Que el ritmo no pare

Existe un mundo más allá de lo cotidiano percibido a simple vista, en el que se congregan la realidad, la intuición y la lógica para dar lugar a un fenómeno tan extraordinariamente entreverado como el propio tejido de lo real. Es el mundo el ritmo: la esencia de la música, pero también de la vida, en su carácter de materialización de un hecho preciso y complejo desde los lodos del caos, y la forma primordial en que, civilización tras civilización, el ser humano ha intentado comunicarse consigo mismo y con su entorno.

Nintendo, esa incansable fábrica del milagro minimalista, nos brinda en esta ocasión la oportunidad de conectar con nuestro ritmo interno, concibiendo pequeñas obras maestras del ingenio y la instrucción psicográfica: desde pruebas que ya son clásicos modernos, como El Coro, en la que deberemos continuar la sintonía generada por nuestros compañeros de reparto, hasta matamarcianos al ritmo de melodías electrónicas de aroma eighties, pasando por las espartanas condiciones de entrenamiento (flashbacks dramáticos incluidos) de la prueba titulada Aves Marciales, o las cadencias deportivas del tenis de mesa (un clásico de este género tan específico que arranca del pretérito Pong, si nos ponemos a rizar el rizo). Todo ello, cohesionado con matices de un humor elevado (o reducido, como gusten) a la quintaesencia de la sencillez, y que encuentra una legendaria epifanía en el remix final de cada grupo de pruebas, generador de infalibles mecanismos de risa ofrecidos por el propio montaje en cadena de situaciones hilarantes, cortas, y desde luego, endiabladamente rítmicas.

Rhythm Paradise supone una de esas raras ocasiones en las que un videojuego, a fuerza de buscar con honestidad la esencia exacta, sin adminículos vacíos, de lo que pretende, conecta hasta tal punto con el jugador, sea cual sea su contexto, que se hace imposible desasistir la consola que le sirve de plataforma. Tan adictivo como beneficioso de cara a disfrutar de los ritmos creados por nuestra propia inteligencia, nos llega este juego, o juguete sublime, o mecanismo de relojería, o metrónomo de los tiempos míticos compendiados en el hecho jugable. En definitiva uno de los títulos del año, y sin duda un acontecimiento que hará historia.

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