La crítica

Mucho más que post-bop

  • Joshya Redman Trío abrió la vigésimo tercera edición del Festival de Jazz. No fue un éxito de público, pero sí un rotundo triunfo artístico

Así entran ganas de escuchar jazz. Muchas. Joshua Redman ya no es un joven león, que lo era cuando visitó hace unos años el Teatro Cervantes, sino que ya ha llegado a la categoría de maestro. El arranque de este vigésimo tercera edición del Festival Internacional de Jazz no fue un éxito de público –inexplicable salvo en un contexto de contracción económica, que así llamamos ahora a las crisis–, pero sí un rotundo triunfo artístico.

En post-bop es en lo que se ha doctorado Redman, una lectura actualizadora de la vieja revolución. Juguetona, entrecortada y abierta es la música que este señor de Berkeley ejecuta, con el brillante acompañamiento de Rogers y Harland –que baterista, de veras–. Y el saxofonista es un líder generoso, tanto con el público como con sus músicos –a los que fuimos, que éramos pocos, nos dio un adelanto de su próximo disco, la alocada Insomnomaniac–. El saxo de Redman baila y golpea sobre el manto rítmico de su trío, que también tiene espacio para el lucimiento. Quizá Harland aprovecha mejor esos momentos de libertad, pero es que la batería siempre ha molado, ¿no?

De entrada, un regalo. The Surrey with the Fringe on Top es un clásico de Rodgers y Hammerstein que Redman transformó en Back east, y anoche fue su tarjeta de presentación. El resto era suyo. Y no desmereció en la comparación.

Intensa e inteligente es la presencia del trío sobre el escenario. Saben equilibrar tanto el respertorio como las propias canciones, que son interpretadas con flexiblidad y sin anarquía. Hay control, sí, pero sobre todo vida y groove. Redman gana sin exhibirse, las canciones convencen con suavidad y la música de este trío fluye. Es jazz complejo que sabe ser accesible sin edulcorar su esencia y en el que siempre hay un gancho al que agarrarse y que te agarra. Son muchos los guiños que este trío suelta, con ingenio y sin caer en el vulgar lugar común. Esto es contemporáneo, mucho, aunque tiene un ojo puesto en el clasicismo más fresco. Así, por ejemplo, el último y rítmico tema de la noche –después hubo un bis–, en el que hasta se coló un toque de burlesque. Guau.

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