietos y, de alguna manera, el flamenco de hoy en día.

De alguna manera porque Farru, José Maya y Barullo, más que bailar distintas variantes se dedicaron a proyectar toda su energía casi siempre al compás del cajón. Ataviados con parecido vestuario al que usan los jóvenes cuando salen de copas, la melena al viento y pletóricos de fuerza y precisión en los pies, casi se limitaron en exclusiva a hacer el más difícil todavía a medida que alargaban su presencia en escena. Hasta dieron saltos en el aire para girar sobre sí mismos y clavar el remate cuando fue necesario para mantener el in crescendo.

En programa anunciaron tangos, alegrías, soleá, taranto, fandangos y seguiriyas, pero podrían haber anticipado cualquier otra variante porque su estilo lo dejaron bien definido desde el principio. Música a las órdenes de la (doble) percusión, cante solapado por el ruido y mucho temperamento en el interior de tres pares de botas capaces de taladrar el escenario con un increíble juego de pies. Piernas eléctricas sin preocuparse por la iluminación, el guión o la historia. La "pureza" ellos la abanderan con "el baile flamenco moderno". Su lema es emoción, fuerza y pasión. No hay duda de que anoche desataron pasiones, como se pudo contemplar en la puerta por donde entran y salen los artistas.

Farru y Barullo, por alegrías, en realidad apenas marcaron el cante salvo como mera excusa para exhibir su físico y llegar a la batalla final, ese punto donde más parecían competir que bailar. Ni el cante recordó a los grandes artistas de Cádiz ni el baile estuvo lo que se dice sembrao. Era lo de menos en su repertorio. Queda dicho que han encontrado la fórmula con la que llenar los teatros y parece difícil, vista la generosa respuesta de su público, que vayan a cambiar de receta.

José Maya se templó más para bailar la soleá por bulerías, concediendo algo más de audiencia al cante y obteniendo música de su zapateado, pero comoquiera que sus pies también sucumbieron ante el imperio de la percusión, poco a poco se difuminó su primera propuesta.

Barullo se adentró en la soleá y aunque intentó caminar con empaque por las tablas emulando a sus predecesores, tampoco empezó a bailar hasta que la bulería llamó a su puerta. En este punto y salvando las distancias, evocó la figura de Farruquito cuando éste seguía los cánones de este baile de principio a fin, marcando y paseando como un felino al tiempo, con sus hechuras flamencas, y desde el equilibrio en su concepción estilística. Puro nervio pero con el capote de Paula.

A Farru se le vio emocionado sobre el escenario. Primero escuchando la granaína y los tarantos -tampoco aquí bailó por derecho-, y más tarde cuando agradeció al público sus aplausos y contempló tanta admiración a su alrededor. Como Maya, apareció con el pelo recogido y el pañuelo atado al cuello, pero al final los dos acabaron con la melena suelta y la camisa por fuera, como si de una seña de identidad propia se tratara. Ya no es el Farru que durante años estuvo a la sombra de. Asume su papel y no se amilana. Los fans se derriten a sus pies.

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