La resistencia latió en la Axarquía

  • El periodista y escritor británico David Baird, afincado en Frigiliana, narra en su libro 'Historia de los maquis' la suerte de los guerrilleros que decidieron hostigar a la dictadura tras la Guerra Civil en el mismo enclave

Según quién se dirija a él, su nombre suena con pronunciación británica o castellana. David Baird llegó a Frigiliana para quedarse desde Inglaterra cuando todavía el franquismo ordenaba y mandaba. Es corresponsal de prensa y colaborador en diversas cabeceras, como The Economist y Daily Telegraph, y ha sido redactor en The Times, Daily Express, Otawwa Citizen y South China Morning Post. Desde que acampó en la provincia de Málaga, las historias y leyendas de los maquis le conquistaron y a ellas ha dedicado, con el ánimo de esclarecer la verdad, una buena cantidad de lustros. El resultado es el libro Historia de los maquis. Entre dos fuegos, que acaba de publicar Almuzara. Para hablar sobre esta obra, alabada por hispanistas como Ian Gibson y Paul Preston, recibió a este periódico en Frigiliana, entre sorbos de café y cerveza.

Para rematar las 368 páginas del volumen, Baird ha tenido que afrontar todo tipo de dificultades. Desde el principio, contar la suerte de los maquis en el marco concreto de Frigiliana, "a la manera de un microcosmos, cuyo caso podría compararse con otros muchos pueblos de España". Pero el silencio ha gobernado casi siempre. "Al comienzo, claro, cuando vivía Franco, nadie quería hablar del tema. Pero después de la Transición no fue mucho más fácil. En este municipio ocurrieron muchas tragedias personales relacionadas con aquello y mucho rencor tapado, no olvidado. Además, la población se vio sometida aquí a una tensión muy violenta en la posguerra entre los maquis y la Guardia Civil: si alguno encontraba en la sierra a algún guerrillero y éste le pedía lo que fuera, comida, información, lo que fuera, podían ocurrir dos cosas: que accediera, con lo que se convertía en cómplice para la Guardia Civil, o que se negara, con lo que el maqui podía vengarse".

A ello se unen otras dificultades metodológicas en la investigación. "Durante la dictadura, las pocas referencias escritas a los maquis se referían a ellos como bandoleros, o directamente negaban su existencia. Ya en democracia, efectuar una sola búsqueda en un registro civil, que teóricamente es de dominio público, requiere la orden de un juez, que puede tardar en llegar años. Además, mucha información se ha perdido: indagué en el Archivo Histórico de la Guerra Civil y sólo conservaban una página sobre Roberto, que fue encarcelado e interrogado durante años después de su detención". Roberto fue el líder de la primera guerrilla que se echó al monte en Frigiliana tras el final de la Guerra Civil. Sus acciones estratégicas lograron poner en jaque la seguridad del Estado franquista, pero su final es, todavía, una incógnita. Baird intuye que su cuerpo yace en la fosa común excavada bajo el actual cementerio de Nerja, junto a los restos de otros compañeros de lucha.

Tradicionalmente se habla de los maquis de la Axarquía, entre el mito y el romanticismo. Pero la realidad es que los hubo, y no fueron pocos. La primera avanzadilla que salió de Frigiliana contó con 21 hombres, pero "durante los ocho años siguientes la guerrilla movilizó a unos 450 insurgentes; el grupo más grande que se constituyó en esos años llegó a tener 150, lo que convirtió a esta reacción armada contra Franco en la segunda más importante de España. Sólo la superó la que se organizó entre Valencia, Castellón y Teruel". Entre ellos hubo maquis especialmente notables, cuya fama trascendió con creces los límites de Andalucía: "Vicente era un maqui singularmente sanguinario y hábil a la hora de extorsionar a la población civil. Nunca se le ocurrió regresar al pueblo, porque sabía que, de hacerlo, alguien le mataría sin remedio". Tomás, que aparece en la foto que ilustra la portada del libro aquí reproducida (de pie, en el centro), "era a la vez el caballo y el consejero de Roberto; era su caballo porque éste sufría una cojera y era él quien lo tomaba en peso para moverlo por el monte, y su consejero porque conocía todos sus planes".

El destino de estos revolucionarios es bien conocido, pero pudo ser otro. Baird revela en su libro los planes de los agentes estadounidenses de la OSS (predecesora de la CIA) que vencieron a Rommel en El Alamein, invadieron el Marruecos francés y Argelia y llevaron allí a exiliados presos españoles liberados de los campos de concentración de Vichy con el fin de entrenarlos, trasladarlos a España y mantener la resistencia hasta una intervención aliada. Esta posibilidad duró poco: ya a comienzos de los años 40 "el embajador de Estados Unidos en España promovió una vía diplomática entre Washington y Argel que tuvo éxito y frenó la iniciativa; además, ya en el 44, Santiago Carrillo viajó al norte de África y se encargó personalmente de que aquello no prosperara, para que sólo el Partido Comunista organizara la guerrilla". Los maquis permanecieron ajenos a todos estos movimientos: su único objetivo era resistir. "Stalin convenció en el 48 a Carrillo de que la guerrilla no tenía sentido y que lo mejor era reunir la clandestinidad en París. Y Carrillo, en el mismo año, aseguró que ya no quedaban maquis en el sur de España. Pero en enero del 52, cuando Frigiliana celebraba sus fiestas, un mulo bajó del monte con el cuerpo de El Lomas, un maqui del que nada se sabía". El olvido hizo el resto. Ahora la Historia les da otra oportunidad.

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