Un placer para los sentidos

Diez años, mucho tiempo, han pasado desde Brillo de luna, el segundo disco del cantaor extremeño. El dominio del compás es uno de los valores del Guadiana (Antonio Suárez Salazar, Badajoz, 1955). Con todo, este disco se escora demasiado hacia un repertorio festero, con estribillos y coros. Destaca a pesar de ello la potencia y el color profundo de la voz del cantaor, sensual y entregado: un placer para los sentidos. Aunque sea en unos tangos convencionales, en una rumba intrascendente o en una balada vagamente sentimental, con un buen estribillo, eso sí, muy canastero. Pero el cantaor da lo mejor de sí en los estilos tradicionales. En las bulerías se hace acompañar de Tomatito, estilos camaroneros plenos de compás y trabalenguas. La malagueña del Mellizo es la isla de serenidad de este disco, donde Guadiana da fe de su estilo personal de decir el cante, que es su mayor valor artístico, además de su voz pletórica, como he señalado arriba, aunque para mí llega muy pronto al fandango lucentino, es decir, veo algo de precipitación en la pieza que, no obstante, es lo mejor del disco. La soleá es una de las últimas grabaciones de Enrique de Melchor: brillante el inicio alcalaíno de la serie y la estrofa por Juaniquín de Lebrija, sobriedad y transmisión sin excesos, con naturalidad. La seguiriya presenta exceso de producción que va en detrimento de la efectividad de la pieza.

Guadiana Con Tomatito y E. de Melchor. Producido por J. Losada. Lola Records

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