El regreso al barrio de un cuentacuentos

  • Dani Rovira evocó ayer en La Térmica sus años de estudiante en Málaga y sus comienzos como actor, a la vez que hizo balance del presente

El encuentro que mantuvo ayer Dani Rovira con su público en una sala a rebosar de La Térmica, dentro del ciclo de conferencias Palabras mayores, tuvo mucho de regreso al barrio de aquel chico que hizo un día la maleta y llegó a convertirse en estrella. "Yo me crié aquí al lado. Mi colegio era el Rosario Moreno, y después fui al instituto Litoral. Venía aquí mismo, al Centro Cívico, a estudiar y a preparar los exámenes, porque había una biblioteca y en casa tenía demasiadas distracciones". Luis Alegre, organizador del ciclo, que ejerció de presentador durante la velada, se refirió a Rovira nada más empezar como "una de las personas más relevantes de la cultura española en los últimos años". Y el actor no lo desmintió, pero su charla, con Clara Lago y otros (viejos algunos, otros no tanto) conocidos en la audiencia, resultó mucho más emocional y emocionante en cuanto se concretó en lo vital. Rovira es, según una marca cervecera, el tipo que la mayoría de los españoles escogerían para ir de cañas. Y ayer demostró los motivos.

Recordó así Rovira su juventud en Los Guindos, el primer año de Magisterio en la Universidad de Málaga y la posterior marcha a Granada, donde estudió Ciencias del Deporte. Todo a la vez que daba sus primeros pasos en los más variopintos escenarios: "Me hice payaso. Me he tragado tantas comuniones que no te puedes ni imaginar". Y la querencia por la actividad de cuentacuentos, que tuvo su origen en la Tetería El Harén de Málaga y que continuó luego en Granada, "una ciudad hecha para contar cuentos, desde luego", vocación previa a los monólogos de humor que se tradujeron a su vez en mucha carretera y mucho coraje: "Cuando empecé con los cuentacuentos en Granada me pagaban dos mil pesetas. Después de cada actuación me las gastaba en dos Alhambras y un kebab. Y con los monólogos me recorrí España en carretera, de bar en bar, actuando a menudo en sitios poco amistosos, donde lo más fácil era que alguien te tirara un servilletero a la cabeza. He actuado en todos los pueblos de Málaga, en todas las ferias. La primera vez que presenté la gala de los Goya, cuando alguien me preguntaba antes si no me daba miedo yo replicaba: ¿Miedo? ¿Es que tú no has estado en la Feria de Coín?".

Y sí, también habló Rovira sobre el éxito de Ocho apellidos vascos ("Tres días después de que se colgara el trailer en internet, se contaron más de 400.000 visitas. Todo el mundo se puso muy nervioso, pero yo no entendía nada. Sólo preguntaba qué tenía que hacer"), su papel como presentador en las dos últimas galas de los Goya, con premio incluido en la primera y polémica posterior en la segunda ("Cometí el error de no apartarme de las redes sociales durante los días siguientes. Me da pena el modo en que este país puede llegar a odiar de manera gratuita"), sus proyectos más recientes (El futuro ya no es lo que era, que presentará en el próximo Festival de Málaga; y Cien metros, un caso real de superación al que se refería ayer con entusiasmo) y su labor solidaria (con especiales elogios a la Sociedad Protectora de Animales de Málaga) con una conclusión: "Miro hacia atrás y veo que no me he saltado ningún escalón". Lo mejor, claro, está por venir.

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