Arte

Los rostros de la fotografía

  • No es una revisión histórica lo que plantea el Museo Picasso Málaga con esta exposición de la visión del ser humano de los grandes maestros del siglo XX

No cabe duda que formular una revisión, resumen o suerte de historia de la fotografía de la primera mitad del siglo XX es una cuestión sumamente compleja y complicada, incluso para grandes instituciones internacionales.

En ningún caso se ha pretendido que De lo humano. Fotografía internacional 1900-1950 suponga ese ejercicio exhaustivo de revisión historiográfica, sin embargo, de entre las muchas virtudes de esta exposición, el haber tomado como concepto transversal el interés por la representación del ser humano depara que nos enfrentemos a un conjunto de imágenes que bien pudiera funcionar como relato histórico de la fotografía y lo fotográfico (de sus recursos, técnicas, estilos, escuelas y grandes fotógrafos), así como ofrecernos, además, distintos registros de información sobre los parámetros de la representación humana y el servicio que ha prestado la fotografía a este menester (ésta es la principal línea de la muestra). A saber: el mero testimonio como reproducción de la realidad -como doble-; aliada para la clasificación social, la investigación antropológica y la etnografía especialmente; como pieza indispensable del star system a través de las celebridades; como documento de crítica y compromiso social con las clases más desfavorecidas tanto como el de crónica de la alta sociedad; soporte para el documento histórico; o valedor de los discursos encaminados a romper con esa, consustancial a la fotografía, cualidad de objetivación y veracidad en pos de la metaforización, de la alteridad, la búsqueda de lo otro o las facetas más oscuras y menos exploradas de la condición humana, desembocando en el cuestionamiento de la identidad y la apariencia, mostrándolas como fugaces y contingentes. Para esto último, los artistas se sirvieron de diferentes valores expresivos y recursos fotográficos como la desvirtuación del rostro, la cosificación y disección del cuerpo, el uso de sombras, quemados, grano, falta de nitidez o fotomontajes, de modo que enigmatizaban y convertían en ambigua la imagen de lo humano, complejizando las lecturas y forzando las coordenadas semánticas.

No obstante, el registro que considero más significativo se halla suspendido, o latente, en todo el conjunto y supera con creces los relatos que antes hemos señalado. Me refiero a que estas imágenes suponen un viaje al desarrollo y consideración -o reconsideración- de la fotografía desde una inicial circunscripción a lo documental y la aspiración por emparentarse con la pintura mediante analogías formales (pictorialismo) hasta desembocar en un status o régimen propio que podríamos llamar lo fotográfico y en el que esta disciplina suma ya una serie de rasgos inequívocamente específicos, y, lo que es quizás más importante, que en un corto periodo de tiempo se situó como un medio capacitado para poner en jaque y quiebra la propia representación y sus códigos, algo proporcionalmente inverso al origen de este medio (fiel documento de la realidad). La fotografía pasó de documento, de un registrar mecánicamente, a un medio tendente al cuestionamiento (incluso de la propia imagen fotográfica) y al surgimiento de preguntas desubicadoras en torno a nosotros: la subversión de un instrumento creado para reproducir objetivamente la realidad convirtiéndolo en un medio capaz de poner en crisis las ideas de representación y de verdad, de ofrecer lo real tanto como lo ficticio, lo objetivo como lo subjetivo.

El montaje, eminentemente cronológico aunque no lineal, repasa casi todas las grandes escuelas, lenguajes y maestros, aunque echamos en falta una mayor atención a la fotografía surrealista, ya que, en buena medida, experimentó una gran explosión y valoración en aquel momento, y de ese periodo emanan muchos de los comportamientos artísticos que, desde la segunda mitad del XX y hasta la actualidad, dominan el panorama fotográfico.

En esta indispensable exposición no sólo nos enfrentamos a los rostros de las personas que vivieron la primera mitad del XX, sino que me atrevería a decir que sobre todo miramos al rostro de la fotografía.

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