El regreso de un buen tipo

  • Ringo Starr publica 'Liverpool 8', lo mejor que ha grabado desde los años 70

Qué majo es Ringo Starr, de veras que lo parece. Cuando lees sobre su vida piensas lo mismo, aunque cuando escuchas sus discos te das cuenta de qué no basta con ser simpático para grabar un buen álbum. El que fuera batería y bromista de The Beatles llevaba perdido mucho tiempo, desde finales de los 70 ni ha grabado un buen disco ni ha tenido un hit -incluso acabó en las garras de una indie especializada en nostalgia-, pero en 2008 ha regresado a Capitol, una major, y ha publicado un buen disco. La sorpresa se llama Liverpool 8.

Para acercarse a estas doce canciones hay que ir libre de exigencias, porque Ringo Starr es un tipo sencillo y lo mejor que puede dar es encanto, con un ligero toque tonto, en serio. Dave Stewart (Eurythmics) se ha encargado de afinar esta producto, lo mejor del batería desde el muy lejano Goodnight Viena (1974). Liverpool 8 es pop del de toda la vida, tan simple como un chiste de Eugenio e igual de directo y fresco.

Si esto recuerda a sus días de gloria pasada es normal, el objetivo parece ese. Pero esto no es un pastiche -Starr ya lo hizo en otras ocasiones-, sino una obra sin apenas pretensiones. El tono general es amable y con guiños cada dos por tres, tanto en la música como en los textos: hay efectos de sonido psicodélicos, ciertos arreglos ya conocidos, y las letras mencionan explícitamente a sus amigos George, Paul y John.

Lo mejor de Liverpool 8, además de su calidad media -con picos como la madchesterianaGone are the days o Tuff love- es Harry's song, el tema que Starr dedica a uno de sus grandes colegas, el desaparecido Harry Nilsson: tiene ese toque Hollywood que tanto transitó el autor Nilsson Schmilsson. Lo peor, y ahí Starr demuestra que es un loco entrañable, es Pasodobles, pero también lo queremos por eso.

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