"La reivindicación va implícita en la libre expresión de la imaginación"

  • El artífice de 'Qualsevol nit pot sortir el sol', verdadero estandarte de la creatividad en la historia de la música española reciente, pasó esta semana por el Instituto Municipal del Libro para ahondar en su singular poética

Fenómenos televisivos aparte, lo cierto es que muy pocos comprendieron por qué a Jaume Sisa (Barcelona, 1948), verdadero artífice de la modernidad musical en España cuanto lo tenía todo en contra, le dio por inventarse a Ricardo Solfa en los 80. Todo corresponde a su condición de galáctico, con las exactas dosis de inocencia, curiosidad y conocimiento de causa. Ahora, este cantautor de enorme influencia y objeto de superior respeto acaba de recuperar en una gira su disco legendario, Qualsevol nit pot sortir el sol (1975), que presenta en directo sólo con su guitarra y la complicidad de la conversación. Sin él, el Rock Laietano y la Movida se habrían quedado en pastiche.

-Últimamente, con motivo de la gira de Qualsevol nit, he leído diversas declaraciones suyas sobre la distinción entre la libertad que en los 70 cercenó la dictadura y la libertad interior. ¿El peor enemigo es siempre uno mismo?

-Creo que sí. A menudo uno cree conocerse muy bien y piensa que tiene muchas cosas dentro, pero a la vez muchas, o algunas de estas cosas, le resultan desconocidas. Este conflicto es un obstáculo para llegar a expresar con toda la precisión y claridad que uno desearía lo que realmente se quiere decir. Cuando la libertad te la coartan desde fuera es muy fácil saber con quién te la juegas. En una dictadura es sencillo identificar al dictador. Pero cuando uno hace canciones, el proceso va de uno mismo a uno mismo, ahí no hay nadie, no puedes contar con un sparring. Cuando llegas a mostrar la canción has tenido que cocinar el proceso tú solo: es ahí donde puede acechar ese otro yo, ese traidor oculto.

-¿Ha llegado a sentirse miembro de un colectivo, como el Rock Laietano o la Nova Cançó, o más bien se ve como una isla?

-Me veo más bien como una isla galáctica. Como generación me corresponde un grupo de excelentes cantantes, pero en su mayoría politizados, lo que no es mi caso. Yo me siento más cercano a otros postulados, al rock y al pop; mis vinculaciones con la canción de autor tienen más que ver con la poesía y la imaginación que con la reivindicación. Creo que la reivindicación está implícita cuando uno intenta expresar libremente la imaginación.

-Como cantautor galáctico, ¿qué opina de los nuevos medios de difusión de la música?

-Nunca pensé que llegaría a ver la muerte del disco de vinilo, y ya ves, ahora parece que definitivamente va a desaparecer el CD, el disco como objeto, y todo será virtual. Pero no quiero hacer un canto a la nostalgia, la vida es movimiento y cambio, hay que estar vivo y cambiar. La música no deja de ser música sólo porque se escuche a través de internet.

-Uno de sus últimos trabajos fue un homenaje a Vainica Doble con Suburbano. ¿Por qué decidió quitarse esa espina?

-Me gusta Vainica Doble, soy un gran admirador. El dúo me ha interesado desde siempre porque está perfectamente integrado en la órbita galáctica. Eran tremendas, como dos señoras en una mesa camilla encima de un escenario, parecía que les daba vergüenza cantar pero luego demostraban muchísimo talento, mucha inteligencia. Sus canciones eran preciosas, y desde luego la música española no está sobrada de grandes autores de canciones. Las Vainica Doble son las grandes olvidadas de la tradición española de la música moderna.

-¿Alguna vez se sintió desplazado por la Movida de los 80?

-La Movida de los 80 tuvo cosas muy interesantes. De alguna manera supuso una continuidad desde Madrid a la explosión que había sucedido en Barcelona en los 70 con el Rock Laietano, aunque sin tanta repercusión. Quienes comenzamos a cantar en los 70 seguimos haciéndolo sin demasiados problemas en los 80, aunque también es verdad que cuando estalló la movida parecía que no había otra cosa, eso arrasó con todo.

-¿Qué queda del Rock Laietano en bandas como Antónia Font?

-Los Antónia Font son galácticos. Tienen todos los ingredientes para ser un grupo importante, aunque por desgracia parece que no han logrado romper la barrera lingüística y ser reconocidos en el resto de España. Es una pena porque se trata de una banda de las grandes.

-¿Es ahora más difícil conectar con el público cantando en catalán fuera de Cataluña que en los 70?

-Sí.

-¿Por qué?

-Cantando en catalán puedes actuar en universidades, en algunos teatros, pero, comercialmente, nadie ha llegado a tener éxito cantando en catalán fuera de Cataluña. Si Serrat hubiera cantado siempre en catalán hoy no sería la figura internacional que es. Se le habría conocido como a Lluís Llach o como a Raimon, como a un cantautor raro, una cosa para las élites. En cambio, los artistas españoles que cantan en inglés han llegado desde siempre al gran público sin dificultad. No sé. No creo que los cantantes catalanes seamos tan malos, digo yo que habrá alguno bueno.

-¿Es una cuestión de prejuicio?

-Debe haber algo de eso, un prejuicio cultural que todavía no se ha superado y que ni la historia reciente, ni la política ni el mundo cultural han logrado normalizar. No debería resultar raro que alguien con suficientes méritos artísticos pudiera llegar al público que no habla catalán. Lo cierto es que no se ha conseguido nunca, hubo muchas esperanzas en los 70 pero tampoco se consiguió gran cosa. Y eso ha creado un precedente que hoy es especialmente determinante.

-¿Cuáles han sido los músicos más galácticos?

-Uno de ellos podría ser Franco Battiato. Frank Zappa también. Pero no hay tantos. Está Van Dyke Parks. Y la Incredible String Band, un grupo galés de los 60 que hacía folk psicodélico.

-¿Qué ha sido de Ricardo Solfa?

-Le va bien. Trabaja con un acordeonista en la Manga del Mar Menor. Pero ya no nos vemos.

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