El poder de las letras en sus manos

  • Desde 1598 hasta 1700 unos 200 hombres realizaron el oficio de escribano en Málaga, cargo que llevó a algunos a ser regidores y a otros a la ruina · La doctora Eva María Mendoza presenta un amplio estudio

A principios del siglo XVII la mayoría de la población en Málaga era analfabeta. Por tanto, lo más común para tratar cualquier tipo de asunto era recurrir a un escribano. Ellos daban fe pública a testamentos, documentos de compra y venta y procesos judiciales, entre otros muchos casos. Desde 1598 hasta 1700 unos 200 hombres ejercieron en Málaga el oficio de escribano, un cargo que les llevó a estar en contacto directo con la oligarquía y por el que algunos ascendieron a puestos de regidores municipales. Sin embargo, otros se llenaron de deudas y cayeron en la ruina. Simultáneamente coexistían en la ciudad unos 25 escribanos de número, cuyas oficinas se situaban en los alrededores de la Plaza Mayor o de las Cuatro Calles, la actual Plaza de la Constitución.

Los escribanos contaban con cierto prestigio en la sociedad malagueña. "Dominaban la escritura y la lectura y la información es poder", comenta la doctora Eva María Mendoza, autora del libro Pluma, tintero y papel. Los escribanos de Málaga en el siglo XVII (1598-1700). "Todos los asuntos pasaban por sus manos", añade Mendoza, que durante cinco años ha consultado miles de legajos en el Archivo Histórico Provincial y en el Archivo Municipal. No obstante, la literatura -desde Cervantes a Quevedo- se ocupó de malograr su fama. "Los acusaban de alargar los pleitos, por lo que aumentaba el número de documentos y, así, sus beneficios", dice Eva María Mendoza.

Junto al Cabildo, a la Audiencia y la Cárcel, en el centro neurálgico de la ciudad, los jesuitas arrendaban sus soportales (estaban en el actual edificio de la Sociedad Económica de Amigos del País) para que los escribanos montaran sus tiendas. Pero llegar hasta este punto no era nada fácil. Los requisitos que se exigían para ser escribano eran numerosos. En primer lugar tenían que tener como mínimo 25 años, ser hombres, no haber sido inculpados por la Inquisición y aportar un informe de la justicia acreditando su buena fama y procedencia. "Tenían que certificar su limpieza de sangre, que fueran cristianos viejos, aunque eso no quita que algún converso llegara a ser escribano", explica la autora del estudio. Además de estos requisitos, tenían que superar un examen y pagar los derechos económicos, "que eran muy caros, incluso algunos adquirieron tantas deudas que tuvieron que vender el título en pública subasta", dice la doctora.

Otra cuestión eran las vías de acceso a la escribanía. "Se supone que tenían que buscar a un escribano que dejase el oficio gratuitamente, aunque hay documentos que demuestra que pagaban por conseguirlo", subraya Mendoza, que ha seguido las andanzas de dos centenares de oficiales, como Martín Delgado Solís y Blas Pizarro del Pozo, que llegaron a ser regidores y el resto de su familia siguió en la élite. El único escribano soltero que ha documentado la profesora fue Ciriaco Ximenete. Su padre fue escribano y cuando falleció su viuda se quedó con el negocio. María de Velasco, aunque sabía escribir, no tenía potestad legal para firmar, era una mujer. Así pues, tuvo que contratar a otros escribanos hasta que su hijo cumplió los 25 años. Al poco tiempo éste murió y ella siguió manejando la escribanía.

La mayoría de los escribanos tenía un nivel económico medio y contrataba a oficiales de la pluma, a escribientes, para que redactaran los documentos. No eran demasiado cultos, "poseían muchos cuadros de santos pero pocos libros" y muchos tenían otros negocios, como propiedades que arrendaban en la ciudad y viñas. No era un colectivo demasiado organizado sino se trataba de celebrar una fiesta o una corrida de toros, de hecho había rivalidades manifiestas y decenas de pleitos por injerencias. No obstante, todos los escribanos de Málaga se unieron para denunciar a Pedro Ballesteros porque el representante de los comerciantes ingleses lo había contratado para llevar todos sus negocios. La demanda no prosperó.

La Academia de Bellas Artes de San Telmo presenta mañana jueves en el Salón de Actos de Cajamar (a las 20:00) esta obra que indaga en quiénes eran aquellos que estaban detrás de los principales documentos oficiales de la época.

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