eva yerbabuena. bailaora y coreógrafa

"La pureza es la esencia del alma de cada uno, la forma de sentir y de conmover"

  • La artista granadina trae al Teatro Cervantes el próximo 19 de mayo su espectáculo 'Apariencias', un montaje en el que se desprende de todas las capas para poder llegar a la raíz

La bailaora y coreógrafa Eva Yerbabuena, ayer, en el palco del Teatro Cervantes. La bailaora y coreógrafa Eva Yerbabuena, ayer, en el palco del Teatro Cervantes.

La bailaora y coreógrafa Eva Yerbabuena, ayer, en el palco del Teatro Cervantes. / javier albiñana.

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Con media hora de conversación uno se da cuenta de que el verdadero triunfo de un artista parte de la inteligencia, de la reflexión, del trabajo constante y la reinvención perpetua. Así se ha hecho en Eva Yerbabuena, una creadora total que suma pasión a la técnica y que sigue indagando, como mente inquieta que es, para jamás repetirse. El próximo 19 de mayo estará en el Teatro Cervantes con su último espectáculo, Apariencias. Tradición y Evolución. Un montaje "intenso" que promete no dejar indiferente al público.

-¿Cómo está resultando la gira de Apariencias?

-La verdad es que lo último que hemos hecho ha sido Londres, estuvimos tres días, cuatro funciones, el teatro lleno hasta los topes y con una respuesta del público genial. Es un espectáculo que ha ido creciendo, madurando y con el que me siento muy contenta. Cada vez se va reclamando más y eso es lo mejor que me puede pasar como intérprete y como creadora.

-¿Qué le queda por delante al espectáculo?

-Tenemos gira por Asia, estaremos en Estados Unidos, Latinoamérica, también por España, en Gijón, Salamanca... Se está moviendo muchísimo.

-El subtítulo del montaje es Tradición y evolución. ¿Eso significa que hay que seguir avanzando sin perder la raíz?

-Hay una frase que ha escrito para este espectáculo Horacio García y que lo define muy bien. "Saltar hacia las nubes no es volar y unirse a la raíz no es enterrarse". Y es exactamente eso. Llevo unos años intuyendo lo que está pasando ahora, que una generación desgraciadamente ya se nos ha ido y queda otra en la que estamos en plena búsqueda. Pero sí que se nota un vacío que da qué pensar, que nos puede hacer reflexionar.

-¿Hay miedo a coger ese relevo?

-Como creadora e intérprete me da un poco de miedo todo lo que conlleva evolucionar y madurar. Es muy difícil ver a una persona con la capacidad de conmocionarte, de transmitir y creo que es lo que nos toca a nosotros ahora, toca observar, analizar y tratar de que eso no se pierda. Aunque los artistas creemos que o naces con ese don o te mueres sin él, hay personas que están tocadas por la varita. Eso sí, hoy a nivel técnico la preparación de la gente es abrumadora.

-¿Por qué hizo Apariencias?

-Apariencias no es un espectáculo superficial. Es una reflexión muy personal de qué está pasando y por qué. Desde que tengo uso de razón, desde la familia, he vivido lo que realmente al ser humano le importa lo que dirán los demás y eso no es más que pura apariencia. Dejamos de ser nosotros mismos porque nuestros padres deciden que una ropa, un color, un estilo o una forma de estar es lo más apropiado. Todo es una negativa, un no ser tú mismo y llega un momento en tu vida que tienes que quitarte todo lo que te han ido echando encima.

-¿Y eso supone su espectáculo, quitarse todo para llegar a la esencia?

-Sí. Lo primero que hice fue quitarme lo más importante para una flamenca, el pelo. Quería desprenderme de todo aquello que aparentemente es flamenco. Necesitaba buscar mi propia esencia, y partí de ahí para volver a saber qué es realmente lo que a mí me hace sentirme flamenca. Supone, además, una transformación que parte de la raza negra, porque para mí todo viene de ahí y quería que estuviera presente.

-¿El público lo entiende así?

-Una pianista que conocí después de que viera el espectáculo me regaló un libro con una dedicatoria que al leerla me hizo llorar. Pensé que había entendido lo que pretendía, que ya podía morirme. Me decía, y no hubiera podido explicarlo mejor, que "La esencia es inamovible, atemporal y permantente y la apariencia es todo lo contrario". Y es de eso de lo que habla el espectáculo, de toda esa transformación rodeada de un cuerpo de baile maravilloso, de las voces de Alana Sinkëy y de los cantaores, de la música que es una bestialidad y de una escenografía sencilla pero muy significativa.

-¿Decidió ser bailaora o el baile la eligió a usted?

-Tú crees al principio que escoges tu profesión pero a mis 46 años digo que esto no es así. Creo que hay algo mucho más fuerte que tú que no se puede controlar, un tipo de energía o algo con un poder extremo que decide, vamos a llamarle destino. Cada uno tiene una misión que ha de cumplir. Yo fui escogida, nunca en mi vida decidí que quería bailar. Yo estoy bailando por cumplir el deseo de mi tía Encarnita. Ella fue la que alentó a mi madre a que me apuntase en una academia. Yo era muy tímida y vi que me ayudaba a perder la timidez, que me transformaba, era como disfrazarse, como esconderse tras un personaje.

-Pero una cosa es bailar y otra crear, ¿qué supone la creación para usted?

-La creación es lo más maravilloso del mundo. Yo la comparo con el nacimiento de un hijo, es una vida. Algo que está en el aire pasa a estar dentro de ti y de ahí a ser visualizado, escuchado y compartido con todo el mundo. Es una forma de crecer, de enriquecerte, de darte cuenta de las equivocaciones, el proceso creativo para mí es lo más importante. También te ayuda a conocer más a los demás.

-También se expone a la crítica... ¿Qué le dicen los puristas?

-Yo ya me río, porque pienso que el flamenco es la cosa más impura del mundo, el flamenco nace a raíz de una mezcolanza cultural grandísima. Yo creo que la pureza es la esencia del alma de cada uno, la forma de sentir que tiene una persona, de transmitir y conmover, esa es realmente la pureza.

-¿Existe el flamenco sin pasión?

-Sí existe, para eso está la técnica. Pero considero que la técnica siempre tiene que estar al servicio del arte, si está por encima de lo que estás haciendo es que no hay pasión y para mí deja de tener magia. Pero la pasión no es algo que esté en tus manos, no es algo controlable. No sabes de dónde ni cómo viene pero tienes que estar abierta a eso.

-¿El nombre de Eva Yerbabuena ya es suficiente para llenar un teatro?

-Yo no tengo la popularidad de otros artistas, mi trabajo quizás no sea comercial y cuesta trabajo llegar porque ha cambiado todo mucho, empezando por los medios y las redes sociales. Pero es verdad que normalmente llenamos los teatros. Eso sí, nos cuesta por ejemplo hacer temporada en Madrid.

-¿Cuál es el secreto de su éxito?

-Cada día que me levanto lo hago como si acabara de empezar. Ojalá que nunca me falte esa inquietud, supongo que en el momento que falte habrá terminado mi carrera. Todos los días aprendo algo, sigo buscando el paso para no repetirme, observo a mis compañeros, veo lo que me gusta de ellos, hago un análisis, sigo estudiando, como el primer día, me olvido de todo lo anterior y empiezo como si no hubiera hecho nada.

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