Dos puertos y un mismo compás

Hay mares que se surcan con los zapatos puestos. Sin miedo al naufragio, David Morales emprende su tercera travesía, esta vez camuflado como El Indiano. En Contrabandistas cruzó el Estrecho; en Abraçado visitó Brasil ; y el pasado miércoles en el Cánovas el gaditano hizo las Américas. El desarraigo sabe a hiel en sus pies. Y la melancolía por vidalitas duele más cuando la mueven sus brazos.

Por zorongos, milongas o guajiras Morales supo defender la ortodoxia de su género y, con osadía, acercó el oído al Caribe sin perder compás. La guitarra de Paco Javier Jimeno acertó a entonar el desgarro , Rocío Bazán hizo lo propio en sus palos seguros pero, cuando navegó por vallenatos y colombianas, la malagueña no salió a flote.

En su deambular por ambos destinos, El Indiano se dejó acompañar al baile por Rosario Toledo, correcta en su ejecución pero algo fallida en su papel de mujer despechada, sensual o entregada. Tres perfiles que su cuerpo no acabó de dibujar, quizás por exceso de temperamento o falta de complicidad.

Aún así, entre bailes de ida y vuelta Morales encontró su justo equilibrio en un Guantanamera con pellizco flamenco, o esa Ausencia en un Javier Ruibal mimetizado. Antes de despedir su viaje, Morales puso al público en pie con una soleá impecable. Como fin de fiesta Ruibal aceptó una nueva invitación y por bulerías Volver llevó a la tripulación a buen puerto.

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