La resistencia del Chinitas

  • El Ayuntamiento ha intentado en varios ocasiones adquirir el local del pasaje, hoy convertido en una tienda y almacén de telas · Ahora un proyecto de un máster empresarial intenta recuperar su uso original

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En el siglo XIX un pequeño local en el corazón de Málaga hizo leyenda. El Café de Chinitas se convertiría en punto de encuentro de la bohemia y plataforma de artistas flamencos. Clausurado por la iglesia en 1937, ha sobrevivido hasta hoy en el recuerdo de muchos como aquel café-cantante, reclamo de turistas y aficionados. Hoy, de su éxito tan sólo queda una pequeña placa que preside la entrada a la segunda planta del establecimiento, desde hace unos 50 años convertido en almacén y tienda de telas. El Ayuntamiento, desde los tiempos de Celia Villalobos ha intentado en varias ocasiones –sin éxito– llegar a un acuerdo con la familia propietaria para adquirir el local y recuperar su uso original. Ahora, el proyecto de un grupo de alumnos de un máster empresarial propone un nuevo intento bajo la marca Antiguo Café de Chinitas.

“Recuperar la marca Café de Chinitas y darle renombre internacional como tuvo en su época sería una apuesta muy interesante desde el punto de vista turístico”, comenta Elías Bendodo, miembro del equipo de trabajo de este proyecto, y concejal de Turismo en el consistorio. La iniciativa pasa por ubicar en la planta baja un restaurante y bar de tapas, y en la primera recrear su funcionamiento original con actuaciones musicales y teatrales. En la segunda planta habría un pequeño hotel ó viviendas para vender o alquilar y financiar así parte del proyecto. “Con este negocio dotaremos a la ciudad de Málaga de un establecimiento de primer nivel que compagine el arte flamenco con la exquisita oferta gastronómica típica andaluza”, según se describe en el proyecto.

Como recuerda el actual propietario del establecimiento, desde que se clausurara como café cantante –por funcionar como burdel y protagonizar escándalos de distinto tipo– ha pasado por llamarse Café Royal para lavar su imagen sin mucho éxito, y ser una de las sedes, posteriormente, de la fábrica de refrescos Niágara. Tanto el pasaje donde se sitúa como el legendario café fueron obra del empresario Antonio María Álvarez.

Pero, sin duda, por lo que ha pasado a la historia es por haber servido de parada estratégica a amantes del flamenco, toreros y poetas. Sus espectáculos despertaron el interés de los intelectuales del 27, como Federico García Lorca que inmortalizó el Café de Chinitas en uno de sus poemas:En el Café de Chinitas dijo Paquiro a su hermano, soy más valiente que tú, más torero y más gitano.

Entre los numerosos artistas del flamenco que pasaron por su reducido espacio figuran Pastora y Tomás Pavón, Manolo Caracol, Cojo de Málaga, Juanito Valderrama y Antonio Chacón, que debutó en 1887, cobrando 40 pesetas, el máximo caché de entonces. Lo hicieron también Diego el Perote, El Cojo de Málaga, y la Niña de los Peines.

La popularidad del Café de Chinitas tuvo su reflejo en el cine con una película homónima protagonizada en los años 60 por Antonio Molina, Rafael Farina, Niño Ricardo y Eulalia del Pino. En este escenario se desarrolla una historia de amores, celos y rivalidades

La investigación de mercado realizada por el grupo de alumnos del mencionado máster en Dirección y Administración de Empresas incluye una serie de encuestas realizadas a un total de 361 ciudadanos, 24 agencias de viajes y hoteles y cinco touroperadores. Entre las conclusiones destaca cómo “el flamenco es demandado por hombres y mujeres, principalmente a partir de los 25 años, pudiendo ser compaginado por otras vertientes musicales”. Asimismo, concluyen que el cien por cien de los turistas demandan como la primera de sus opciones “un espectáculo flamenco de calidad en la ciudad de Málaga”.

Mientras el centro de Madrid luce desde los años 70 un local de espectáculos y restaurante bajo el nombre Café de Chinitas, puesto en pie con la colaboración de la La Chunga, Málaga ha perdido su santo y seña. Tan sólo conserva un rescoldo de su memoria, fuera del pasaje, en una de las calles adyacentes, con el restaurante El Chinitas.

La familia que hoy regenta el establecimiento de telas vigente aún no se decide a venderlo ni a formar parte de los proyectos futuros como socios. Les han ofrecido diferentes propuestas pero se resisten a abandonar, a cualquier precio, un suelo por el que desfiló el flamenco más genuino de otra época.

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