Pájaro. músico

"El perfeccionismo termina siendo un auténtico problema"

  • El guitarrista y cantante publica 'He matado al ángel', álbum de dilatada y accidentada elaboración en el que pule los muchos hallazgos de su sorprendente debut, 'Santa Leone'

Santa Leone (Happy Place, 2012) nos devolvió a Andrés Herrera, Pájaro, no sólo en pleno estado de forma, sino también en un rol hasta entonces inédito. El antaño guitarrista de Silvio, entre tantos otros, dio un paso al frente y se convirtió en protagonista principal de una aventura con repercusión inesperada. A diferencia de su maestro, Pájaro, genio y figura, desbordó el ámbito local y cosechó parabienes y conciertos por todo el país, incluido un bolo en Zaragoza como telonero de Bob Dylan el año pasado. La continuación de aquel celebrado disco tenía ya fecha de presentación en el Monkey Week cuando un desafortunado accidente abortó el proyecto. Y han tenido que pasar cuatro años para que He matado al ángel (Happy Place, 2016) demuestre que, en efecto, aquello no fue un delicioso espejismo.

-Se partió un pie y eso cambió el disco que tenía en la cabeza. ¿Vino bien el accidente para hacer las cosas con más calma?

-Pues la verdad es que fue una suerte. Realmente, el proyecto que íbamos a presentar en el Monkey Week no estaba nada mal, pero cuando me partí el pie, como tenía tanto tiempo, empecé a componer canciones nuevas. Y creo que las mejores de He matado al ángel las hice a partir de ahí.

-Maneja los mismos registros que ya usó en Santa Leone: western, canción italiana, una versión de Silvio, adaptaciones de partituras clásicas… En ese sentido, resulta un disco continuista, pero mucho más elaborado...

-El disco perfecto no existe, como tampoco existen el cuadro perfecto o la novela perfecta. Aunque yo crea que siempre se puede hacer mejor, el perfeccionismo termina siendo un auténtico problema, porque con ese afán perfeccionista nunca acabas. Pero sí, nos lo hemos currado mucho más. Por ejemplo, en este disco Raúl [Fernández] aporta muchas guitarras sacrificadas, sencillitas, de ésas que parece que nadie ha tocado, pero que son las que realmente le dan carácter a la canción. Además, su padre, Javier, nos construyó unos amplificadores parecidos a los que usaban los Stones al comienzo. Una maravilla. Llevábamos toda la vida intentando sacar ese sonido sin saber de dónde venía... Pues de unos amplis chiquititos de dos watios.

-¿Y cuándo decidieron que tenían que terminar?

-Cuando ya estábamos con el agua al cuello. En realidad, aunque lleváramos cuatro años dándole vueltas, el disco se empezó a grabar en mayo. Así que tampoco es que hayamos tardado tanto. Pero, entre que me partí el pie, que cambiamos el repertorio... Pasaron muchas cosas, pero creo que el universo ha conspirado en nuestro favor.

-¿Esperaba la repercusión que tuvo Santa Leone?

-No, para nada. Sabía que estaba bien, que eran buenas canciones, que todos mis colegas me felicitaban... Pero no, no me lo esperaba. Era la primera vez que cantaba en un disco, me escuchaba desafinado... Creo que éste está mejor cantado que el otro, ahora le tengo menos miedo al micro. Es un mundo... De ser guitarrista a ser el cantante, el que da la cara...

-¿Y qué recuerda con mayor cariño de ese inesperado reconocimiento?

-Casi todos mis amigo han puesto la canción Santa Leone como tono de móvil. Y yo, pero tío, tío... ¡Que eso me da mucho corte! Hombre, no sé si eso es más importante que telonear a Dylan, pero es tela de importante.

-¿Le presentaron sus respetos en aquel concierto en Zaragoza?

-A Dylan en los camerinos no lo vio nadie. Ni la guardia mora de Franco lo hubiera hecho mejor que sus guardaespaldas. Y lo entiendo: ser Pájaro ya es un coñazo; imagínese ser Dylan...

-Tenían canciones para dos discos. ¿Cómo eligieron?

-Fue difícil. Por ejemplo, un día estábamos en el estudio regrabando algunas cosas y llegué con el Vieni con me, que la saqué por mi perro, porque tengo un perro que no me hace ningún caso. Le decía vieni con me, a ver si venía. Pues llegué con esa canción, se la enseñé a los del grupo y me dijeron ¿Esto porque no lo has traído antes, Pájaro? Pero estas cosas uno no se las propone. Las canciones no se escriben cogiendo un lápiz y un papel y diciendo voy a escribir una canción. La canción te viene y, como decía Picasso, tiene que cogerte trabajando.

-¿Y de dónde le viene esa atracción por la canción italiana?

-Claramente, viene por Silvio, que nos cantaba todas esas canciones. Yo entonces no conocía tanta música italiana, pero Silvio se las sabía de la radio y del pick-up. Él las cantaba, las mezclaba, como en su versión de Anna perché de Nicola di Bari, que es surrealismo puro. Pero creo a mí me hizo más italiano el cine que la música. Las películas italianas, y no sólo las del oeste, tenían unas bandas sonoras brutales. Todas esas comedias italianas que nos tragábamos de chicos en los cines de verano... Como mi padre era proyectista y yo pasaba las películas siete veces, me quedaba con la música sí o sí. Creo que el italiano es de los idiomas más musicales que hay. Desde luego, es más difícil cantar rock'n'roll en español que en italiano.

-En Santa Leone cantaba Las criaturas y Tres pasos al cielo; en He matado al ángel, El pudridero. ¿En cada disco de Pájaro vamos a escuchar una canción que ya interpretó Silvio?

-No, no… El caso de El pudridero era una asignatura pendiente. Es una de mis favoritas de siempre, de las más importantes de mi vida. Cuando la escuché por primera vez, siendo un chaval de quince años, me quedé flipado. Me dije con éste tengo yo que tocar. ¿Y sabe lo que pasa? Que de Madrid para arriba nadie conoce esta canción. Aquí en Andalucía conocemos la obra de Silvio, pero los gallegos no, ni los vascos...

-¿Cómo se le ocurrió esa versión, mitad rock mitad swing, de La danza del fuego de Manuel de Falla?

-Lo primero que hago por las mañanas es tomarme un café y coger la guitarra con la grabadora al lado. Creo que lo primero que tocas por la mañana es bueno. Has dormido, te despiertas y abres el disco duro de tu cabeza. La danza del fuego me salió así. Estaba improvisando blues y, de pronto, me di cuenta de que estaba tocándola. Y seguí.

-Guadalupe Plata, El Twanguero, Julián Maeso, Los Saxos del Averno, Los Quiero… Se le llenó el disco de colaboradores de altura…

-Todo esto sale hablando. Alguien te comenta he conocido a un guitarrista, Diego García, El Twanguero, póntelo que vas a flipar... Lo escuchas y te dices madre mía, ya me gustaría que tocara en una canción mía... La novia de Raúl, Raquel, lo conoce. Pero si es amigo mío. Os lo presento. Y el tío encantado de colaborar, igual que Los Quiero o Julián Maeso, que para mí, más que un colaborador, es ya uno más de la banda, aunque tenga su propia historia. Los Saxos del Averno se han pegado un curro brutal. Si quitáramos las colaboraciones no sería el mismo disco. ¿Y lo de Guadalupe Plata? ¿Eh? Son amigos y grabar con ellos fue un gusto.

-¿Va a tardar otros cuatro años en grabar nuevo disco?

-No, de hecho ya estoy preparando otro proyecto: ocho canciones de Víctor Jara tocadas en directo en el estudio, y no van a ser de las más conocidas, tipo Te recuerdo Amanda. Ya estamos con ello. Será un disco con muy pocos instrumentos, llevándonos las canciones al territorio de Pájaro, al folk-rock. De chico, los tres personajes más importantes para mí eran Bruce Lee, Jimi Hendrix y Víctor Jara. De los tres tenía pósters en mi habitación.

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