Cuatro rayitos de sol en La Malagueta

  • Más de dos horas de concierto recordaron, veinte años después, 'Azabache'

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Cualquier secuela en el mundo del arte está unida de forma incontestable a las comparaciones, para bien o para mal, y en el ruedo de la plaza de toros de La Malagueta se intentaba rememorar lo que se había vivido 20 años antes en la Expo de Sevilla con el espectáculo Azabache. Nada era igual, pero no por eso el concierto desmereció. Se echó falta más escenografía que ayudara a engrandecer el contexto de cada tema y que aquello fuera, como se esperaba, un espectáculo más que un recital. Pero hay que pensar en frío y darse cuenta de que han pasado dos décadas, que según el tango "no es nada", pero los tiempos avanzan y se evoluciona. Y algo que ciertamente se pudo sacar en claro del concierto del pasado sábado es que la copla goza de muy buena salud, que no está reñida con la modernidad y que cuenta con muchos adeptos, tal y como dejó de manifiesto la gran cantidad de público que ocupó el albero y gran parte de los tendidos del coso malagueño. Además, el póquer de gargantas que se anunciaba en el cartel no dejaba lugar a las dudas en cuanto a la calidad que se esperaba. Y no fallaron. Fueron cuatro rayitos de sol en medio de toda la noche que se cerró con un Suspiros de España coral que dejó al respetable suspirando con ganas de más. Y eso que fueron más de dos horas.

En Bakú, es posible que ya se hayan arrepentido dejar escapar a Pastora Soler. La voz de la sevillana no tiene fin y en interpretaciones como las de La Lola se va a los puertos, Cinco farolas, Qué no daría yo o el dueto junto a Lombo de Cárcel de Oro fueron de piel de gallina. Y el público no dudó en ovacionar puesto en pie.

Mención aparte merece la frescura que le aporta Manuel Lombo a sus versiones copleras. Era casi imposible no enamorarse Antonio Vargas Heredia y casi llorar por él, como las mocitas de Sierra Morena, cuando el cantante sevillano, daba voz a la historia de este gitano, "flor de la raza calé". También era casi imposible no recordar a Juanita Reina, intérprete única de la copla, cantando doliente bajo aquella reja en la isla de La Cartuja Y sin embargo, te quiero, pero en esta ocasión estuvo la cristalina y prodigiosa voz de la malagueña Pasión Vega que sólo estuvo acompañada por el toque ejemplar de Pedro Sierra. Vega estuvo inmejorable con las letras de Ojos Verdes o Francisco Alegre, en donde un problema con los micrófonos no enturbió ni un ápice su grandeza. Junto a la otra artista local, Diana Navarro, Vega firmó un dueto de voces de filigrana para cantar El día que nací yo.

Navarro por su parte, destacó en la versión más flamenca de La Loba aparte de dejar plasmada la delicadeza de su voz en temas como Carmen de España, La Violetera o María de la O.

No hay que olvidarse del gran nivel que demostró la Orquesta Sinfónica del Aljarafe interpretando adaptaciones muy acertadas.

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